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domingo, diciembre 02, 2007

Hugo Chávez, el incontenible (Recuento de su intervención en Colombia)

Este domingo se realiza en Venezuela la consulta que determinará el destino del Gobierno de Hugo Chávez, y con ello el futuro del país y la región. Ya hablaremos sobre las implicaciones de esto pero ahora quiero compartir con ustedes algunas noticias que documentan la habilidad del presidente venezolano, por lo pronto, en el frente externo.

El primer acto fue cuando el gobierno colombiano de Alvaro Uribe aceptó la mediación de Chávez para lograr el intercambio de presos entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno colombiano. Terrible error que no entiendo como cometió el mandatario colombiano.

Pasaron unas semanas, diversos encuentros y Uribe pidió a Chávez que suspendiera su labor luego de haber violado las condiciones de su intervención. Con eso quiso sacar de la jugada al venezolano, que para entonces ya se había ganado la confianza de buena parte de los familiares de las víctimas de las FARC (y de las FARC mismas). En respuesta, Chávez rompió relaciones con Uribe al que acusó y descalificó a su estilo, pero además logró que las FARC entregaran unas pruebas de vida (como señaló en el post anterior), que era una de las condiciones para avanzar en las negociaciones.

Lo interesante es que el gobierno colombiano lo presentó como un logro suyo, una captura, cuando todo mundo lo leyó como un aval a la gestión de Chávez, explicado así por los propios guerrilleros. La prueba, la visita de ayer sábado a Venezuela a la que acudieron entre otros la mamá y la hermana de Ingrid Betancourt, en la que avalaron la labor del gobierno venezolano. Todo mientras Uribe trata de convencer a la opinión pública de que no confíe en las FARC pues han mentido sistemáticamente. Argumento con el que trata de contener las presiones en su contra, acentuadas por si fuera poco por el interés del gobierno francés en esta crisis, dada la doble nacionalidad de la ex candidata presidencial.

En todo caso, más allá de confirmar que lo dificil no es dejar entrar a Chávez a un país sino sacarlo, el tema debería servir para poner en perspectiva la pertinencia de negociar con un grupo criminal. La propia carta de Ingrid Betancourt debería ser suficiente para unir a la comunidad internacional en su contra. Las condiciones inhumanas en las que la mantienen desde hace años debería generar condenas. Sin embargo, parece que como de costumbre la estrella de esta historia tiene el nombre de Hugo Chávez.

sábado, diciembre 01, 2007

Carta de Ingrid Betancourt (o de la violencia de las FARC)

Carta de Ingrid Betancourt, ex candidata presidencial de Colombia secuestrada por las FARC. El texto - elaborado como prueba de vida a petición de sus secuestrados y en el marco de sus contactos con el presidente venezolano Hugo Chávez - fue publicado por el diario Tiempo de Colombia y retomado (al menos parcialmente) por El País. A reserva de comentar mañana sus posibles implicaciones quiero reproducirlo en este espacio por la crudeza de su testimonio.

"Este es un momento muy duro para mí. Piden pruebas de supervivencia a quemarropa y aquí estoy escribiéndote mi alma tendida sobre este papel. No tengo ganas de nada. Creo que eso es lo único que está bien, no tengo ganas de nada porque aquí en esta selva la única respuesta a todo es 'no'. Es mejor, entonces, no querer nada para quedar libre al menos de deseos. Hace 3 años estoy pidiendo un diccionario enciclopédico para leer algo, aprender algo, mantener la curiosidad intelectual viva. Sigo esperando que al menos por compasión me faciliten uno, pero es mejor no pensar en eso”.

“La vida aquí no es vida, es un desperdicio lúgubre de tiempo. Vivo o sobrevivo en una hamaca tendida entre dos palos, cubierta con un mosquitero y con una carpa encima, que oficia de techo, con lo cual puedo pensar que tengo una casa. Tengo una repisa donde pongo mi equipo, es decir, el morral con la ropa y la Biblia que es mi único lujo. Todo listo para salir corriendo. Aquí nada es propio, nada dura, la incertidumbre y la precariedad son la única constante. En cualquier momento dan la orden de empacar y duerme uno en cualquier hueco, tendido en cualquier sitio, como cualquier animal”.

“Me sudan las manos y se me nubla la mente y termino haciendo las cosas dos veces más despacio que lo normal. Las marchas son un calvario porque mi equipo es muy pesado y no puedo con él (...) Pero todo es estresante, se pierden mis cosas o me las quitan. Lo único que he podido salvar es la chaqueta, ha sido una bendición, porque las noches son heladas y no he tenido más que echarme encima.

Antes disfrutaba cada baño en el río. Como soy la única mujer del grupo, me toca prácticamente vestida: shorts, brasier, camiseta, botas. Antes me gustaba nadar en el río hoy ni siquiera tengo alientos para eso. Estoy débil, friolenta, parezco un gato acercándose al agua. Yo que tanto he adorado el agua, ni me reconozco. (...) Pero desde que separaron los grupos no he tenido ni el interés ni la energía para hacer nada. Hago algo de estiramiento porque el estrés me bloquea el cuello y duele mucho”.

“Yo trato de guardar silencio, hablo lo menos posible para evitar problemas. La presencia de una mujer en medio de tantos prisioneros que llevan 8 y 10 años cautivos es un problema (...) En las requisas le quitan a uno lo que uno más quiere. Una carta que me llegó tuya me la quitaron después de la última prueba de supervivencia en el 2003. Todos los días estoy en comunicación con Dios, Jesús y la Virgen (...) Aquí todo tienen dos caras, la alegría viene y luego el dolor. La felicidad es triste. El amor alivia y abre heridas nuevas... es vivir y morir de nuevo. Durante años no pude pensar en los niños y el dolor de la muerte de mi papá copaba toda la capacidad de aguante. Llorando pensaba en ellos, sentía que me asfixiaba, que no podía respirar”.