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domingo, octubre 14, 2007

Todos somos uno (o el día en que la CIRT se encaró con el Senado)

(Artículo publicado en la revisa Etcétera de Octubre)

El 11 de septiembre de 2007 será recordado según quién cuente la historia. Para algunos periodistas como el día en que alzaron la voz para defender la libertad de expresión; para los concesionarios, como la triste fecha en que participaron en una diálogo de sordos que terminó en una votación adversa en el Senado; y para algunos analistas de medios, como quien esto escribe, como el día en que la radio y la televisión hicieron suyo el mismo modelo de comunicación.

El esquema tiene elementos muy definidos: se asume un tema de la agenda como eje casi único del discurso informativo, los conductores actúan como voceros de la empresa, y el resto de los participantes – analistas y entrevistados – contribuyen a fijar un mensaje en la mente de las audiencias. La fórmula ha sido empleada por diversos medios en varios momentos, como hiciera Televisión Azteca luego del asesinato de Paco Stanley en 1999. Estrategia que no está libre de riesgos, especialmente cuando se generaliza su aplicación como fue el caso. Veamos algunos de los efectos.

1. Desaparece la distancia entre el tema y el periodista. En palabras del teórico Héctor Borrat, el periodista deja de ser comentarista del conflicto para convertirse en parte del mismo; al asumirse como parte, los medios dejan de dar la noticia para convertirse en la noticia. Postura que por sí misma carga la balanza en contra de quien juega como antagonista del medio.

2. Confusión de argumentos, confusión de roles. Es comprensible que los empresarios de los medios busquen las mejores condiciones para su negocio; también que los periodistas adviertan sobre lo que perciben como amenaza a la libertad de expresión; el problema surge cuando se mezclan ambas posturas en el mismo discurso. ¿El efecto? La percepción de que hay periodistas peleando por la defensa del negocio, combinación que juega en contra de su credibilidad.

3. Desaparición de la disidencia. Cuando un medio de comunicación toma una postura como única, asume las pérdidas en términos de equilibrio informativo; no obstante, el costo puede ser subsanado por la oferta de otros espacios con posturas distintas. Lo grave del 11 de septiembre es que la disidencia prácticamente desapareció de los espacios comerciales. Las cadenas de radio y televisión cerraron filas y la teoría de la espiral del silencio hizo gala de su incómoda pertinencia. Cuando todos los medios – y sus colaboradores – expresan los mismos pensamientos, se vuelve más costoso demostrar que se piensa diferente.

4.Desaparecen las diferencias. Al unificarse el discurso se pierden los enfoques que distinguen a un medio del otro. En la uniformidad ganan los grandes jugadores – que dominan el mercado - y pierden los emergentes, que sólo tienen oportunidad al ofrecer algo diferente. Sorprende por ello, por ejemplo, que Cadena Tres – la opción más joven en el mercado de la televisión en México - haya dejado ir la oportunidad de distinguirse de sus competidores al expresarse con discursos similares a los de su competencia. El error, por cierto, movió días después a una rectificación en la que sus mismos comunicadores reiteraron su respeto por las instituciones, bandera de ese grupo de medios hasta antes del martes negro.

En contraste – y siguiendo con el mismo punto - destaca la periodista Carmen Aristegui que desde su espacio en W Radio y a través de su columna en el diario Reforma, dejó en claro su disenso, gesto lo que la colocó - se compartan o no sus puntos de vista– como una opción distinta, incluso más cercana a los esfuerzos que se hicieron en esos días desde los medios públicos que tampoco se sumaron al frente coordinado por la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión.

Los periodos de cambios que estamos viviendo son también tiempos de definición; situaciones que obligan a fijar posturas y revisar principios y estrategias. El 11 de septiembre los mexicanos vimos qué eligieron los principales medios de comunicación en nuestro país. Habrá que ver si en las coyunturas por venir, toman la misma decisión.

domingo, septiembre 09, 2007

Avanzan los pirómanos; retoceden los bomberos (Presiones sobre los acuerdos)

Hace apenas unos días afirmaba en este espacio que estábamos viendo una carrera entre bomberos y pirómanos; unos, constructores de acuerdos, otros, reventadores de los mismos.

Al menos hasta antes del Primer Informe de Felipe Calderón todo indicaba una ligera ventaja para los primeros, que luego de meses de reunirse lejos de los reflectores habían construido una agenda de trabajo en la que los consensos estaban más claros que los desacuerdos.


Y en esas estaban, sorteando las minas del 1 y 2 de septiembre - incluidos el inicio de sesiones en el Congreso, el mensaje de Calderón en Palacio Nacional y la elección de Veracruz - cuando de pronto se encontraron con dos obstáculos: la salida de los Consejeros del IFE y el cierre de la llave de los recursos en tiempos electorales a las cadenas de radio y televisión .

Temas que combinados dieron pie a una serie de alianzas extrañas en las que convergieron lo mismo los intereses de la Cámara de la Industria la Radio y la Televisión (CIRT), que la opinión de periodistas y académicos de mucho prestigio que al defender a Luis Carlos Ugalde y sus compañeros, se terminaron sumando - involuntariamente - a la defensa de la CIRT que sabe que sin las cabezas de estos personajes no avanzará la reforma y todo quedará tal y como estás hasta ahora.

En ese escenario, los pirómanos vieron que era su momento. El estancamiento en las negociaciones en materia electoral - que de paso frenó la reforma fiscal - fue la señal. De inmediato, Manuel Espino (pirómano entusiasta) convocó a una reunión con los diputados del PAN para darles línea y decirles que había que deslindarse del impuesto a la gasolina; señal contradictoria pues los panistas ya habían aceptado el costo de presentar la propuesta con tal de ganar el aval del PRI.

Estrategia que encontró eco en otro dirigente partidista, Andrés Manuel López Obrador, que anunció que será el próximo martes cuando haga lo propio al acudir a San Lázaro para presionar a los legisladores del PRD, PT y Convergencia, y lograr que tomen la tribuna e impidan la discusión y aprobación de la reforma fiscal. Acción que, indudablemente, busca acotar a los moderados del PRD que al menos hasta ahora han mantenido abiertas las negociaciones en diversos frentes.

El panorama no es sencillo: viene el 15 de septiembre con su nueva dosis de presión; AMLO ha asumido como cruzada personal el tema de la reforma fiscal, al menos en el impuesto a la gasolina; los integrantes de la CIRT continuarán cabildeando para echar atrás el corazón de la reforma electoral; y en medio de todo ese escenario persisten las críticas al Secretario de Gobernación mientras el Presidente Calderón sigue de gira, ahora por la India, hasta el próximo miércoles.
Días difíciles para los constructores de acuerdos, que incluso ya se imaginaban aprobando una nueva ley de medios y una reforma al sistema de justicia. Vale por el optimismo, aunque la realidad reporta malas noticias. Al menos en la semana que termina, ganaron terreno los pirómanos.

miércoles, septiembre 05, 2007

De la reforma electoral, la estrategia de los medios, y la defensa de Ugalde

¿Porqué Televisa le dedicó más de 30 minutos a la defensa de Luis Carlos Ugalde y al resto de los Consejeros? ¿Porqué Televisión Azteca - al igual que algunas cadenas de radio - se ha sumado a esta campaña?

Les propongo una hipótesis: porque si no se remueve a los Consejeros, simple y sencillamente no hay reforma electoral. ¿Y eso qué implica? Que los grandes medios de comunicación seguirían recibiendo más de 3 mil millones de pesos tal y como ocurrió en la última elección presidencial.

Millones que de ser aprobada la iniciativa dejarían de recibir pues ahora las campañas serían únicamente en tiempos oficiales, sin que los partidos puedan comprar tiempo aire para su promoción.

De ser cierta esta hipótesis estaríamos presenciando una jugada de varias bandas, en la que incluso estarían sumando a ciudadanos y analistas que de buena fe, estarían actuando como aliados involuntarios de los medios de comunicación.