Hace un mes - exactamente el 18 de junio - escribía en este espacio que estaban dadas todas las condiciones para que finalmente naciera el relevo del petróleo: altos precios, presiones ambientales, una demanda social que exige alternativas y una comunidad científica-tecnológica inédita en la historia de la humanidad.
Bueno, pues eso que planteaba tan sólo como una hipótesis ha sido lanzado como una bandera política, una causa, una cruzada histórica, ni más ni menos que por el único ganador de un Oscar y Nobel, el ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore.
No sé que respuesta vaya a encontrar pero no habría que dejarlo sólo como una ocurrencia. No descarten que si Obama gana, se convierta en uno de sus principales motores de gobierno. Nada como un gran sueño para unir y mover a un país, y la meta anunciada no es cosa menor si de lo que se trata es de cambiar la historia.
Aquí un fragmento del discurso. (Aquí en texto)
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viernes, julio 18, 2008
viernes, octubre 12, 2007
Al Gore o el día que el Oscar ganó el Nobel de la Paz
La noticia ha dado la vuelta al mundo desde hace varias horas: Al Gore, ex vicepresidente de los Estados Unidos fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz. Con este anuncio, Gore cierra con broche de oro, sino el mejor, al menos sí uno de los mejores años de su vida. Su película - Una verdad incómoda - ha recabado más de 50 millones de dólares, su libro - con el mismo tema - ha vendido más de 850 mil copias y gracias a ese trabajo recibió un Oscar en febrero de este año.
Con esos antecedentes - y una fortuna de más de 100 millones de dólares que ya comentamos en este espacio - se consolida como uno de los hombres de nuestro tiempo. El primero, quizá, en llevar al extremo una de las preocupaciones de analistas como Pierre Bourdieu (Sobre la televisión): la influencia del campo mediático sobre el resto de la sociedad.
La advertencia apuntaba en este sentido: los medios tienen tal peso que son capaces de influir en la manera en que se desarrollan otras esferas que deberían regirse por sus propias normas. Economistas que triunfan en la televisión sin ser autoridades entre sus colegas, científicos que buscan más los reflectores - con su natural efecto en donantes - que resultados duros, psicológos que a través de la prensa difunden ciertos conceptos sin arroparlos con el contexto adecuado.
Explicación que nos permite entender porqué Al Gore ganó el Premio Nobel de la Paz. Veámoslo de otra manera, ¿sin la película ni la presencia mediática habría recibido el reconocimiento? Claro que no. De tal forma que lo que se está premiando es la capacidad para colocar un mensaje en la agenda pública del planeta. Es un premio a una estrategia de comunicación política, a la influencia del campo mediático; es un reconocimiento al dominio de la comunicación.
Una aceptación - incómoda para algunos, especialmente para quienes trabajan muy duro lejos de los reflectores- de que en este mundo si no se toma en cuenta a los medios, es muy difícil transformar al mundo. El tema por supuesto da para más, por ahora dejo aquí estas líneas para la reflexión.
Con esos antecedentes - y una fortuna de más de 100 millones de dólares que ya comentamos en este espacio - se consolida como uno de los hombres de nuestro tiempo. El primero, quizá, en llevar al extremo una de las preocupaciones de analistas como Pierre Bourdieu (Sobre la televisión): la influencia del campo mediático sobre el resto de la sociedad.
La advertencia apuntaba en este sentido: los medios tienen tal peso que son capaces de influir en la manera en que se desarrollan otras esferas que deberían regirse por sus propias normas. Economistas que triunfan en la televisión sin ser autoridades entre sus colegas, científicos que buscan más los reflectores - con su natural efecto en donantes - que resultados duros, psicológos que a través de la prensa difunden ciertos conceptos sin arroparlos con el contexto adecuado.
Explicación que nos permite entender porqué Al Gore ganó el Premio Nobel de la Paz. Veámoslo de otra manera, ¿sin la película ni la presencia mediática habría recibido el reconocimiento? Claro que no. De tal forma que lo que se está premiando es la capacidad para colocar un mensaje en la agenda pública del planeta. Es un premio a una estrategia de comunicación política, a la influencia del campo mediático; es un reconocimiento al dominio de la comunicación.
Una aceptación - incómoda para algunos, especialmente para quienes trabajan muy duro lejos de los reflectores- de que en este mundo si no se toma en cuenta a los medios, es muy difícil transformar al mundo. El tema por supuesto da para más, por ahora dejo aquí estas líneas para la reflexión.
miércoles, agosto 01, 2007
Lecciones de Al Gore
“Soy Al Gore y solía ser conocido como el próximo Presidente de los Estados Unidos”. Así inicia Albert Arnold Gore, ex Vicepresidente norteamericano, su conocida conferencia que sirvió de base a la película “An awful truth” (Una verdad incómoda), que le permitió entre otras cosas ganar un Oscar en el 2006, generar más de 50 millones de dólares a nivel mundial, y vender 850 mil copias del libro con el mismo nombre. Razones más que suficientes para voltear a ver a este personaje que se ha convertido en un icono de nuestro tiempo.
Objeto de burlas y parodias luego de su polémica derrota en el año 2000 - cuando fue desplazado por el actual mandatario estadounidense, George W. Bush - Gore dio inicio a una transformación espectacular. Primero, al ser contratado por dos empresas de prestigio, Google y Apple, que reclutaron al también ex senador como asesor.
Movimientos que antecedieron a su lanzamiento como empresario. Actualmente, según un reporte de la revista Fast Company (julio/agosto), la red de negocios en los que participa Gore tiene un valor superior a los 100 millones de dólares. Fortuna que se desprende de su participación en una empresa de televisión por cable que mezcla formatos tradicionales, con programas obtenidos en la oferta de la web; manejo de una empresa de fondos que apuesta por empresas con enfoque ambiental; y por supuesto, de sus ingresos como conferencista, servicios por los que cobra $175,000 dólares por presentación, equivalentes a más de un millón novecientos mil pesos, cifras éstas que confirman su éxito económico.
Sin embargo, el atractivo de Al Gore va más allá de sus ganancias pues nos remite a uno de los ejemplos más claros de lo que significa reinventarse. Si bien desde antes de que iniciara su alto perfil Gore ya era conocido como un ambientalista, lo cierto es que nadie habría sido capaz de imaginar su reconstrucción. En buena medida, porque todavía estamos acostumbrados a pensar en las personas – incluso en nosotros mismos – como seres especializados en cierto campo profesional, del cual resulta difícil salir.
Veamos, por ejemplo, nuestra política doméstica y echemos un vistazo a lo que pasó con nuestros propios “Al Gore”. Diego Fernández de Cevallos, candidato presidencial del PAN derrotado en 1994, ha logrado también un patrimonio notable fruto de su desempeño como abogado, el cual por cierto, no ha estado libre de polémica al ser alternado durante algunos años con su ejercicio como senador, cargo que desempeñó del 2000 al 2006.
Francisco Labastida, aspirante a la Presidencia que perdió en el 2000 con Vicente Fox, se retiró durante unos años de la política para volver como senador, función que desempeñará hasta el 2012; Roberto Madrazo, candidato del PRI relegado al tercer lugar en el 2006, ha mantenido un bajo perfil salvo por la presentación de un libro con su versión de la historia reciente; y Andrés Manuel López Obrador se ha mantenido como un político en activo luego del proceso electoral del año 2006, en el que contendió por la Presidencia.
Si bien son muy respetables las decisiones tomadas por estos y otros actores políticos – como el tres veces candidato presidencial, Cuauhtémoc Cárdenas – resulta difícil imaginar que uno de estos personajes pudiera renacer como un actor especialmente influyente en otros campos de la vida pública. Tal vez porque el propio sistema político mexicano ve con malos ojos el activismo de quienes estuvieron interesados en ocupar la Silla Presidencial; quizá porque la formación de algunos de nuestros políticos tampoco les permite desempeñarse en otros sectores económicos. Cualquiera que sea la explicación, es interesante ver el caso de Al Gore como un ejemplo de cómo se puede transformar un profesional de la política, en una especie de empresario-activista que de la mano de los medios de comunicación, tiene tanta capacidad de influencia como muchos políticos profesionales.
Hace unos días, la respetada politóloga Maria Amparo Casar propuso que los candidatos presidenciales puedan ser inscritos simultáneamente como futuros legisladores, para garantizar un espacio institucional desde el que los perdedores puedan incidir en el debate nacional; el testimonio de Al Gore – con todo lo atípico que se quiera - muestra que existen otras vías... y que también hay vida fuera del presupuesto.
macampos@hotmail.com
Objeto de burlas y parodias luego de su polémica derrota en el año 2000 - cuando fue desplazado por el actual mandatario estadounidense, George W. Bush - Gore dio inicio a una transformación espectacular. Primero, al ser contratado por dos empresas de prestigio, Google y Apple, que reclutaron al también ex senador como asesor.
Movimientos que antecedieron a su lanzamiento como empresario. Actualmente, según un reporte de la revista Fast Company (julio/agosto), la red de negocios en los que participa Gore tiene un valor superior a los 100 millones de dólares. Fortuna que se desprende de su participación en una empresa de televisión por cable que mezcla formatos tradicionales, con programas obtenidos en la oferta de la web; manejo de una empresa de fondos que apuesta por empresas con enfoque ambiental; y por supuesto, de sus ingresos como conferencista, servicios por los que cobra $175,000 dólares por presentación, equivalentes a más de un millón novecientos mil pesos, cifras éstas que confirman su éxito económico.
Sin embargo, el atractivo de Al Gore va más allá de sus ganancias pues nos remite a uno de los ejemplos más claros de lo que significa reinventarse. Si bien desde antes de que iniciara su alto perfil Gore ya era conocido como un ambientalista, lo cierto es que nadie habría sido capaz de imaginar su reconstrucción. En buena medida, porque todavía estamos acostumbrados a pensar en las personas – incluso en nosotros mismos – como seres especializados en cierto campo profesional, del cual resulta difícil salir.
Veamos, por ejemplo, nuestra política doméstica y echemos un vistazo a lo que pasó con nuestros propios “Al Gore”. Diego Fernández de Cevallos, candidato presidencial del PAN derrotado en 1994, ha logrado también un patrimonio notable fruto de su desempeño como abogado, el cual por cierto, no ha estado libre de polémica al ser alternado durante algunos años con su ejercicio como senador, cargo que desempeñó del 2000 al 2006.
Francisco Labastida, aspirante a la Presidencia que perdió en el 2000 con Vicente Fox, se retiró durante unos años de la política para volver como senador, función que desempeñará hasta el 2012; Roberto Madrazo, candidato del PRI relegado al tercer lugar en el 2006, ha mantenido un bajo perfil salvo por la presentación de un libro con su versión de la historia reciente; y Andrés Manuel López Obrador se ha mantenido como un político en activo luego del proceso electoral del año 2006, en el que contendió por la Presidencia.
Si bien son muy respetables las decisiones tomadas por estos y otros actores políticos – como el tres veces candidato presidencial, Cuauhtémoc Cárdenas – resulta difícil imaginar que uno de estos personajes pudiera renacer como un actor especialmente influyente en otros campos de la vida pública. Tal vez porque el propio sistema político mexicano ve con malos ojos el activismo de quienes estuvieron interesados en ocupar la Silla Presidencial; quizá porque la formación de algunos de nuestros políticos tampoco les permite desempeñarse en otros sectores económicos. Cualquiera que sea la explicación, es interesante ver el caso de Al Gore como un ejemplo de cómo se puede transformar un profesional de la política, en una especie de empresario-activista que de la mano de los medios de comunicación, tiene tanta capacidad de influencia como muchos políticos profesionales.
Hace unos días, la respetada politóloga Maria Amparo Casar propuso que los candidatos presidenciales puedan ser inscritos simultáneamente como futuros legisladores, para garantizar un espacio institucional desde el que los perdedores puedan incidir en el debate nacional; el testimonio de Al Gore – con todo lo atípico que se quiera - muestra que existen otras vías... y que también hay vida fuera del presupuesto.
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