martes, noviembre 25, 2008
Tres puntos sobre el combate a la inseguridad (y los encargados de hacerlo)
2. ¿Han notado como luego de la muerte de Juan Camilo Mourño ganó terreno el procurador? Regresó a los medios y con la Operación Limpieza se ha convertido en la cara más visible del combate al crimen.
3. ¿La defensa de García Luna que hizo el Presidente Calderón era frente a los medios o estaba dedicada a los propios miembros de su equipo?
Seguiremos comentando.
sábado, septiembre 06, 2008
Los nuevos "líderes" de México (¿ Y quién vigila al vigilante)
El hecho es de llamar la atención, más aún porque forma parte de una cruzada más amplia. Lo mismo ocurrió el domingo antepasado cuando Adal Ramones lloró - mientras la cámara le hacían un zoom al rostro - al tiempo que pedía a los delincuentes que nos "devolvieran a nuestro país". Episodio que siguió a la clausura de los Juegos Olímpicos cuando Javier Alarcón - Director de Televisa Deportes - preguntó al niño Mateo, el reporterito, si se sentía seguro cuando salía a la calle en China o en Noruega.
Televisa está en la batalla por la bandera de la seguridad, instalada en la lógica de convertirse en uno de los actores que califiquen si las autoridades lo están haciendo bien o mal en ese campo. No son los únicos. Hace unos días las comisiones de derechos humanos del país encabezadas por la CNDH de José Luis Soberanes, se unieron para anunciar que si en diciembre no hay resultados, los funcionarios públicos deben renunciar. Expresión que se suma a lo que ya han dicho otros actores como el periódico Excélsior y el resto de Grupo Imagen.
La idea no es mala. Si la obligación de las autoridades es hacer su tarea, la de medios y organismos de la sociedad civil es participar activamente en la vida pública. El problema surge cuando los otros actores se convierten en metapoderes: en actores capaces de decidir quién se queda y quién se va. De ahí que sea necesario tomar distancia frente a ese nuevo activismo para revisar qué están haciendo.
Apenas la semana pasada escuchaba a Ernesto López Portillo, especialista en temas de seguridad, explicar que la vigilancia resulta conveniente, incluso necesaria, siempre y cuando cumpla con una serie de criterios, entre ellos, que sea un ejercicio técnico. Si queremos medir el desempeño de los funcionarios requerimos de instrumentos transparentes que nos lleven a fijar la atención en lo importante y no en lo estridente.
La tarea es fundamental para no caer en el delicado tema de las subjetividades. ¿Cómo va a calificar Televisa el desempeño de los funcionarios? ¿Cómo lo harán las comisiones de derechos humanos o el periódico Excélsior? Para evitar cualquier suspicacia que pudiera llevar a la conclusión de que hay otras agendas e intereses de fondo, lo más conveniente es que todos estos actores hagan explícitos los criterios con los que estarán calificando; así todos podrán tener la seguridad de que no se trata de un asunto de filias y fobias.
De esta manera, también podremos contar con herramientas útiles que nos protejan de los golpes de imagen de uno u otro bando. En las últimas semanas, por ejemplo, se ha logrado la liberación de al menos cuatro personas que estaban secuestradas. También en estos días se han realizado aprehensiones de presuntos secuestradores, al tiempo que se ha detenido a policías que presuntamente protegían al narcotráfico. Son buenas noticias. El problema es que la falta de indicadores claros no permite conocer qué tan distintos son estos hechos de acciones anteriores o si simplemente se trata de acciones acompañadas por estrategias de comunicación.
En el mismo sentido tampoco podemos caer en el error de que un nuevo secuestro de alto impacto - incluso pensado así por el crimen organizado - confirme que entonces todas las acciones del gobierno son un fracaso y que lo que hemos visto es una mera simulación. Sólo con indicadores claros que podremos evaluar con mayor efectividad.
Pero esa es sólo una parte. El resto pasa reconocer que ninguno de los actores que se han subido a la palestra -medios, comisiones o personas destacadas de la sociedad civil - tiene el poder para pretender remover a nadie de su cargo. En su función de observadores pueden y deben dar elementos a la ciudadanía pero no sentenciar. De otra forma estarían desempeñando un papel que nadie les dio.
Bienvenida la supervisión a las autoridades, sólo tengamos cuidado de no olvidar que a los vigilantes, aunque sea de vez en cuando, también hay que vigilarlos.
jueves, agosto 21, 2008
El miedo al miedo
Las voces que prometen seguridad a cambio de políticas que ponen en riesgo los derechos de las personas siguen creciendo. En la última semana, el nuevo estándar fue establecido por el Gobernador de Chihuahua, José Reyes Baeza, que ante el clima de violencia que vive la entidad que gobierna -con más de 120 personas asesinadas en sólo 17 días - afirmó en un anuncio de televisión que "Debemos revisar nuestro régimen de libertades individuales y garantías ciudadanas. No podemos seguir atendiendo la seguridad en los términos existentes al inicio del siglo XX, en la Constitución de 1917". "Necesitamos revisar nuestro régimen de garantías y libertades ciudadanas, para analizarlo, para mejorarlo, para que responda a los desafíos que nos representa la sociedad presente".
Al momento de escribir estas líneas no está claro qué quiso decir el Mandatario pero no parece que el gobernador esté llamando a ampliar las libertades, sino al contrario, a limitarlas en aras de garantizar la seguridad. Más retenes, toques de queda, cateos sin órdenes de aprehensión y otras prácticas similares bien podrían entrar en ese esquema. La pregunta, en todo caso, es si ése tipo de herramientas son las que nos van a conducir al país en el que queremos vivir.
El esquema no es novedoso. Basta con mirar a los Estados Unidos para ver cómo el discurso de la seguridad ha llevado a la pérdida de derechos. Guantánamo, ese territorio sin ley ni justicia, es un ejemplo. Cárceles clandestinas, barcos que sirven como prisiones y prácticas toleradas de tortura, también forman parte del catálogo que se pretende legitimar bajo el argumento del combate al terror; recursos que paradójicamente vuelven a todos más vulnerables bajo la premisa de la defensa de la libertad.
Es el mundo al revés, el que promete la paz para justificar la guerra, aquello que George Lakoff llama el lenguaje orweliano en referencia a la denuncia planteada por George Orwell en su novela 1984. Nuestro país se puede acercar a esa realidad, y como suele ocurrir en estos casos, puede hacerlo por el camino de las buenas intenciones. Es comprensible, el temor está latente y la realidad se encarga de alimentar nuestros miedos. No obstante, debemos de resistir a ese canto que nos puede hacer mucho más inseguros al vendernos la promesa de tranquilidad.
En el absurdo, algunos radioescuchas – unos pocos, es cierto - se han comunicado en el noticiario de Antena Radio para hablar de leyes fuga y de restablecer la pena de muerte bajo la premisa de que es preferible un sospechoso que sea ejecutado sin la total certeza de su culpabilidad, que dejar que sigan por las calles los secuestradores.Es aterrador. Sabemos que estamos en este clima de inseguridad por la debilidad y la corrupción que ha permeado nuestro sistema de justicia pero queremos que ese mismo sistema decida sobre la vida de una persona. En un país en el que todos hemos sido testigos del "usted disculpe", queremos que alguien pueda ser privado de la vida. ¿A quién habría que pedir disculpas entonces?
Recelosos de nuestros policías, no protestamos cuando alguien habla de permitir que operen vestidos de civil, y no se ven por ningún lado las manifestaciones, desplegados ni severos pronunciamientos políticos cuando un gobernador abre la puerta para que los ciudadanos perdamos derechos para cederlos a las autoridades, a las mismas que nos han conducido a esta situación.
Todos queremos mayor seguridad, en eso no hay discusión. El debate está en las formas, en los métodos para alcanzarla. Habrá que aceptar que la vía no es sencilla ni de corto plazo y que aquellos que así lo ofrezcan están jugando con nuestra necesidad.
La vía para construir un mejor país tendrán que proponerla los expertos en estos temas; resulta claro, sin embargo, que la fórmula no pasa por hacernos más débiles, más frágiles, más vulnerables, pues es precisamente de esa situación de la que estamos huyendo.
miércoles, agosto 20, 2008
¿Qué papel tiene el miedo en la sociedad? Entrevista con el Dr. Enrique Gil Calvo
Aquí el audio.
martes, octubre 16, 2007
Calderón y la bandera de la seguridad
El problema - a mi juicio - es que fuera de este eje, no veo otro sello importante en materia de comunicación. Calderón ha sido nota por su apoyo al Ejército Mexicano, los operativos y golpes al narcotráfico, y en menor medida por sus propuesta en materia de combate a la inseguridad.
También, es cierto, ha marcado su estilo en política exterior al reestablecer la comunicación con varios gobiernos latinoamericanos (Venezuela y Cuba entre lo más destacado); y en el área política ha mostrado la sensibilidad y prudencia necesarias para no reventar los intensos trabajos realizados en el Poder Legislativo. Más allá de estos focos de atención (con excepción tal vez del programa de guarderías), no veo una política que distinga a su administración.
En particular preocupa la falta de estrategias en el ámbito económico - que se ve reflejado en el pobre crecimiento y su postura reactiva ante el incremento en los precios - y en la política social, que en opinión de diversos especialistas con los que he tenido oportunidad de conversar, se mantiene sobre los mismos ejes que definió la administración de Vicente Fox, lo cuál no es malo en si, pero sí insuficiente ante el tamaño del problema.
Ya lo había dicho en este espacio, es necesario el relanzamiento de su gobierno: menos control de sus funcionarios para que compitan por brillar, nuevos miembros en el gabinete y un mayor protagonismo de Calderón de la mano de nuevas políticas públicas. Cada día que pasa sin que ocurra nada juega en contra de su credibilidad y su memorable discurso ante los principales líderes del país, en el que dejó ver a un Presidente inconforme con el curso de la nación y de su gobierno.
Citando al buen José Adolfo Ibinarriaga - magnífico consultor político - se gobierna con la palabra. Esperemos que no se le olvide al Presidente Calderón.