lunes, agosto 10, 2009

Diez preguntas para cubrir al narco

(Artículo publicado en la Revista Etcétera de Agosto)

La paradoja de los periodistas mexicanos es que si bien todos los días dedicamos amplios espacios a informar sobre el fenómeno del narcotráfico, no hemos sido capaces de definir como gremio qué manejo haremos de este tema. Propongo diez preguntas que habría que contestar.

1. ¿Qué estamos haciendo para evitar la censura o la autocensura en la información? Se trata del tema del que más se ha hablado (el temor a las represalias del narco), sin que hasta el momento se cuente con medidas efectivas. Medios y periodistas han dejado el tema a un lado sin que exista una respuesta gremial a ésta que es hoy por hoy la principal amenaza a la libertad de expresión.

2. ¿Se deben abrir los medios al narcotráfico y sus mensajes? El dilema se repite periódicamente: letreros sobre víctimas, narcomantas y entrevistas en los medios. ¿Se les debe tratar como si fueran cualquier fuente?, ¿como si fueran igual que autoridades? ¿es posible separar sus mensajes del perfil criminal de los emisores?

3. ¿Es útil para el público el encuadre de la “guerra contra el narco”? Basta con abrir un diario para ver cómo se habla de Ejército, enfrentamiento, retenes, etcétera. videntemente hay una lucha desde el Estado y entre los propios cárteles pero el marco de “guerra” es muy poderoso en términos ideológicos, remite a héroes y enemigos y en su reduccionismo deja fuera otras explicaciones del fenómeno.

4. ¿Debemos reproducir el discurso del narcotráfico? Cada vez es más frecuente hablar de levantones, los alias, las tienditas, etcétera. ¿Reproducir su lenguaje es entender mejor o es darle un baño de normalidad?

5. ¿Estamos cubriendo el problema de las adicciones? Hemos dejado de lado el tema de las causas y de los efectos que tiene el consumo de drogas. La cobertura del narcotráfico es un monopolio de las áreas de justicia en las redacciones y no un tema de la fuente social.

6. ¿Se está abordando su dimensión social? Comunidades enteras que viven del narco, al mismo tiempo que en espacios públicos –físicos y virtuales– se manifiestan grupos que ven en estas organizaciones sentido de pertenencia y su única posibilidad de movilidad social. Se trata de un fenómeno que bien explicado permitiría entender las redes de protección y los semilleros para la renovación de sus cuadros.

7. ¿Cómo contar los efectos de la participación del Ejército? En la cobertura sólo existen dos opciones: condenar la militarización o plantear la intervención militar como la última opción. La realidad es más compleja. ¿Así lo estamos reflejando?

8. ¿Tenemos como marco de referencia los derechos humanos? Tristemente se les ve como temas opuestos: o combatimos eficazmente a los cárteles o nos apegamos a los derechos humanos. Y en ese dilema se presenta a detenidos como culpables sin que exista un juicio o se acepta la presentación a medios de personas con golpes, sin que se hagan preguntas al respecto.

9. ¿Qué estamos aprendiendo de experiencias internacionales? ¿Qué se hacía en Colombia cuando los narcos salían a los medios?, ¿qué mecanismos de protección para periodistas se crearon? Aunque se han presentado esfuerzos valiosos no dejan de ser aislados. Las herramientas existen, hay que aprovecharlas.

10. ¿Qué espacios se están abriendo para escuchar a la sociedad? En esta historia participan gobernantes, narcos y medios, y los ciudadanos suelen ser objetos pasivos. La sociedad tiene mucho que decir sobre estos temas, hay que buscar las formas para que se pueda expresar. La lista podría ser más larga y muchos de estos temas ya han sido abordados de manera aislada. No obstante, la realidad nos muestra que el debate ha sido insuficiente y que los desafíos estarán presentes entre nosotros durante mucho tiempo, más vale que les pongamos atención.

3 comentarios:

Aleks dijo...

Son preguntas cruciales y es un debate indispensable al que hay que entrarle.

No podemos ignorar estas preguntas, si queremos ejercer el periodismo en estos días, en este país, bajo el contexto actual.

No podemos ignorar mucho menos la realidad que vivimos, que implica muchas cosas, tales como ser ya la nación más riesgosa del mundo para ejercer el periodismo, la fuerza del narcotráfico infectando cada parte de nuestra vida social (incluyendo la empresarial y política), el fenómeno de las diversas variantes de la narcocultura en varias zonas y sectores del país, etc.

Yo usualmente, desconfío de un periodista que tenga más RESPUESTAS que PREGUNTAS o que al menos intente RESPONDER algo antes de PREGUNTAR las preguntas adecuadas.

Me parece que hay que comenzar, efectivamente, por preguntarnos, por cuestionar, por analizar, de ahí que tu cuestionario y otros sean valiosos en estos momentos.

Al final, se trata del derecho a la información, del papel social del periodismo y también, al final, de la sobrevivencia de éste ante un entorno cada vez más complejo y riesgoso.

Por eso, en medio del fango, se vuelve inevitable volver a los principios, al origen, para así tomar decisiones de una manera más clara y adecuada.

Por eso, debatir y preguntarnos es un buen principio ante esta vorágine de violencia física, social y verbal.

Oscar Miyamoto dijo...

Me parece fundamental la cobertura mediática de acontecimientos relativos al narcotráfico hoy y siempre, sin embargo los periodistas, como ya lo manifestaste, se han encasillado. Por otro lado el tema se ha tornado cotidiano, monótono y poco novedoso.

No es la guerra del Estado contra el Narco sino lo opuesto, la delincuencia organizada tiene raíces profundísimas en México, la narcocultura no es en vano.

Pretender exterminar el vicio mejor consolidado de la humanidad (las drogas)por la vía militar y/o judicial es como tratar de arrancarse un tumor con un machete.
Lo cual es sangrientamente suicida, y más tarde el tegido indeseable volverá a crecer.

Concuerdo totalmente, es necesaria una visión social y periodística a la vez, de esa forma se puede re-comprender el fenómeno desde sus causas.

Saludos

Edgar D. Heredia Sánchez dijo...

La lucha mediática en el narco

Interesantes y muy variadas las preguntas, tema de tesis de cualquier grado el contestarlas con seriedad.

1. Es necesario definir que es más la autocensura la que se vive entre los comunicadores y personas que cubren estas fuentes de información, el Estado ya no reprime, no al menos en grados y escalas que se vivían durante la última década, el reto que se vive hoy no es evitar que el Estado conculque los derechos, sino que este asegure su pleno disfrute.

2. La apertura del narcotráfico hacia los medios debe sopesarse desde la propaganda que busca debilitar la lucha y estrategia contra el narco de aquella que permite mantener informados a los ciudadanos.

3. El uso del término guerra creo va evolucionando, es cierto que faltan explicaciones para ajustar en sus dimensiones la lucha que se ha emprendido, pero tampoco es falso que había y hay sectores territoriales donde el estado había y está rebasado o permite estructuras paralelas extorisionen a los pobladores.

4. El manejo del lenguaje del narco, es una batalla pérdida por los medios quienes guardan quizá la mayor responsabilidad en transmitir y normalizar ese lenguaje, cuando hablamos de una tolerancia y permisibilidad para ciertos valores, conductas y comportamientos se debe en gran parte a la permisibilidad y normalidad con la que se refieren a ello los medios de comunicación o aducen que como es de habla y suceso común, por lo tanto es menester reproducirlo, lo cual roza en la falsa moralidad pública y la erosión de los valores éticos colectivos.

5. El "vive sin drogas" es lo más que ocupa la agenda comunicacional en el tratamiento de los efectos del aumento del narcotráfico, es un tema vergonzante, como el de comprar condones da verguenza hablar de ello.

6. De nueva cuenta caer en el garlito de que la pobreza y la falta de oportunidades es la llave de la comodidad intelectual que explica la penetración del narcotráfico y su crecimiento, falso si ser pobre da derecho a todo entonces tendremos que tolerar absolutamente lo indecible, lo que hay por un lado es la impunidad la ineficiencia para disminuir los incentivos de incurrir en esa actividad, y por el otro una posición culpígena del Estado que ante el embate intelectual de su ineficiencia para brindar oportunidades, distribuir equitativamente la riqueza e impartir justicia disculpa y tolera acciones que van minando los vínculos sociales.

7. El ejército aún con sus yerros y violaciones a derechos humanos, pocas pero reales, era la última institución sin grandes niveles de corrupción y penetración por el narco, su exposición mediática y confrontación directa era necesaria, pero con ello también se abrieron las puertas ha que se corrompa esa institución.

8. El discurso maniqueo daña la lucha contra el narco, por lo general se utiliza por gran parte de los medios de comunicación para criticar este gobierno espurio y pelele, si bien es cierto que hay voces sensatas que alertan sobre la necesidad de complementar, que no cambiar, la estrategia de lucha, el mensaje de que no habrá pactos con los cárteles creo ya fue acusado de recibo, falta difundir y emprender con decisión las estrategias educativas y de información.

9. De nueva cuenta la falta de autocrítica del gobierno, ha hecho que se obvien gran parte de los esfuerzos que se han emprendido en otras naciones culturalmente cercanas como en Colombia.

10. La sociedad manifestándose y opinando sobre el tema, creo lo ha hecho y lo ha expresado pero entre el protagonismo de los dirigentes de México unido contra la violencia y el encapsulamiento de estas manifestaciones exclusivamente contra el secuestro, han hecho que aparentemente la sociedad sea testigo-espectador-víctima de la lucha que se está desarrollando.


Opiniones, argumentos y pereceres habrá muchos y todos válidos, aquí apretadamente y en un efímero esfuerzo sólo se concentran algunos