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miércoles, noviembre 26, 2008

Llega Luis Felipe Bravo Mena al gobierno de Calderón (o de cómo se sigue empanizando el Presidente)

"Los amigos - dice Roberto Trad - no siempre son los más aptos para desempeñar cargos de confianza" y por eso señala que el Presidente debería profesionalizar su equipo pues así tal vez le iría mejor. El comentario viene a cuento por la versión que señala que Luis Felipe Bravo Mena dejó la embajada en el Vaticano para ser nombrado en las próximas horas como Secretario Particular del Presidente.

Si bien coincido en lo general con lo de no mezclar amistad y trabajo (aunque habría que ver qué amigos y qué trabajo), no estoy seguro que sea el caso de Bravo Mena. Hasta donde alcanzan mis conocimientos de las corrientes panistas, Bravo forma parte de los grupos más conservadores y no pertenece al grupo cercano al Presidente.

Incluso, aunque fue su sucesor en la dirigencia del PAN en 1999, su perfil marca otra ruta. Guanajuatense, con posgrado en la Universidad Panamericana, se inscribe más en en el perfil de aquellos que se incorporaron a los primeros planos de la política de la mano de Clouthier. (Del que formó parte de su "gabinete")

Tengo la impresión de que este nombramiento (si se confirma) está en la misma lógica que el de Fernando Gómez Mont. El Presidente se sigue "empanizando", abriendo espacios a diversas corrientes de cara al proceso electoral del próximo año.

Por otro lado, se ha hablado de que el equipo compacto del Presidente se ha desdibujado. Cierto... a medias, porque Cordero es Secretario de Desarrollo Social, Gerardo Ruiz de Economía y Germán Martínez, Presidente del CEN del PAN. Así que no es que estén fuera de la jugada. En todo caso, si no son figuras destacadas en la agenda nacional es por su desempeño y no porque el Presidente no les esté dando juego. Veremos ahora si tiene mejor suerte Cesar Nava. Seguiremos comentando.

miércoles, noviembre 12, 2008

Quinielas fallidas (sobre la prensa y Fernando Gómez Mont)

Diego Fernández de Cevallos, Diódoro Carrasco Altamirano y Josefina Vázquez Mota, son sólo tres de las decenas de nombres que se publicaron en los últimos días como parte de las fallidas quinielas sobre la persona que ocuparía el lugar de Juan Camilo Mouriño en la Secretaría de Gobernación. El fracaso de todas las listas, así como la abundancia de candidatos imaginarios, resultan reveladores de la manera en que se entiende y realiza una parte del periodismo en el país.

Ejercicio que pasa, por un lado, por el campo de las especulaciones. Formados en la escuela de la política priísta, una parte de los opinadores profesionales se dedican a buscar pistas para anticipar los movimientos de los gobernantes. Con esa consigna, miran guiños y símbolos para tratar de adivinar. Por el otro, en aras de adelantarse a los anuncios oficiales se recurre a las filtraciones y versiones difundidas de la propia clase política que en sus juegos de poder se convierte en la principal fuente de alimentación para las columnas que sirven como correo político.

Lo cierto es que con la designación de Fernando Gómez Mont como Secretario de Gobernación quedó en claro que esas apuestas y sus métodos,fracasaron. La historia podría quedar como una anécdota, como una lección de humildad para los especuladores o de escepticismo para los lectores que han visto que no pueden creer todo lo que se publica. Pero también puede y debe servir para mostrar cómo ese esquema en realidad poco aporta a la comprensión de los fenómenos políticos.

Y para entender mejor estos procesos vale la pena destacar que el caso mexicano no es el único en el que se ven estos aceleres de la prensa. Apenas esta misma semana, los lectores del diario estadounidense The Washington Post leían algo al respecto al conocer las declaraciones de una integrante del equipo de transición del presidente electo Barack Obama, quien se preguntaba de dónde sacaban los medios tantos nombre sobre el futuro gabinete. Ninguna de las listas publicadas - decía esta asesora - proviene del equipo que acompaña a Obama. Eran todos, inventos de la prensa política.

La pregunta entonces es de dónde y porqué surge esta conducta. Sin duda, de los actores políticos que aprovechan estas coyunturas para promover a otros o a sí mismos, incluso para eliminar las posibilidades de sus adversarios al hacerlos demasiado visibles. También, en ocasiones provienen de los propios encargados de la toma de decisiones que emplean a los medios como pasarela para poner a prueba a periodistas y opinión pública ante posibles designaciones.

Pero ésto no se podría entender sin la participación voluntaria y entusiasta de los medios de comunicación. Enganchados en la dinámica de ganar la noticia antes que nadie, abren sus páginas a las versiones no confirmadas en un juego que si bien podría pagarles cierta rentabilidad al poder decir, “nosotros lo anunciamos antes que nadie”, en los hechos los lleva a debilitar su credibilidad ante los lectores que bien pueden confirmar, visto el resultado, que sus periodistas no tenían la menor idea de lo que iba a pasar. La realidad, como confirmamos con el caso Gómez Mont, es que la toma decisiones en casos así pasa por un puñado de personas, cuando no por una sola voluntad, que en realidad es la única que sabe con claridad qué persona y perfil requiere para esa posición.

Si en los medios, al menos en los mexicanos, hubiera más autocrítica tendríamos que haber visto ejercicios de reflexión que les levaran – a más de un columnista o editorialista - a ofrecer disculpas a sus lectores. No lo hemos visto. Ninguno de los periodistas acertó con el nombre, lo cual no es reprochable bajo la premisa de que son profesionales de la información, no psíquicos. El problema, por tanto, está en prestarse a esta dinámica que no aporta nada.

A reserva de que alguno nos sorprenda, todo indica que ningún medio dará acuse de haber aprendido una lección; al menos nosotros como consumidores de medios, no desperdiciemos la oportunidad.

domingo, marzo 16, 2008

El valor de Juan Camilo Mouriño

Andrés Manuel López Obrador puede tener muchos defectos pero la falta de astucia no es uno de ellos. Conocedor como pocos de la cultura política nacional, el ex candidato presidencial ha vuelto a escena con dos grandes aciertos fruto de su atinada selección de problemas y adversarios. En el primer caso, por convertir a la llamada de defensa de PEMEX en la bandera que le acompaña en su regreso triunfal. Educados así desde la escuela primaria, los mexicanos siempre hemos visto a la empresa paraestatal como un activo que va más allá de su papel económico para convertirse en una extensión de la soberanía nacional.

Bajo esta premisa es que AMLO adoptó este punto como el nuevo corazón de su discurso, como antes hiciera con otros temas de la agenda como el Fobaproa, su llamado Proyecto Alternativo de Nación o su versión del supuesto fraude electoral.

El tema también fue un acierto porque al apropiarse de este eje se convirtió en el antagonista más claro, de tal forma que aprovecha toda la campaña impulsada por el gobierno federal a favor de la reforma energética. En otras palabras, cada vez que el gobierno habla del tema, en términos de percepción se piensa en dos opciones: la de la administración de Felipe Calderón, y la otra, la que representa López Obrador.

Si ya de por sí esta estrategia había resultado exitosa, López Obrador obtuvo un nuevo éxito cuando eligió como blanco al Secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño. Objetivo que resulta estratégico por varias razones: es el operador más cercano del Presidente, y en ese sentido el hombre encargado de negociar con las fuerzas políticas la aprobación de las llamadas reformas estructurales, entre ellas, la energética; por si fuera poco, desde su nombramiento fue señalado por la clase política y periodística como uno de los precandidatos del PAN para la Presidencia de la República en el 2012.

Con esos elementos resultaba el objetivo ideal para golpear al Presidente y su gobierno. Y lo peor para la actual administración es que encontró con qué. No es el propósito de este post reflexionar sobre el fundamento de las acusaciones en contra de Mouriño, sino advertir sobre lo bien que van las críticas con la cultura política nacional, aquella que sostiene que toda sospecha en contra de un funcionario pública debe ser cierta. Contra ese prejuicio - fundado en parte por la historia nacional - es que debe lidiar Mouriño en su intento de defensa.

Y hasta ahora, hay que decirlo, no lo ha hecho bien. Quizá sea cierto que no aprovechó su papel como diputado o asesor de la Secretaría de Economía para beneficiar a las empresas de su familia. Tal vez sea verdad que al firmar siete contratos con Pemex como apoderado de Ivancar no violó ninguna ley. El problema es que aunque sea legal, la impresión que deja no es la mejor. En México, la sospecha de corrupción puede ser mucho más importante en términos de opinión pública que el estricto cumplimiento de la ley.

El Secretario lo ha ido aprendiendo por el camino más difícil. Pensó que bastaría con insistir en la legalidad en el noticiario estelar de Televisa; después se dio cuenta que tendría que dar más explicaciones, y ahora ha optado por una especie de entrega a la autoridad para que sea ésta la que se encargue de limpiar su nombre. Apuesta que difícilmente funcionará cuando es evidente que desde el gobierno y su partido se ha le ha dado todo el respaldo incluso antes de investigar. Aval que no sólo incluye a diputados, senadores y gobernadores del PAN, sino que alcanza al propio Presidente de la República.

Todo indica que para Felipe Calderón esta batalla se ha convertido en algo personal. Malas noticias para su gobierno, buenas para López Obrador quien ha descubierto que en su búsqueda de un adversario se ha encontrado con un valiosísimo rehén.

martes, enero 22, 2008

Cambios en el gabinete de Calderón: la opinión de Jorge Fernández

Si hay un periodista que conoce al Presidente Felipe Calderón es Jorge Fernández. En su libro, Calderón Presidente, Jorge presenta diversas entrevistas con el Mandatario con el cual conversó desde que expresó su interés por la candidatura, durante la campaña y ya como Presidente electo.

En esta entrevista con Antena Radio, Jorge Fernández cuenta su lectura de los cambios en el equipo presidencial. La conversación fue transmitida el pasado 16 de enero por las estaciones del IMER.

Aquí la liga al audio. Ojalá les guste.

miércoles, enero 16, 2008

Más de los cambios en el gabinete de Felipe Calderón

Finalmente llegaron los cambios. Era septiembre del año pasado y el Presidente Felipe Calderón daba la nota al improvisar un discurso ante lo que pretendía ser una audiencia formada por 300 de los principales líderes del país. En su intervención el Mandatario habló de la responsabilidad de los sectores privilegiados, de un país "quebrado por el dolor de la injusticia y la desigualdad"y presentó una mirada crítica al recordar “cuántas batallas hemos perdido, cuánto territorio, cuánta mediocridad hemos aportado entre todos para hacer de este país enorme, bendito por sus recursos naturales, por su historia, por su identidad, uno más entre el ciento de países que pueden hacerlo, pero que no lo han hecho."

Luego de esta intervención en las columnas políticas se desataron las especulaciones (incluso en este blog) sobre posibles cambios en su equipo de trabajo. Pero estos no llegaron...hasta estos últimos dos meses. Y es que si bien la atención ahora está puesta en los relevos de las secretarías de Desarrollo Social y Gobernación, en realidad debemos ampliar la mirada hasta el mes de diciembre en el que Germán Martínez Cázares asumió la Presidencia del Partido Acción Nacional.

A partir de ese movimiento y hasta los que han sido anunciados al momento de escribir esta columna es posible señalar un hilo conductor: en todos los casos los nuevos responsables pertenecen al equipo cercano a Felipe Calderón; integrantes de lo que se suele llamar el equipo compacto y que hasta ahora había permanecido en posiciones importantes pero alejadas de los reflectores.

El primer movimiento, la salida de Martínez Cázares de la Secretaría de la Función Pública y su llegada al PAN, significó la apropiación del control del partido luego de los desencuentros vividos con el dirigente anterior, Manuel Espino. A esta acción siguió el segundo cambio en el gabinete: el relevo de Beatriz Zavala, una mujer que llegó a esa posición con el impulso que le dio un gabinete con cuota de género y partido, así como su experiencia en el tema luego de su paso por la comisión correspondiente durante su actuación como diputada federal.

Más allá del desempeño de la ahora senadora – pues había pedido licencia para ocupar la Secretaría – lo cierto es que su reemplazo, Ernesto Cordero, cuenta con un perfil interesante que puede y debe darle un nuevo impulso a la dependencia. Actuario por el ITAM y Maestro en Economía por la Universidad de Pensilvania tiene como principal rasgo político su cercanía con el Presidente al que acompañó tanto en Banobras, como en la Secretaría de Energía en donde ocupó el cargo de subsecretario de Planeación Energética y Desarrollo Tecnológico.

Este movimiento adquiere aun más sentido cuando vemos que otro de los entonces subsecretarios, Juan Camilo Mouriño, es ahora el nuevo titular de Gobernación. Hombre que ha sido diputado local en Campeche, Diputado Federal – en los tiempos en que Calderón era el coordinador de la bancada panista - , asesor del ahora Presidente cuando fue secretario y como ya mencionaba líneas arriba, Subsecretario de Electricidad.

Finalmente, debemos apuntar la llegada de Dionisio Pérez Jácome, quien pasó de ser el coordinador de asesores en la Presidencia de la República a la Subsecretaría de Egresos en Hacienda que dejó vacante Ernesto Cordero. Cargo que deberá apuntar a su curricula el también ex colaborador de la Secretaría de Energía.

Todos los mencionados son políticos muy jóvenes que ahora deberán operar para el gobierno de Felipe Calderón en cuatro áreas muy importantes: el manejo del partido, la relación con las fuerzas políticas y los otros poderes, la política social, y la forma en la que se maneja el gasto. Tareas que Martínez Cázares, Mouriño, Cordero y Jácome deberán atender respectivamente.

Saber si estos cambios son los que su gobierno requería es una interrogante que sólo el tiempo nos permitirá responder, por ahora lo que podemos afirmar es que hoy el Presidente Felipe Calderón ha acomodado mejor sus piezas, las de mayor confianza, y cuenta con mejores elementos para el manejo de su administración. Veremos si le funciona.

martes, octubre 16, 2007

Calderón y la bandera de la seguridad

Luego de ver la cobertura del tema me queda claro que para el Presidente Calderón, lo suyo lo suyo lo suyo es el tema de la inseguridad. Con la presentación de su "nuevo modelo institucional de la policía federal" (que me parece bastante flojo, por cierto) el Presidente logró colarse nuevamente a los principales espacios informativos.

El problema - a mi juicio - es que fuera de este eje, no veo otro sello importante en materia de comunicación. Calderón ha sido nota por su apoyo al Ejército Mexicano, los operativos y golpes al narcotráfico, y en menor medida por sus propuesta en materia de combate a la inseguridad.

También, es cierto, ha marcado su estilo en política exterior al reestablecer la comunicación con varios gobiernos latinoamericanos (Venezuela y Cuba entre lo más destacado); y en el área política ha mostrado la sensibilidad y prudencia necesarias para no reventar los intensos trabajos realizados en el Poder Legislativo. Más allá de estos focos de atención (con excepción tal vez del programa de guarderías), no veo una política que distinga a su administración.

En particular preocupa la falta de estrategias en el ámbito económico - que se ve reflejado en el pobre crecimiento y su postura reactiva ante el incremento en los precios - y en la política social, que en opinión de diversos especialistas con los que he tenido oportunidad de conversar, se mantiene sobre los mismos ejes que definió la administración de Vicente Fox, lo cuál no es malo en si, pero sí insuficiente ante el tamaño del problema.

Ya lo había dicho en este espacio, es necesario el relanzamiento de su gobierno: menos control de sus funcionarios para que compitan por brillar, nuevos miembros en el gabinete y un mayor protagonismo de Calderón de la mano de nuevas políticas públicas. Cada día que pasa sin que ocurra nada juega en contra de su credibilidad y su memorable discurso ante los principales líderes del país, en el que dejó ver a un Presidente inconforme con el curso de la nación y de su gobierno.

Citando al buen José Adolfo Ibinarriaga - magnífico consultor político - se gobierna con la palabra. Esperemos que no se le olvide al Presidente Calderón.

viernes, octubre 12, 2007

Calderón 2.0

El Presidente Felipe Calderón debe relanzar su gobierno. Las circunstancias así lo exigen y todo indica que el propio Mandatario mexicano así lo ha entendido. El problema es que hasta ahora no parece tener claro qué hacer con su diagnóstico. El problema empezó desde la elección del 2 de julio de 2006. Un proceso que no sólo dio a luz a un conflicto post electoral, sino que dio vida a un Congreso destinado a ser protagonista, en el que el Presidente no contaría con una mayoría parlamentaria a su favor.

Desde ese momento, Felipe Calderón supo que estaba en manos de la oposición. Para su fortuna, el perfil de los actuales legisladores resultó mucho más conveniente que el que tuvo enfrente Vicente Fox durante sus seis años de gobieno. Frente a la mezquindad de algunos legisladores que apostaron por el fracaso del foxismo como la vía para llegar al poder, los actuales miembros del Congreso parten de una lectura muy distinta, que vista su actuación se traduce en una serie de acciones de gobierno que coloquen al Legislativo como actor central de la vida política nacional.

Así lo ha dicho desde hace tiempo Manlio Fabio Beltrones, líder de los senadores tricolores, y así lo han demostrado Santiago Creel y Carlos Navarrete, sus pares en el PAN y el PRD que han estado a la altura. También los coordinadores parlamentarios, entre ellos Emilio Gamboa, Javier González Garza y Héctor Larios, por mencionar sólo a los líderes de las bancadas más importantes que han logrado notables acuerdos, lo mismo en la aprobación del presupuesto y la ley de ingresos, que en la reforma a la ley del ISSTE, la reforma electoral o el nuevo marco fiscal.

Lo malo para el Presidente es que estos acuerdos han implicado un alto costo para su imagen; Felipe Calderón - quizá por la experiencia de su antecesor - ha debido guardar silencio durante largos periodos de tiempo para no arriesgar las difíciles negociaciones entre los grupos parlamentarios. El resultado, nuevas leyes de la mano de la percepción de un Presidente ausente que si bien está detrás de las posturas de la bancada panista, en términos públicos pinta poco.

Este desplazamiento de la figura del Ejecutivo se ha visto acompañado por el bajísimo perfil de la mayor parte de su gabinete. En este campo también es inevitable el contraste con el modo de operar de su antecesor. Durante el foxismo, no hay duda, presenciamos desempeños muy pobres de muchos de sus colaboradores pero al mismo tiempo fuimos testigos del buen desempeño de algunos secretarios de Estado. Pienso, por ejemplo, en la carismática secretaria de Desarrollo Social, Josefina Vázquez Mota, que colocó al programa Oportunidades como uno de los logros más importantes de la pasada administración; resultado que contrasta con la más que discreta imagen que la misma funcionaria tiene como titular de la Secretaría de Educación Pública.

El esquema también recuerda el papel de otros colaboradores como Julio Frenk o Xochitl Gálvez - ex titulares de Salud y de la Oficina de Atención a los Pueblos Indígenas, respectivamente - que también fueron una fuente importante de historias de éxito en el pasado reciente. La pregunta es dónde están ese tipo de colaboradores en el gobierno de Felipe Calderón. Tengo la seguridad de que ahí están. No sé quiénes, pero seguramente habrá personas muy talentosas dentro del equipo presidencial. El problema, al menos visto desde afuera, es que parecen aterrados. Paralizados ante el miedo de ser llamados a cuentas por brillar de más. Situación que quizá tuvo sentido en los primeros meses de gobierno, en los que debía centrarse la atención en el Mandatario entrante, pero que ahora ya no tiene razón de ser.

Por eso, si el Presidente quiere volver a ser protagonista deberá dar más espacio a sus colaboradores. Sólo así sabrá quién le funciona y quién no; reflexión que nos lleva al segundo punto. Ya es tiempo de hacer cambios en el gabinete. En particular en materia social. ¿Dónde están los programas distintivos de esta administración?. ¿Cúal es la apuesta de Felipe Calderón en materia de combate a la pobreza? El tema, ha dicho el Presidente, es su prioridad. Buena noticia. Lo malo es que no se ve acompañada por una política pública clara.

En estos temas no hay recetas infalibles, sin embargo así como se ha aprendido de los errores del sexenio pasado también es tiempo de que se tome nota de sus aciertos. Ojalá no pase mucho tiempo antes de que veamos el relanzamiento del gobierno de Felipe Calderón.

domingo, septiembre 09, 2007

Avanzan los pirómanos; retoceden los bomberos (Presiones sobre los acuerdos)

Hace apenas unos días afirmaba en este espacio que estábamos viendo una carrera entre bomberos y pirómanos; unos, constructores de acuerdos, otros, reventadores de los mismos.

Al menos hasta antes del Primer Informe de Felipe Calderón todo indicaba una ligera ventaja para los primeros, que luego de meses de reunirse lejos de los reflectores habían construido una agenda de trabajo en la que los consensos estaban más claros que los desacuerdos.


Y en esas estaban, sorteando las minas del 1 y 2 de septiembre - incluidos el inicio de sesiones en el Congreso, el mensaje de Calderón en Palacio Nacional y la elección de Veracruz - cuando de pronto se encontraron con dos obstáculos: la salida de los Consejeros del IFE y el cierre de la llave de los recursos en tiempos electorales a las cadenas de radio y televisión .

Temas que combinados dieron pie a una serie de alianzas extrañas en las que convergieron lo mismo los intereses de la Cámara de la Industria la Radio y la Televisión (CIRT), que la opinión de periodistas y académicos de mucho prestigio que al defender a Luis Carlos Ugalde y sus compañeros, se terminaron sumando - involuntariamente - a la defensa de la CIRT que sabe que sin las cabezas de estos personajes no avanzará la reforma y todo quedará tal y como estás hasta ahora.

En ese escenario, los pirómanos vieron que era su momento. El estancamiento en las negociaciones en materia electoral - que de paso frenó la reforma fiscal - fue la señal. De inmediato, Manuel Espino (pirómano entusiasta) convocó a una reunión con los diputados del PAN para darles línea y decirles que había que deslindarse del impuesto a la gasolina; señal contradictoria pues los panistas ya habían aceptado el costo de presentar la propuesta con tal de ganar el aval del PRI.

Estrategia que encontró eco en otro dirigente partidista, Andrés Manuel López Obrador, que anunció que será el próximo martes cuando haga lo propio al acudir a San Lázaro para presionar a los legisladores del PRD, PT y Convergencia, y lograr que tomen la tribuna e impidan la discusión y aprobación de la reforma fiscal. Acción que, indudablemente, busca acotar a los moderados del PRD que al menos hasta ahora han mantenido abiertas las negociaciones en diversos frentes.

El panorama no es sencillo: viene el 15 de septiembre con su nueva dosis de presión; AMLO ha asumido como cruzada personal el tema de la reforma fiscal, al menos en el impuesto a la gasolina; los integrantes de la CIRT continuarán cabildeando para echar atrás el corazón de la reforma electoral; y en medio de todo ese escenario persisten las críticas al Secretario de Gobernación mientras el Presidente Calderón sigue de gira, ahora por la India, hasta el próximo miércoles.
Días difíciles para los constructores de acuerdos, que incluso ya se imaginaban aprobando una nueva ley de medios y una reforma al sistema de justicia. Vale por el optimismo, aunque la realidad reporta malas noticias. Al menos en la semana que termina, ganaron terreno los pirómanos.

jueves, julio 19, 2007

Zhenli mata su propia historia



Felipe Calderón no pudo conseguir un mejor asesor para salir de la crisis creada por Zhenli Ye Gon... que el propio Ye Gon. Nada más vean algunas de las notas del día:

Pero sin duda, el mejor ejemplo del impacto de la conferencia de ayer es la primera plana de La Jornada, diario que prácticamente entierra la historia del empresario.
Ojalá con esto la historia se enfoque en los negocios de Ye Gon y nos dejemos de cuentos chinos.
Por cierto, a ver si ahora si ahora sí los medios nacionales se preguntan en serio porque los Estados Unidos sigue protegiendo a este hombre buscado (¿?) por la Interpol.

lunes, julio 02, 2007

La otra guerra (de la propaganda entorno al narco)


"Qué triste confiarle mi vida a los militares". La frase, de forma inusual, ocupó las portadas de dos de los semanarios políticos más importantes del país, Proceso y Milenio, en sus ediciones del domingo 10 de junio. La fuente es la misma, un letrero sostenido por dos niños en el estado de Sinaloa, sede de un lamentable episodio en el que un grupo de militares - ya consignados y sujetos a proceso – disparó contra una familia causando la muerte de varias personas.

Dada la trayectoria de ambos medios, me resulta impensable poner en duda la selección de la imagen, más allá de los evidentes méritos periodísticos que tiene el caso; sin embargo, no me atrevo a decir lo mismo sobre el mensaje colocado sobre el cartel, en un momento en el que desde diversos frentes se ha colocado sobre la mesa de debates la pertinencia de la participación del Ejército mexicano en el combate al narcotráfico.

La frase citada contiene a todas luces un altísimo componente emocional. Es clara, breve y está muy bien construida, pues no sólo muestra una precisa selección de palabras sino que se acompaña de la carga simbólica de los dos niños que sostienen la cartulina en la que aparece escrita a mano la citada frase. El hecho, por supuesto, puede ser producto simple y sencillamente de la acción indignada de una comunidad. No obstante, en los tiempos que corren resulta pertinente desarrollar cierta mirada crítica hacia todos los actores que intervienen en el debate público relacionado con el combate al narcotráfico.

La advertencia no esta de más pues no hay que perder de vista que nos encontramos ante un escenario de guerra; así lo ha dicho el gobierno a través de diversas declaraciones, y así lo ha confirmado de manera inequívoca el narco a través de sus ejecuciones. Combate que incluye, por supuesto, un fuerte componente en material de propaganda.

Del lado del Gobierno Federal, se escucha su voz a través de una serie de comerciales, entre ellos uno -también de corte emocional - en el que una niña entrega su muñeco de peluche a un hombre que parece ser un soldado, en agradecimiento a la labor que realiza ("porque nos cuida"). Mensajes que como ya he señalado en otro momento, se enfrentan a la otra campaña, la de la delincuencia organizada que lo mismo recurre a dejar carteles sobre los cuerpos de sus victimas para que sean difundidos por los medios de comunicación, que al empleo de videos o mantas colocadas en lugares públicos, como ocurrió hace poco en la Ciudad de México.

Recursos que, por lo demás, no sólo están dirigidos a los adversarios directos sino que tiene como blanco claro a la opinión publica, ese objeto de disputa que también participa en esta modalidad de guerra que vive nuestro país.

En este recuento, claro, debemos reconocer la abismal diferencia que existe en la legitimidad de ambos actores pues mientras el gobierno tiene todo el derecho a fijar su posición, el crimen organizado carece de esa autoridad al actuar contra la ley y la sociedad en su conjunto. No obstante, esta diferencia no impide que los ciudadanos debamos aprender a lidiar con ambos emisores con todo y sus estrategias de comunicación.

En otro momento, ya he advertido sobre la necesidad de un debate mediático para avanzar en este tema, por ahora, la invitación queda hecha para revisar el papel de la ciudadanía, como consumidores de medios.

sábado, marzo 24, 2007

Focos rojos para Calderón: los riesgos de la inseguridad pública como bandera política

Hace algunos años tuve la oportunidad de entrevistar al entonces Presidente Vicente Fox. En la conversación, le pregunté al Mandatario mexicano porqué no había elegido un sólo tema como bandera de su gobierno en la misma lógica que habían empleado Lula Da Silva en Brasil – con su programa de combate al hambre – o George W. Bush en Estados Unidos con el tema de la seguridad nacional. “Es muy peligroso”, me respondió. “Si las cosas salen mal en ese tema, puedes perder mucho”.

Congruente con esa visión, el sexenio de Vicente Fox se caracterizó por su agenda dispersa, misma que se reflejó constantemente en las diversas encuestas cuando trataban de medir los principales logros de su administración.

En contraste, el gobierno de Felipe Calderón ha apostado desde el inicio de su mandato – incluso desde su campaña – por el combate a la inseguridad pública como su principal meta. La apuesta, al menos en principio, resultó afortunada. La opinión pública valoró favorablemente los operativos contra el crimen y la participación de las Fuerzas Armadas en el combate a la inseguridad.

El problema es que al paso de las semanas, lo que resultó una fortaleza se puede convertir en una amenaza para su gobierno. Si bien su administración ha vivido ya momentos importantes en sus primeros meses como la extradición de importantes capos a los Estados Unidos o el histórico decomiso de más de dos mil millones de pesos; en el frente de la violencia, el gobierno enfrenta un saldo abiertamente negativo.

Como han documentado diversos medios, en los últimos meses las ejecuciones del narcotráfico no se han detenido. Incluso, en algunas entidades se has recrudecido las agresiones en contra de policías. Usualmente, ante estos hechos la autoridad responde que es la consecuencia – condenable pero natural - del combate frontal a la delincuencia. Es el costo, se dice, de no pactar con el crimen organizado.

El argumento puede ser cierto. Imaginemos, por ejemplo, la respuesta de quienes perdieron los doscientos millones de dólares en el operativo de Las Lomas en la Ciudad de México. Sin embargo, no por lógico lo podemos aceptar.

De ahí que el gobierno federal enfrente dos importantes focos rojos. Por un lado, la realidad de las calles, que se refleja en las víctimas directas pero también en las indirectas. Basta con ponerse durante unos minutos en los zapatos de un policía en cualquier parte del país para entender el miedo con el que deben vivir, emoción que los induce a la complicidad o a la deserción.

Pero el problema también es de percepción pública. Cuando se apuesta todo a una sola causa, también se puede perder todo. Es cierto, el gobierno federal puede intentar moldear las percepciones a través de sus mensajes y de su influencia en algunos medios de comunicación; pero la realidad es necia y la violencia no se puede ocultar.

A estas alturas de la administración, el gobierno ya debe haber aceptado que está metido en una guerra difícil de ganar; aún así, seamos claros, no puede hacer otra cosa que pelearla. Renunciar a esa batalla sería ilegal e inmoral. No existe esa opción.

Lo que sí puede y debe hacer es cambiar sus prioridades en la agenda. Al menos, en materia de comunicación. Durante los siguientes meses deberá trabajar en una especie de plan B, en el que concentre la atención en otros temas. El Congreso, ya hemos visto, bien puede ser el nuevo foco de atención. Los programas sociales, esos que no terminan de arrancar, deberán ser el otro eje.

Todavía es tiempo de rectificar. Veremos si toman nota y aprenden.