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jueves, agosto 21, 2008

El miedo al miedo

Las ganas de poner un alto a la inseguridad pueden conducirnos hacia la participación social y a la construcción de un mejor México pero también pueden guiarnos hacia caminos indeseables y así se ha confirmado en los últimos días. Por un lado, cuando legisladores del Partido Verde Ecologista de México, ése que dice defender la vida, proponen la pena de muerte como castigo a los secuestradores. Una expresión más de la nociva competencia que se ha generado para ver qué actor político presenta la propuesta más populista, desde la debatible cadena perpetua que lejos está de resolver el tema de la impunidad, hasta los llamados a construir una policía secreta que opere sin uniformes ni insignias que la identifiquen ante la sociedad.

Las voces que prometen seguridad a cambio de políticas que ponen en riesgo los derechos de las personas siguen creciendo. En la última semana, el nuevo estándar fue establecido por el Gobernador de Chihuahua, José Reyes Baeza, que ante el clima de violencia que vive la entidad que gobierna -con más de 120 personas asesinadas en sólo 17 días - afirmó en un anuncio de televisión que "Debemos revisar nuestro régimen de libertades individuales y garantías ciudadanas. No podemos seguir atendiendo la seguridad en los términos existentes al inicio del siglo XX, en la Constitución de 1917". "Necesitamos revisar nuestro régimen de garantías y libertades ciudadanas, para analizarlo, para mejorarlo, para que responda a los desafíos que nos representa la sociedad presente".

Al momento de escribir estas líneas no está claro qué quiso decir el Mandatario pero no parece que el gobernador esté llamando a ampliar las libertades, sino al contrario, a limitarlas en aras de garantizar la seguridad. Más retenes, toques de queda, cateos sin órdenes de aprehensión y otras prácticas similares bien podrían entrar en ese esquema. La pregunta, en todo caso, es si ése tipo de herramientas son las que nos van a conducir al país en el que queremos vivir.

El esquema no es novedoso. Basta con mirar a los Estados Unidos para ver cómo el discurso de la seguridad ha llevado a la pérdida de derechos. Guantánamo, ese territorio sin ley ni justicia, es un ejemplo. Cárceles clandestinas, barcos que sirven como prisiones y prácticas toleradas de tortura, también forman parte del catálogo que se pretende legitimar bajo el argumento del combate al terror; recursos que paradójicamente vuelven a todos más vulnerables bajo la premisa de la defensa de la libertad.

Es el mundo al revés, el que promete la paz para justificar la guerra, aquello que George Lakoff llama el lenguaje orweliano en referencia a la denuncia planteada por George Orwell en su novela 1984. Nuestro país se puede acercar a esa realidad, y como suele ocurrir en estos casos, puede hacerlo por el camino de las buenas intenciones. Es comprensible, el temor está latente y la realidad se encarga de alimentar nuestros miedos. No obstante, debemos de resistir a ese canto que nos puede hacer mucho más inseguros al vendernos la promesa de tranquilidad.

En el absurdo, algunos radioescuchas – unos pocos, es cierto - se han comunicado en el noticiario de Antena Radio para hablar de leyes fuga y de restablecer la pena de muerte bajo la premisa de que es preferible un sospechoso que sea ejecutado sin la total certeza de su culpabilidad, que dejar que sigan por las calles los secuestradores.Es aterrador. Sabemos que estamos en este clima de inseguridad por la debilidad y la corrupción que ha permeado nuestro sistema de justicia pero queremos que ese mismo sistema decida sobre la vida de una persona. En un país en el que todos hemos sido testigos del "usted disculpe", queremos que alguien pueda ser privado de la vida. ¿A quién habría que pedir disculpas entonces?

Recelosos de nuestros policías, no protestamos cuando alguien habla de permitir que operen vestidos de civil, y no se ven por ningún lado las manifestaciones, desplegados ni severos pronunciamientos políticos cuando un gobernador abre la puerta para que los ciudadanos perdamos derechos para cederlos a las autoridades, a las mismas que nos han conducido a esta situación.

Todos queremos mayor seguridad, en eso no hay discusión. El debate está en las formas, en los métodos para alcanzarla. Habrá que aceptar que la vía no es sencilla ni de corto plazo y que aquellos que así lo ofrezcan están jugando con nuestra necesidad.

La vía para construir un mejor país tendrán que proponerla los expertos en estos temas; resulta claro, sin embargo, que la fórmula no pasa por hacernos más débiles, más frágiles, más vulnerables, pues es precisamente de esa situación de la que estamos huyendo.

martes, julio 29, 2008

Viviendo en la sociedad de riesgo mundial

Leer a Ulrich Bech y su texto sobre la "sociedad de riesgo mundial" es echar un vistazo a un excelente marco teórico para entender mejor el mundo que estamos viviendo; un planeta en el que los peligros - es decir, daños probables - se acumulan ya sean de origen ambiental, por razones de seguridad o económicas. Riesgos que hablan de peligros que unas veces ya se han materializado (como los ataques terroristas) o que están en el horizonte (como los efectos del cambio climático).

Pero el objetivo de este post no es hablar sobre la teoría de Beck sino compartir los titulares de algunas notas del diario El País en su edición internacional del domingo 27 de julio.

"Las multinacionales alertan sobre la gravedad de la crisis en España"
"Obama busca fuertes alianzas globales"
"FBI contra el imperio del terror"
"El made in China destroza la economía palestina"
"Italia: Declarado el estado de emergencia ante la inmigración"
"Una oleada de atentados con bomba causa 29 muertos en la India"

Claros ejemplos de los temas que ocupan la atención del mundo y un buen reflejo del tipo de retos que debemos enfrentar.

domingo, agosto 26, 2007

De Dora a Miguelito (O la percepción selectiva de los riesgos)


Hace unas semanas las miradas de buena parte del mundo - incluídas las de los mexicanos - se colocaron sobre los juguetes Mattel. La causa, el reconocimiento por parte de esa compañía de la presencia de plomo en algunos de sus juguetes. La reacción de los medios y -según la misma prensa - de la opinión pública fue de indignación. ¡Cómo se permiten esas fallas de seguridad en productos tan delicados! El tema, por supuesto, provocó el retiro de los productos contaminados al grado de que el periódico Excélsior publicó apenas este fin de semana una nota sobre cómo quitarle a los niños sus juguetes favoritos sin que lo padezcan tanto.

Pero lo más curioso es que apenas unos días después, el gobierno de California advirtió sobre las altas cantidades de plomo contenidas en los dulces Miguelito y Barrilito, dos dulces muy populares en México. Sólo que en este caso ni los medios mexicanos ni la población parecen habérselo tomado muy en serio. Al menos no las autoridades de México que hasta donde sé no tienen planeado realizar una investigación al respecto.. y a nadie parece importarle.

No se trata de linchar a Miguelito sino de llamar la atención sobre un dato que ha descrito Ulrick Beck en su teoría sobre los riesgos: más allá de sus componentes reales, es la cultura la que determina qué constituye un verdadero peligro y qué no, en función de los límites que estamos dispuestos a manejar sin preocuparnos. Y para un país que consume tanta comida en las calles como quesadillas, tacos, papas, verduras o chicharrones, sin mirar con mucho pudor las condiciones de higiene, está claro que la eventual presencia de plomo en dulces no es un motivo de preocupación.

Buenas noticias para Miguelito - y quienes tendrían que enfrentar una eventual crisis de imagen pública - aunque quizá no tan buena para nuestra salud.

lunes, julio 16, 2007

Otra historia de miedo: Sismo en Japón causa una fuga radiactiva

"Fuga radioactiva", esa fue la expresión que utilizó el diario español El País, para describir uno de los efectos del sismo ocurrido en Japón hace algunas horas:


"Un reactor nuclear de Japón ha sufrido una fuga de agua con material radiactivo tras el terremoto que sacudió esta mañana el noreste del país según informan los medios locales citando a la compañía que opera la central. Hasta el momento, siete personas han muerto y más de 1000 han resultado heridas tras el seísmo de magnitud 6,8 en la escala de Richter según el último balance ofrecido por la cadena de televisión NHK. (...) De acuerdo con la cadena NHK, el agua que se ha filtrado de la central ha llegado al Mar de Japón, pero el nivel de radiactividad está por debajo de los niveles de seguridad y no plantea ningún peligro al medio ambiente."


El tema, como pueden ver en la cita sacada de la nota no es para quitar el sueño, no así el llamado en el portal del diario (El seísmo de Japón causa una fuga radiactiva), que aunque es preciso no deja de provocar alarma, al menos en este lector que no puede evitar pensar en Zygmunt Bauman y Ulrick Beck - autores que mencioné en mi más reciente columnna Vivir con miedo- y que han descrito en diferentes textos (Miedo Líquido y la Sociedad del Riesgo Global, mencionar sólo dos) el papel de los riesgos y la amenazas en nuestra sociedad postmoderna.

La nota de El País, no me cabe la menor duda, podría ser el inicio de una película o una novela: un sismo sacude a Japón y causa una fuga nuclear. El problema es que es una noticia sacada de la realidad. Por fortuna, la historia sólo llegó hasta ahí, no así la evidencia de que vivimos en un entorno de peligro.

La novedad, según explican los autores mencionados, es que a diferencia de nuestros antepasados que sólo debían temer a los fenómenos naturales, nosotros debemos precuparnos por su impacto sobre nuestras propias obras, en este caso una central nuclear, creacciones humanas capaces de magnificar el desastre.

Pido disculpas desde ahora por el mensaje apocalíptico que encierran estas líneas pero sigo pensando que debemos poner la lupa sobre el tema del miego y los riesgos; por un lado, como críticos por su creciente uso como motor de la sociedad, la política y el mercado, pero también como advertencia oportuna frente a escenarios que todos quiséramos negar, pero que ahí están. El tema me remite, por ejemplo, al calentamiento global y La Verdad Incómoda de Al Gore; motivo del siguiente post.