Entrevista con el Dr. Enrique Gil Calvo, periodista, doctor en sociología, autor del libro El miedo es el mensaje. ¿Qué riesgos corremos cuando nos invade el miedo como sociedad?, ¿quién gana en estos casos? Reflexiones sobre el tema transmitidas en el espacio informativo de Antena Radio, Primera Emisión.
Aquí el audio.
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miércoles, agosto 20, 2008
lunes, julio 16, 2007
Otra historia de miedo: Sismo en Japón causa una fuga radiactiva
"Fuga radioactiva", esa fue la expresión que utilizó el diario español El País, para describir uno de los efectos del sismo ocurrido en Japón hace algunas horas:
"Un reactor nuclear de Japón ha sufrido una fuga de agua con material radiactivo tras el terremoto que sacudió esta mañana el noreste del país según informan los medios locales citando a la compañía que opera la central. Hasta el momento, siete personas han muerto y más de 1000 han resultado heridas tras el seísmo de magnitud 6,8 en la escala de Richter según el último balance ofrecido por la cadena de televisión NHK. (...) De acuerdo con la cadena NHK, el agua que se ha filtrado de la central ha llegado al Mar de Japón, pero el nivel de radiactividad está por debajo de los niveles de seguridad y no plantea ningún peligro al medio ambiente."
El tema, como pueden ver en la cita sacada de la nota no es para quitar el sueño, no así el llamado en el portal del diario (El seísmo de Japón causa una fuga radiactiva), que aunque es preciso no deja de provocar alarma, al menos en este lector que no puede evitar pensar en Zygmunt Bauman y Ulrick Beck - autores que mencioné en mi más reciente columnna Vivir con miedo- y que han descrito en diferentes textos (Miedo Líquido y la Sociedad del Riesgo Global, mencionar sólo dos) el papel de los riesgos y la amenazas en nuestra sociedad postmoderna.La nota de El País, no me cabe la menor duda, podría ser el inicio de una película o una novela: un sismo sacude a Japón y causa una fuga nuclear. El problema es que es una noticia sacada de la realidad. Por fortuna, la historia sólo llegó hasta ahí, no así la evidencia de que vivimos en un entorno de peligro.
La novedad, según explican los autores mencionados, es que a diferencia de nuestros antepasados que sólo debían temer a los fenómenos naturales, nosotros debemos precuparnos por su impacto sobre nuestras propias obras, en este caso una central nuclear, creacciones humanas capaces de magnificar el desastre.
Pido disculpas desde ahora por el mensaje apocalíptico que encierran estas líneas pero sigo pensando que debemos poner la lupa sobre el tema del miego y los riesgos; por un lado, como críticos por su creciente uso como motor de la sociedad, la política y el mercado, pero también como advertencia oportuna frente a escenarios que todos quiséramos negar, pero que ahí están. El tema me remite, por ejemplo, al calentamiento global y La Verdad Incómoda de Al Gore; motivo del siguiente post.
miércoles, julio 11, 2007
Vivir con miedo
Los titulares de prensa del miércoles 11 de julio fueron muy claros: “EPR, Nuevo Desafío” (Excélsior); “Alerta roja, el EPR se adjudica las explosiones” (Milenio); Sabotaje de EPR a Pemex” (El Universal); “Firma EPR explosiones” (Reforma). Como es evidente la reivindicación por parte de un grupo guerrillero de lo que parecían ser accidentes, acaparó la atención de los principales diarios nacionales, y con razón, pues no todos los días se da a conocer información tan impactante. ¿O si?En principio habría que decir que no. La guerrilla en México es más un actor histórico o político que militar, por ello fue de llamar la atención la capacidad operativa de este grupo. Sin embargo, el tratamiento de la información no es del todo original si la entendemos como parte de una serie de mensajes que tienen como efecto, que conste que no dije como objetivo, la generación de miedo entre la sociedad.
Apenas días antes de los atentados uno de los ejes dominantes en la prensa fue la aparición de grietas en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. Primero, por la trágica apertura del suelo en Iztapalapa, que acabó con la vida de un joven de 19 años; luego, el reblandecimiento de terreno en el municipio de Nezahualcoyotl en el Estado de México, ejemplos visibles de una amenaza latente que de pronto brincó a las prioridades informativas de los medios nacionales, que hicieron suyos términos como “riesgos”, “zona de desastre”y “evacuaciones”, entre otros conceptos que aparecen frecuentemente asociados a fenómenos naturales como huracanes y sismos, pero que ahora fueron empleados en el marco de la vida cotidiana de millones de habitantes.
El peligro está ahí y por eso no hay duda sobre la pertinencia de la cobertura, pero habría que entenderla en un marco en el que el miedo es cada vez más un protagonista en las noticias. En ocasiones, la causa de insomnio debería ser el calentamiento global, con sus potenciales efectos catastróficos; en otros, la violencia del narcotráfico o las amenazas más allá de nuestras fronteras como el terrorismo, la gripe aviar o el mal de las vacas locas; sucesión de amenazas lejanas que se vuelven próximas, en buena medida, por el papel de los medios de comunicación que construyen realidades en las que los consumidores somos potenciales receptores de todos los males habidos y por haber.
El tema no es del todo novedoso para la sociología y el análisis de medios. Autores como Zygmunt Bauman (Miedo líquido, la sociedad contemporánea y sus temores. Ed. Paidos), o Enrique Gil Calvo (El Miedo es el Mensaje,Riesgo, Incertidumbre y Medios de comunicación. Alianza Editorial), ya han abordado este concepto que parece haberse expandido del espacio de los noticieros para pasearse libremente por la publicidad.
Insistentes mensajes – fundados algunos en razones médicas pero con interés comercial – advierten sobre los riesgos que corren niños (neumococo), mujeres (en especial cáncer) y hombres, que son tratados como enfermos que deben ser curados por la gracia del consumismo. Ya sea que se trate de la publicidad de medicamentos o de la larga lista de los llamados productos milagro, que curan hasta los males que no se tienen. Acompañados, por supuesto, por la creciente cantidad de alimentos – aceites, cereales, lácteos, etc. - que se anuncian como si se tratara de productos de salud dirigidos a personas a punto de padecer diabetes o sufrir un infarto.
Basta con una tarde de exposición a los comerciales para comprobar que el miedo está de moda como motor de consumo. Fenómeno en el que los productos informativos aportan una notable cuota. La reflexión queda ahí para periodistas, publicistas y sobretodo para quienes somos su público, obligados a estar consientes del perfil de los mensajes que cada día recibimos con mayor intensidad.
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