lunes, septiembre 04, 2006

Lo bueno de lo malo

Artículo publicado en Excélsior el 2 de septiembre
Caos, conflicto y polarización, son algunos de los términos que adornan con lamentable frecuencias las páginas de la prensa nacional. Expresiones que apenas parecen las adecuadas para describir la escena política nacional. No obstante, en medio de este panorama hay cosas buenas; encontrarlas para este artículo no es un acto de negación de la realidad, sino una necesidad, en la búsqueda de la distancia que nos permita distinguir la paja del trigo.

¿Qué ha salido de bueno de este proceso electoral? En primer lugar, una notable politización que quizá ahora nos resulta incómoda pero que en el largo plazo arrojará frutos. La política de nuestros días no es cosa de unos cuantos. Acostumbrados a verla como tema marginal, ahora es parte de nuestras conversaciones familiares. Quizá para refrendar nuestras diferencias, es cierto, pero no despreciemos este acercamiento a la llamada cosa pública. Informarse, tomar postura y debatir es sano, aunque el aprendizaje a veces nos espante.

Lo paradójico es que al mismo tiempo que ha crecido la política también hemos descubierto algunos de sus límites. Dos meses después de la elección, los mexicanos no contamos todavía con Presidente electo; el conflicto postelectoral es evidente y a pesar de ello, la economía mexicana sigue creciendo. A nadie gusta el conflicto y eso incluye a los hombres y mujeres del capital. Aún así, el tipo de cambio se mantiene firme, las reservas internacionales siguen creciendo y ninguna calificadora ha puesto un tache junto al nombre de México. La política importa y mucho, pero hoy sabemos que nuestra economía es más sólida de lo que muchos creíamos. Esa también es una buena noticia.

Hay más. En medio de la polarización también surgen las ganancias. Para muchos que no votaron por Felipe Calderón e incluso para algunos que sí lo hicieron, es de preocuparse su potencial acercamiento con los grupos más conservadores de la sociedad. Ésta sí es la derecha, dicen, y no el foxismo que al principio fue etiquetado como tal. Especulaciones aparte, la realidad es que Calderón llegará como un presidente débil. No sólo por el desgaste que ha implicado la elección, sino por la presencia panista en el Congreso, que si bien es histórica, no le es suficiente para sacar ningún acuerdo.

Calderón deberá negociar y ello implica, necesariamente, ceder. Por eso tendría que ser un Presidente moderado. Lo veremos a partir del 1 de diciembre, pero lo que hemos visto hasta ahora muestra a un PAN con la capacidad de pactar con el PRI, Nueva Alianza y el Partido Verde para sacar algunos acuerdos.

No es cosa menor ese gesto luego de lo que vivimos en los últimos años. Es temprano para ser optimista –menos con el clima dominante – pero ya hay señales de que los actores políticos han aprendido de sus errores. El PRI, por ejemplo, sabe que si quiere crecer necesita usar su fuerza para gobernar y no sólo para bloquear. Su presencia en el congreso es la menor en su historia y a pesar de ello puede pesar más que el PRD que le gana en curules. Cosas de la política, hoy los priistas pueden seguir el camino que trazó el PAN desde finales de los ochentas, para ser el fiel de la balanza que les permita sacar su agenda y así regresar eventualmente al poder.

El recurso está al alcance de los grandes como el PRI y el PRD, pero también de los pequeños como el Verde o Nueva Alianza, que desde el primer día mostraron que saben lo que valen sus votos en la construcción de mayorías. Para algunos esta conducta es propia de mercenarios, para otros es la lógica de cualquier congreso o parlamento y puede ser la vía para que Convergencia, el PT o Alternativa puedan obtener victorias y lograr resultados que puedan entregar a sus electores. Visto así, no podría ser más favorable el escenario para los partidos pequeños que tienen ante sí la posibilidad de demostrar que tiene sentido votar por ellos.

Finalmente, la polarización ha tenido otra ganancia secundaria: en la obligada toma de postura, han salido a la plaza diversos actores en defensa de las instituciones. Dudo, por ejemplo, que José Woldenberg haya votado por Felipe Calderón. Apostaría incluso a que no fue así. Sin embargo ha tenido el valor para argumentar a favor del Tribunal Electoral y del Instituto Federal Electoral, patrimonio de los mexicanos que ha salido raspado, pero que muchos otros también hemos valorado ante esta crisis.

No se trata de echar las campanas al vuelo. El escenario pinta complicado para todos, pero eso obligará al gobierno entrante a ser sensible y eficiente. No necesariamente con sus adversarios, sí con sus simpatizantes. Lo social deberá estar en el centro de la agenda gubernamental y esa habrá sido la principal aportación de López Obrador en esta historia. El reto es que se logren avances sin caer en el espectáculo de las simulaciones. Calderón deberá dar resultados pronto, y eso está bien, siempre y cuando no se carezca de sustancia.

Hablar de lo bueno de lo malo en este ambiente no es cosa fácil. Algo me dice, sin embargo, que en medio de mi esperanza no estoy tan solo. Ustedes, como siempre, tienen la última palabra.

macampos@enteratehoy.com.mx / www.enteratehoy.com.mx

lunes, agosto 28, 2006

Dos relatos

(Artículo publicado en Excélsior)
La política —dice el sociólogo Murray Edelman— es la lucha por la "interpretación simbólica de los hechos", expresión que nos recuerda que en los temas sociales, en vez de hablar de verdades únicas, solemos encontramos con distintas versiones peleándose por ganar las mentes de los ciudadanos. La referencia viene a cuento en este tiempo en el que la política mexicana ve cómo transcurren al menos dos relatos que se presentan y crecen cada día.

Para algunos observadores, el conflicto poselectoral de México ha entrado en su fase final y, aseguran, hay razones para sonreír. Su optimismo se basa en que, finalmente, el reloj judicial parece acercarse al tiempo político y en unos días tendremos Presidente electo. Por ello, nos dicen, es que diversos actores han empezado a volver poco a poco a la normalidad. Los perredistas, por ejemplo, ya eligieron a sus coordinadores parlamentarios —Javier González Garza y Carlos Navarrete— y la lectura fue casi unánime: ganó el partido, perdió López Obrador.

Ante estas voces, los nuevos líderes en el Congreso han sido especialmente cautos para no ser acusados de traición, no obstante han empezado a escucharse expresiones alentadoras. El PRD —ha señalado su nuevo coordinador en San Lázaro— no quedará fuera de los futuros acuerdos, y por eso formará parte de las negociaciones entre las distintas bancadas. Hablar de diálogo entre los grupos parlamentarios debería ser una obviedad, no obstante, en este clima de crispación es un guiño que ayuda a disminuir la tensión y muestra a un partido que no quiere tirar por la borda el capital ganado en las urnas.

A esta señal se suman los discretos deslindes de la Unión Nacional de Trabajadores —que no acudirá a la Convención Nacional Democrática convocada por López Obrador— y las claras posturas de Dante Delgado, líder de Convergencia, quien ha mandado dos mensajes inequívocos: reconocerá a quien el Tribunal señale como próximo Presidente, y dice que el 16 de septiembre habrá desfile militar con toda normalidad. Es triste que sea notable el compromiso con la ley; aun así es digno de mención cuando el emisor es un miembro destacado de la agonizante Alianza por el Bien de Todos.

Finalmente, hay otras líneas que completan el cuadro: el retiro parcial del bloqueo de avenida Reforma, así como el reconocimiento, ante el Financial Times, de la pérdida de simpatizantes por parte de Andrés Manuel quien, con ello, revela que todavía mantiene contacto con la realidad. Lo extraño es que, al mismo tiempo que escuchamos esta visión —que plantearía que podemos estar tranquilos—, también vemos cómo se reproduce otra teoría que asegura que el conflicto apenas empieza. Y como muestra, llaman nuestra atención sobre hechos o acciones de los mismos personajes. Ahí está, por ejemplo, la actuación de Marcelo Ebrard, que apenas muestra sensatez al anunciar la liberación de cruceros en la víspera del reinicio de clases, pero es también quien llama a los simpatizantes de AMLO a desconocer como futuro Presidente a Felipe Calderón, el mismo con quien probablemente tendrá que trabajar como próximo jefe de Gobierno. En otras palabras, un virtual gobernante que de entrada desconoce a los poderes Ejecutivo y Judicial, con las implicaciones legales y políticas que eso significa.

Estamos también ante dos bancadas perredistas que anuncian que en su debut –el próximo 1 de septiembre– impedirán al Presidente el uso de la Tribuna bajo la premisa de que fue Vicente Fox quien orquestó el fraude del 2 de julio —por cierto, la misma elección que permitió que esos legisaldores llegaran al Congreso de la Unión—. Todos ellos comandados por Andrés Manuel López Obrador quien cada vez radicaliza más su discurso y habla ya de la "revolución" que necesita México, del cambio de la forma de gobierno y de su próxima autoproclamación como Presidente de la República.

Dado lo contradictorio de ambas visiones, el sentido común nos dice que no pueden ser las dos ciertas, ¿cuál debemos creer entonces? En principio, hay que reconocer que la ambigüedad es un signo de estos tiempos, de ahí que las dos tendencias tengan fundamento. No obstante, tratándose de políticos yo apostaría por el pragmatismo, es decir, que en el mediano plazo se mantendrán fieles al movimiento de Andrés Manuel López Obrador aquellos actores que no tienen nada que perder, ya sea porque dependen del líder o porque cuentan con una fuente propia de poder e ingresos.

En contraste, quienes necesitan de la opinión pública o de otros actores políticos: aliados partidistas, legisladores que aspiran a ocupar cargos en comisiones importantes y, eventualmente, los próximos gobernantes de la capital, tendrán más incentivos para mantenerse dentro del cauce institucional e, incluso, deberán dialogar con sus adversarios. Al ser éstos mayoría, y si tuviera que apostar, no hay lugar a dudas: no obstante el ruido presente y por venir, me quedo con el primer relato.

sábado, agosto 26, 2006

AMLO Presidente

Después de varias semanas, aquí retomo los audios. En esta ocasión, dedicado a lo que será el futuro de AMLO como Presidente. El comentario es un fragmento de mi colaboración de todos los lunes con Martín Espinoza. AQUI EL AUDIO

lunes, agosto 21, 2006

Pasemos la página

(Artículo publicado en Excélsior el 19 de agosto)
Faltaban todavía tres años para que terminara el sexenio de Vicente Fox y el tema central en la agenda pública era ya la sucesión presidencial. Vino luego el desafuero, las precampañas, las campañas y así llegamos al 2 de julio, con la expectativa de que ese día llegaríamos al final de una etapa. Lamentablemente, como todos sabemos, las cosas no han salido como hubiéramos querido, y hoy, a siete semanas de la elección, aún estamos inmersos en una dinámica de lucha política.

Se acerca, es cierto, el final formal de la misma con el fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. No obstante, ni los más optimistas se atreven a ver en este hecho el fin del conflicto, sino, en el mejor de los casos, el paso a una nueva etapa del mismo en la que el nivel de crispación ira a más o a menos, según la actuación de todos los actores políticos. No es cosa menor, por supuesto, saber cómo evolucionará esta coyuntura, no obstante desde ahora podemos señalar el que, al parecer, será uno de los costos más notables. Me refiero a la pérdida de beneficios sociales que trae consigo una elección. ¿De qué estamos hablando? De la saludable renovación de personas y temas debido a la sucesión presidencial.

Es conocido de todos que el poder desgasta a quien lo ejerce. Basta con mirar las imágenes de los mandatarios al iniciar su gestión y compararlas con su rostro al terminarla, para ver que la pérdida atiende tanto al ámbito físico como al político.

Aunque conscientes de este hecho, poco se habla del desgaste que un sexenio implica para la opinión pública, que luego de seis años también suele acabar cansada.

Por un lado, por la desaparición de cualquier expectativa en torno del gobierno saliente, el cual, para entonces, ya habrá mostrado lo mejor y lo peor de sí mismo; pero también porque a estas alturas de la administración se ha pasado ya por un largo e intenso proceso electoral, que inevitablemente también harta.

Por eso, la sucesión es refrescante. Nuevos rostros ocupan nuevos cargos y en ese proceso se renuevan también los ánimos y las expectativas de la propia ciudadanía. Es el fin de un ciclo y el inicio de otro, que trae consigo un valioso compás de espera en el cual todos conceden al gobierno entrante el beneficio de la duda.

Con esta sana costumbre gana, naturalmente, el nuevo equipo, el cual disfruta de un periodo de gracia en el que puede utilizar como mejor le parezca el capital ganado en las urnas; pero también gana la opinión pública. Preocupa, por tanto, que hayamos pasado la barrera del 2 de julio sin que hayamos logrado cambiar el ánimo colectivo, pues en muchos sentidos se impone la sensación de que esta contienda no ha terminado y esa no es una buena señal.

¿Cómo recuperarnos de esa pérdida? En primer lugar, reconociendo que los costos los pagamos todos, independientemente de las afinidades partidistas. En ese sentido, el gobierno que encabezará Felipe Calderón –si así lo ratifica el Tribunal– deberá esforzarse por atender ese ámbito, lo que implica generar ilusiones sobre lo que será su gestión. No se ve fácil, pues esa fue una de sus principales deficiencias durante la reciente campaña en la que logró generar aversión sobre sus adversarios, no así entusiasmo sobre su propio proyecto. Aun así, el panista deberá agregar la variable anímica, al reto que tiene enfrente en materia de gobernabilidad.

Los priistas, por su parte, quizá no se han dado cuenta, pero también requieren que se cierre el ciclo. Sólo así podrán poner atrás el desastre que significó el 2 de julio a fin de iniciar una nueva relación con los otros partidos políticos y sobre todo con la opinión pública.

Y, finalmente, es importante señalar que el PRD, como partido político, también requiere dar carpetazo a este proceso. Se entiende que en la lógica de Andrés Manuel López Obrador esto no tiene sentido, pues él requiere continuar con la campaña que inició, por lo menos, desde que se postuló para la Jefatura de Gobierno; lo que mantendrá con vida a AMLO, según su estrategia, es la prolongación del periodo electoral y no su fin; no ocurre lo mismo con su partido, que deberá entender que el tiempo de campaña ha terminado y que la continuación de la misma terminará hartando, sobre todo a quienes apenas se le acercaron en esta elección; si el Partido de la Revolución Democrática quiere mantener e incrementar su capital político, deberá pasar a la etapa institucional en la que habrá de demostrar que sabe cómo usar los espacios ganados para cumplir con lo que prometió durante la contienda.

Hablar de estados de ánimo, cuando la agenda nos presenta temas tan sensibles como el próximo Informe de Gobierno o el desfile militar, parece fuera de lugar. No nos equivoquemos: subestimar la variable emocional en estos momentos es perder de vista uno de los elementos más sensibles en cuanto al comportamiento político. Una razón más para que pasemos ya la página en esta larguísima historia.

lunes, agosto 14, 2006

El futuro de Felipe (Calderón)

(Artículo publicado en Excélsior el 12 de agosto)

¿En dónde está Felipe Calderón? Esa es la pregunta que en público y en privado se escucha cada vez con mayor frecuencia. Y es que, por estrategia o por incapacidad, los panistas han entregado el espacio mediático —verdadera plaza pública— a Andrés Manuel López Obrador y sus seguidores, quienes se mantienen día a día como los protagonistas de la información.

Especular sobre el bajo perfil público del candidato presidencial de Acción Nacional sería ocioso, de no ser por el efecto que ello tiene al servir como caldo de cultivo para quienes hablan de su debilidad e, incluso, reviven las versiones sobre un posible interinato ante la posibilidad de que no llegara a tomar posesión el próximo 1 de diciembre, si así lo valida el Tribunal Electoral.

Frente a estos rumores, bien vale la pena preguntarse por qué no se siente el peso del michoacano. A esto habría que responder, en primer lugar, que de algún modo es un asunto de percepción, pues si bien no ocupa las primeras planas ni los titulares informativos, Calderón mantiene activa su agenda. El problema se explica entonces, al menos parcialmente, por la lógica del espectáculo mediático. Competir en atractivo con un plantón, una toma de casetas o el cierre de oficinas bancarias, resulta difícil para cualquier actor que busque destacar en las noticias, en especial, cuando la contraoferta suele ser un acto cerrado en el que el candidato panista dialoga con algún sector de la sociedad en un formato tradicional.

A esta falta de seducción mediática, se suma la camisa de fuerza que se ciñe sobre el panista y que le impide actuar como presidente electo, a riesgo de ser criticado por no esperar al fallo del Tribunal Electoral. Quien lo dude, puede recordar la intensa reacción que generó el aval ofrecido por Elba Esther Gordillo, que les ganó condenas para ambos personajes. Con estas dos limitantes, vemos a un virtual candidato ganador que no parece serlo. Quizá porque confía en que el Tribunal terminará por avalar su triunfo y eso cambiará definitivamente su estatus. Vistos los primeros datos del recuento, todo indica que así será, pues ante la ausencia de irregularidades que indiquen la realización de un fraude, más allá de errores o hechos aislados, es predecible el próximo reconocimiento al proceso electoral del 2 de julio y a su resultado.

De ser así, pasaremos a una nueva etapa en la que el panista tendrá que actuar como Presidente electo. El desafío no es menor. Si bien podrá presumir de la legalidad de su triunfo y que su legitimidad es suficientemente sólida, según los votos y las encuestas poselectorales publicadas, lo cierto es que el principal desafío se presentará en el campo de la gobernabilidad. Es un tema complejo, no hay duda, pues en sentido estricto esa batalla deberá sortearla —al menos de aquí a diciembre— Vicente Fox. Sin embargo, de lo que ocurra desde septiembre hasta finales de noviembre, dependerá de en qué condiciones asumirá el poder el segundo presidente panista de la historia. Para esta nueva etapa, será clave la manera en que se desarrolle la relación entre el mandatario saliente y el entrante. Más allá de las formalidades, está claro que todo encuentro entre ambos personajes y sus equipos de trabajo puede resultar una fuente importante de noticias para el largo periodo de espera previa a la entrega formal del poder.

De este acuerdo también dependerá el uso del capital político que aún mantiene el gobierno saliente. Menospreciado por algunos medios y analistas, no deberá perderse de vista que seguirá dependiendo de Vicente Fox el uso de los recursos económicos, legales y políticos de toda la administración. De ahí que habrá que ver si se ponen al servicio de la causa de su sucesor o si se reservan para cuidar la imagen del actual Presidente.

Adicionalmente, Calderón deberá relanzar la frustrada cargada que se presentó luego del reconocimiento a su triunfo por parte del IFE. Declarado ganador por el Tribunal, ahora sí no quedará ya ningún impedimento para que gobiernos extranjeros y estatales feliciten a quien será el siguiente Presidente, lo que también dará pie a nuevas especulaciones en torno de quienes podrían ser parte de su futuro gabinete.

Es importante señalar que dicha etapa también resulta compleja, pues ante un entorno que demanda decisiones, aún no contará con el poder formal, de ahí que el panista deberá trabajar con el poder que genera su mera expectativa. Calderón no podrá dar nada, pero sí podrá ofrecer. Por eso, los futuros encuentros con el panista adquirirán un mayor estatus, factor que deberá ser aprovechado para intensificar sus reuniones con actores que al mismo tiempo que fortalezcan su legitimidad, le permitan ir tejiendo los hilos –mediante acuerdos y compromisos– que servirán para la gobernabilidad de lo que eventualmente será su mandato.

En este momento, las miradas están puestas en la resistencia de López Obrador, los conflictos estatales y el intenso calendario político que trae consigo septiembre. No obstante, vale la pena empezar a mirar lo que dentro de poco deberá ocurrir con el hoy, casi invisible, Felipe Calderón.

lunes, julio 24, 2006

Miremos al PRI

(Artículo publicado en Excélsior el 22 de julio)
Si queremos saber qué le espera a México en los próximos meses, tenemos que mirar al PRD; si deseamos conocer qué rumbo tendrá nuestro país durante los siguientes seis años, probablemente sea necesario analizar al PAN; pero si queremos imaginar qué desarrollo tendremos, tal vez durante la próxima década, es indispensable que coloquemos la mira sobre lo que pasa hoy con el PRI.

Ubicado por los votantes como la tercera fuerza política, el otrora partido hegemónico pasa indudablemente por una mala temporada. Habitual protagonista de primeras planas y columnas políticas, en las últimas semanas el tricolor es apenas un actor de reparto en la escena mediática nacional. Podemos entender porqué. Su ex candidato presidencial se encuentra en Singapur rumiando su tercer lugar en la contienda; la dirigencia nacional carga con el sello de su derrota histórica, y aún no hay claridad sobre quiénes serán los que asuman el mando en la etapa por venir.

Pero esta ausencia coyuntural no debe confundirnos. Con los resultados del 2 de julio en la mano, podemos afirmar que el PRI será nuevamente el partido que definirá en buena medida el destino de la nación, gracias a sus futuros 103 diputados y 33 senadores. Se tratará de los grupos parlamentarios más pequeños en su historia, sin embargo, no hay que subestimarlos pues serán el fiel de la balanza en el próximo Congreso de la Unión.

Aún estamos padeciendo, es cierto, la cruda postelectoral, pero vale la pena recordar que las campañas, ésas que tanto padecimos, cumplieron con su función al revelarnos qué ofrecía cada quien. Para el próximo sexenio no podemos esperar otra cosa sino un PAN pro reformas. Ese fue su compromiso y sólo así adquiere sentido la búsqueda de un gobierno de unidad o coalición. En contraste, el PRD apostará todas sus fichas para que eso no ocurra y pase lo que pase en los siguientes meses, López Obrador ya ha empeñado su palabra en que seguirá trabajando para impedir el avance del modelo, que en su opinión, ha hundido a México. Se puede coincidir con una u otra postura. Lo importante es que sabemos qué esperar.

De ahí que adquiera tanta importancia conocer cuál será la actuación del PRI durante los próximos años. La respuesta no es sencilla. Pocos días antes de la elección una página web española me pedía que los sacara de dudas: ¿es el PRI de izquierda o de derecha? La respuesta quizá les generó más confusión: es de ambas. Al ser durante décadas la única vía para obtener el poder público, el tricolor se convirtió en el campo de batalla de visiones encontradas.

Desde 1982 y hasta el 2000, el PRI fue el partido que impulsó al diablo llamado neoliberalismo. Sin embargo, en el último sexenio cambió de rumbo, según se dijo, por razones ideológicas; verdad puesta en duda por un Roberto Madrazo que como candidato, se anunciaba como promotor de las reformas estructurales que como dirigente partidista no impulsó. La pregunta resulta obligada: ¿el bloqueo priista a los cambios desde el Congreso se debió entonces a convicciones o una estrategia electoral sexenal?

Los mensajes de campaña y los resultados obtenidos nos dieron la respuesta: se trató simplemente de una mala estrategia. El tricolor de Madrazo apostó por el fracaso del foxismo como la vía para volver a Los Pinos. Ofrecer en campaña lo que se negó desde las posiciones de poder fue un acto de mezquindad e incongruencia que, por fortuna, terminaron pagando en las urnas.

¿Entendió el PRI la lección? De ser así, lo que seguirá es un debate serio sobre su identidad, tanto en su rol de oposición como de gobierno. Qué reformas propondrá o apoyará durante los siguientes años. Cuál es la visión de país que ofrecen a los electores. Qué comparte con la propuesta del PRD y qué con la de Acción Nacional. El proceso electoral que está por concluir en las siguientes semanas fue muy intenso para el PRI más allá de los resultados obtenidos; en el transcurso de las campañas se hicieron evidentes las diferencias entre sus propios grupos. Algunos optaron por cambiar de militancia. Otros, simplemente, se pronunciaron u operaron por otros candidatos pero sin renunciar al partido. Toca ahora a los priístas, redefinir cuál es la materia común que los une mas allá de la mera ambición de poder.

Y una vez que resuelvan ese necesario debate interno, deberán preguntarse cómo van a jugar durante los próximos años, con miras – por lo pronto - a las elecciones del 2009. En esa discusión podrán elegir el modelo panista, ése que los blanquiazules llevaron a cabo con éxito desde 1988, y que les permitió sacar adelante su agenda y ganar electores, gracias a intensas negociaciones con los gobiernos priistas; otra opción es la receta perredista, recién validada por los buenos resultados obtenidos, y que les lleva a jugar de oposición sin ceder ni un centímetro, con los costos y beneficios que eso implica. Habrá que ver cuál de estos caminos siguen los priístas, por ahora lo único claro es que su decisión nos afectará, de una u otra forma, a todos.

martes, julio 18, 2006

Factor tiempo (o de la rivalidad de AMLO con el reloj)

(Artículo publicado en Excélsior el 16 de julio)
Es una de las variables más importantes en la política. Nadie puede controlarla pero aquellos que saben lidiar con ella suelen cosechar éxitos. Lo puede decir Francisco Labastida. Hace seis años era la imagen de la debacle priista y ahora, puede presumir de ser senador electo por el voto de los sinaloenses. Otro que lo sabe bien es Cuauhtémoc Cárdenas, quien a lo largo de su carrera ha sido mártir, héroe, muerto político, villano de algunos e indiscutible candidato a figura de aquí y hasta el 2010. Como se podrán imaginar, la variable a la que me refiero no es otra sino el tiempo.

Siempre importante, en estos momentos se hace más claro su peso. Lo siente, por ejemplo, Andrés Manuel López Obrador. Conocedor como pocos del espectáculo político, el ahora ex candidato sabe que el tiempo juega en su contra y que bien podría sumarlo a su creciente lista de adversarios. Crear y mantener una campaña de resistencia durante dos o tres semanas es una cosa; mantenerla viva durante un par de meses hasta que el Tribunal Electoral anuncie su fallo, es otra muy diferente.

Experto en dar la nota y marcar los contenidos de los medios, López Obrador se ha apoderado nuevamente del control de la agenda informativa. No obstante empieza a experimentar lo que los economistas llaman rendimientos marginales decrecientes. El primer día que Andrés Manuel convocó a los reporteros para mostrar sus videos, se coló hasta los titulares del día siguiente; conforme avanzó la semana, sus misiles fueron perdiendo terreno en las primeras planas y ya en la prensa del viernes, las denuncias del tabasqueño terminaron ocupando un espacio en las páginas interiores.

La tragedia de AMLO es que se encuentra atrapado entre tres tiempos, y quien conoce de estas artes sabe bien que aunque usemos el mismo aparato para medirlo, son distintos los relojes que miden al tiempo jurídico, mediático y político. El primero suele avanzar con mucha lentitud. Es mata pasiones, enemigo del rating, y por eso, quizá debamos esperar hasta agosto para saber el veredicto de los magistrados.

El segundo de ellos, el tiempo mediático, es lo opuesto. Corre a gran velocidad y es particularmente cruel pues la nota de hoy difícilmente seguirá siendo atractiva la próxima semana. No me queda duda, AMLO quisiera seguir hablando del presunto fraude de aquí a que el Tribunal coloque el punto final a esta historia; si por él fuera, cada día dedicaría varias horas a presentar sus video-pruebas; el problema para su causa es que no habrá diario, noticiero ni audiencia que lo resista.

El tiempo mediático se alimenta de la renovación constante y difícilmente el movimiento de Andrés Manuel tendrá capacidad para alimentarlo. Más aún, cuando el reloj político también parece estar en su contra.

La política implica movimiento, y AMLO, en la lógica de la impugnación demanda congelar las cosas hasta que se produzca el desenlace. A pesar de sus deseos, el país poco a poco se recupera del impasse que implicó el 2 de julio. Primero, fueron los gobiernos extranjeros quienes a través de sus felicitaciones mostraron que había que volver a la normalidad; los perredistas lograron con cierto éxito contenerlos, sin embargo, ya se empieza hablar de los próximos coordinadores parlamentarios y no faltará mucho para que crezcan las especulaciones sobre el siguiente gobierno.

Le guste o no a López Obrador, la rueda del poder no se puede detener por mucho tiempo y sería absurdo, por ejemplo, que los gobernadores de todos los partidos no empiecen a acercarse al que muy probablemente repartirá el pastel del presupuesto durante los próximos seis años. Por eso, la protesta de AMLO muestra desde ya signos de desgaste. Inevitablemente, pues así es la política, han empezado a surgir los reproches internos y poco a poco surgen los nombres de los nuevos liderazgos; la espera junto a López Obrador se volverá cada día más incómoda y ya hay quienes discretamente buscan las salidas.

Seamos claros: en este escenario, el tiempo no juega del lado de Andrés Manuel. ¿Y cómo afecta a Felipe Calderón? En una primera mirada, pareciera que también es víctima del reloj jurídico. La espera le impide ser noticia – a riesgo de ser criticado por acelerado - y el reloj mediático avanza sin tomarlo en cuenta. Tal vez para su sorpresa, resulta que el IFE lo reconoció como el candidato que obtuvo el mayor número de votos, pero no todas las cámaras y micrófonos están a su puerta.

Sin embargo, si Calderón sabe leer la coyuntura podrá sacarle provecho. Estar lejos de los reflectores no siempre es una maldición si eso permite hacer un trabajo político sin tanta presión. Si el silencio público está acompañado por un intenso diálogo privado, quizá la espera no sea tan mala. Al final, el reloj político juega a su favor pues el poder – incluso su mera expectativa – suele ser un incentivo para dialogar y poco a poco los actores irán recuperando su inercia. Visto así, todo indica que cuando llegue a su plazo el tiempo jurídico, la política y los medios ya habrán dado su contundente veredicto.

macampos@enteratehoy.com.mx www.enteratehoy.com.mx

lunes, julio 10, 2006

Corte de caja (o del futuro de los partidos políticos en México)

(Artículo publicado en Excélsior el 8 de julio)
Luego de escuchar el computo final del IFE, una comentarista radiofónica decía que vendrían los penaltis en la cancha del Tribunal Electoral. Ante su esperanzado pejismo habría que responder que este partido está viviendo sus últimos minutos con un claro ganador, y sólo estamos en espera del silbatazo final aunque una parte del público no pierda la esperanza de que se marque un sorpresivo penal que cambie el resultado. Ante lo improbable de que eso ocurra, les invito a que nos hagamos algunas preguntas sobre el futuro de los partidos políticos pues para todos ellos hay vida después del 2 de julio.

¿Qué va a hacer el PAN con el triunfo? Las cifras hablan: es la victoria más importante en su historia. No sólo porque ganó en 16 entidades, retuvo tres gubernaturas y será la primera fuerza política en ambas cámaras, sino porque todo eso lo logró sin tener que cargar durante los próximos años con la leyenda de que ganó el candidato y no el partido. Lo paradójico es que al ser esa una buena noticia, es también reveladora de la crisis de liderazgos que se vive en esa organización. Más allá de Felipe Calderón y Josefina Vázquez Mota, Acción Nacional carece de figuras nacionales – excluyendo, por supuesto, al popular Vicente Fox – y eso debería ser un foco amarillo que los haga preguntarse cómo van a aprovechar los próximos años para resolver ese problema.

¿Qué hará el PRD con el capital ganado? Al contrario de lo que ocurre con el PAN, el también histórico crecimiento del PRD no puede entenderse sin el carisma de su candidato presidencial. Por eso, y porque en las siguientes elecciones estatales no estará López Obrador en la boleta, en ese partido deben preguntarse cómo aprovechar las simpatías acumuladas durante la contienda. ¿Dejarán que se gaste en movilizaciones? o ¿acatarán – sin presiones - la decisión del Tribunal Electoral para borrar de una vez por todas la imagen de partido conflictivo?

En algunos sistemas políticos, el candidato derrotado se asume como líder formal de la oposición. ¿Será López Obrador el principal interlocutor del futuro gobierno, lo que lo mantendría vigente hasta el 2012, o apostarán por la conservación de sus banderas con una renovación de liderazgos? Por lo pronto, habrá que esperar a las siguientes elecciones estatales para ver si su avance electoral se mantiene o se desinfla como una burbuja que sólo se mantuvo gracias al efecto AMLO.

¿Qué hará el PRI con la derrota? Lo comentamos en este espacio hace algunas semanas: el PRI debe refundarse. Si los priistas son capaces de poner en perspectiva los resultados del pasado domingo, verán que todavía tienen partido para rato. Fue el fracaso de Roberto Madrazo como candidato presidencial, y por ello, todos pagaron las consecuencias. No obstante, no sería raro que en los próximos procesos locales el PRI vuelva a ganar. A pesar de su popularidad sigo sin compartir la hipótesis de un futuro México bipartista. Aunque aún no se ven con claridad ahí están políticos como los Enriques –Jackson, Peña Nieto y Martínez - que saben que la franquicia bien cuidada todavía tiene mucho que dar. Sólo el tiempo nos dirá si fueron capaces de renovarse o si la ambición de corto plazo los llevó a mudarse a otros partidos políticos.

¿Qué hará Convergencia con el PRD? El partido naranja no es el PT. Mientras el segundo vive desde hace años a expensas del Sol Azteca, el instituto que fundó Dante Delgado tiene vida propia. Por eso deberá ser muy cuidadoso en los próximos meses. Abandonar a López Obrador antes de que el Tribunal califique la elección quizá sería un gesto de deslealtad, pero seguir incondicionalmente al perredismo en eventuales protestas podría hacerle perder el capital que recién demostró en lugares como Veracruz.

Habrá que esperar a la integración del Congreso de la Unión pues será en ese espacio en el que Convergencia podría recuperar su autonomía, para asumirse como un interlocutor del gobierno federal. Sus votos, manejados con responsabilidad, bien pueden contribuir a la gobernabilidad y al desarrollo del país.

¿Qué va a hacer Patricia Mercado con Alternativa? La ex candidata sabe que quien ganó el registro fue ella y no su partido. ¿Podrá convertir su imagen en el capital de una fuerza política o se quedará únicamente como una autoridad moral? Alternativa no pesará por su lugar en el Congreso pero si sabe dialogar y logra impulsar su agenda, con trabajo en medios y e interlocución con otros actores, podrá seguir haciendo historia.

¿Tiene futuro Nueva Alianza? Todo indica que sí. El pasado domingo demostró que tiene la capacidad de llevar hombres y mujeres al Congreso, basado únicamente en su propia estructura. Será un aliado mediático, político y parlamentario del futuro gobierno y eso le permitirá crecer. Tiene claridad en su agenda como pocos, y las próximas elecciones estatales pueden ser su vía al crecimiento.

Por último, ¿dejará de ser negocio de unos cuántos el Partido Verde? Vistos los buenos resultados que obtuvieron el domingo pasado – que les permitirá mantener espacios en el Congreso y prerrogativas del IFE a pesar del fracaso del PRI- la respuesta es no.

martes, julio 04, 2006

Todos a votar (o la agenda para el que gane)

(Este artículo apareció publicado el sábado 1 de julio en Excélsior pero tiene ideas que valen para después de la elección. A ver qué les parece)

Llegó el día. Finalmente, (...) elegiremos a quien será nuestro próximo Presidente de la República. Quien gane, no hay duda, será un Mandatario legítimo, atributo que lamentablemente desde ahora hay quien le quiere regatear bajo la premisa de que será producto de una participación electoral escasa sumada a unas preferencias divididas. En esa lógica, incluso, se han escuchado algunas voces que consideran que el ganador será uno de los gobernantes elegidos con el menor número de votos en la historia reciente de nuestro país. La idea, aunque vendedora, es engañosa.

En primer lugar, porque lo que le otorga la legitimidad al ganador no es la cantidad de votos que obtuvo, sino el número de votos válidos que en realidad se emitieron en conjunto. En otras palabras, la idea de la democracia descansa en que todos aquellos que participamos en el proceso electoral – candidatos y ciudadanos – lo hacemos con el compromiso de avalar el método y por lo tanto el resultado. Quien triunfe gobernará para todos, no sólo para quienes lo respaldaron.

Ante esas voces también habría que recordar nuestro pasado político en el que prácticamente bastaba el voto de un solo hombre – el Presidente saliente – para designar a su sucesor. En ese sistema, la legitimidad descansaba más en el aval de los sectores del partido-gobierno, que en el auténtico respaldo ciudadano en las urnas. Citando a un clásico: no nos hagamos bolas, el ganador de mañana será infinitamente más fuerte – en su origen – que cualquiera de los que fueron electos en un sistema en el que no había competencia real ni libertad de información y opinión. Como ejemplo crudo basta con recordar la elección de José López Portillo, quien ni siquiera enfrentó una competencia en la boleta.

La precisión es pertinente pues no podemos quitarle mérito desde ahora a quien nos gobernará durante los próximos seis años. Sería un grave error pues ya ha sido demasiado costosa esta contienda. Evaluemos, si se quiere, la pertinencia de una segunda vuelta pero eso no aplicará en esta ocasión. Por eso, cuando se anuncie el nombre de quien ganó habrá que cerrar filas y reconocerle todo su capital político pues le hará falta. Y es aquí que quisiera llamar la atención sobre algunas de las tareas que demandarán la atención del futuro ganador.

El primer desafío será darle vuelta a la página. La polarización es real y todavía no sabemos hasta dónde ha perneado en la sociedad y hasta dónde fue sólo un tema de campaña. Cualquiera que sea la respuesta, la primera tarea del ganador será tender puentes. Por un lado, entre la clase política que se seguirá viendo las caras en diversos espacios de poder como el Congreso: por el otro, entre la población. México cuenta entre sus activos con una sociedad que no está confrontada y ningún político debe jugar con eso.

En esta lógica, el ganador también deberá llevar a la práctica lo que Dick Morris ha bautizado como la triangulación, estrategia que consiste en retomar las banderas de los adversarios. Si bien el planteamiento del consultor norteamericano se refiere a la comunicación política, debe utilizarse en el escenario mexicano más allá de la lógica electoral. Si algo ha mostrado esta larga contienda han sido las diferencias entre las visiones de los distintos aspirantes. En algunos casos con visiones incompatibles, pero en muchos otros, únicamente con diferencias de acentos.

Si gana Felipe Calderón, por lo tanto, no sólo deberá cumplir con sus promesas de empleo sino que estará obligado a incorporar parte de la oferta social de Andrés Manuel López Obrador. En el mismo sentido, un Andrés Manuel ganador tendrá que ser especialmente cuidadoso y responsable con todas las variables de la economía que hoy nos han dado estabilidad. Jugar con la inflación, las reservas o cualquier otro factor que se traduzca en crisis sería sumamente costoso, e implicaría la muerte política del PRD que en los hechos habría dado por buenas todas las advertencias de sus opositores.

México, decía ayer en estas páginas Jorge Fernández, no se puede reinventar cada sexenio. Tiene razón. En estos años los mexicanos hemos logrado triunfos importantes.
Nuestra política social – formada y mejorada a lo largo de los últimos sexenios – es reconocida internacionalmente; tenemos estabilidad económica y hemos avanzado en campos importantes como la transparencia y la democracia en su sentido más amplio de ejercicio de las libertades. En estos y otros ámbitos no hay que hacerle al alquimista.

El reto para el ganador de mañana será reconocer lo que sí funciona y utilizar toda la fuerza de su triunfo en construir un gobierno con liderazgo que nos lleve por el que él considere el mejor camino. Esa será su tarea. La nuestra, por ahora, es salir a votar el día de mañana. Que cada quien cumpla su parte.
PD. En estos momentos, cuando es 4 de julio, puedo decir con orgullo que los ciudadanos que votamos y participamos en el proceso de una u otra forma, cumplimos con nuestra parte. Felicidades para todos.

lunes, junio 26, 2006

Tomemos partido

(Artículo publicado en Excélsior el 24 de junio)
Ocho días nos separan de la elección y ha llegado el tiempo de tomar partido. En los últimos seis meses, los mexicanos hemos sido testigos y partícipes del desarrollo de las campañas. Durante este periodo, la mayoría de los analistas han puesto el acento en las críticas. Se ha dicho que no han aparecido las propuesta y que los mensajes negativos han marcado la pauta. Frente a esa visión yo les propongo otra, que parte de que en la política las cosas hay que hacerlas con lo que tenemos y no con lo que quisiéramos contar.

La contienda que hemos visto no está para hacerle un homenaje, sin embargo, ha cumplido su función. A estas alturas nadie puede alegar que Felipe Calderón, Andrés Manuel López Obrador, Roberto Madrazo, Patricia Mercado y Roberto Campa, sean todos iguales. A pesar de sus limitaciones, las campañas han servido para reflejar las diferencias en sus personalidades y proyectos, y hoy contamos con suficientes elementos para poder elegir. Por cuestiones de espacio me enfocaré en los dos aspirantes a la Presidencia que las encuestas colocan con mayores posibilidades de triunfo.

Empecemos por Andrés Manuel López Obrador. Del candidato perredista podemos decir mucho. Lo hemos visto como candidato a la gubernatura de Tabasco, Presidente del PRD y sobretodo como Jefe de Gobierno. Sabemos cómo entiende a la política. Le gusta y sabe usar el conflicto, habilidad valiosa en un político que le permite definir sus adversarios y banderas. A lo largo de los años López Obrador ha mostrado su carácter que lo mismo le permite decidir la controvertida construcción de obras como los segundos pisos, que asignar a Palacio Nacional como la casa presidencial si es que gana el 2 de julio. Andrés Manuel es un hombre impulsivo e intuitivo que está convencido de su razones, lo que le permite enfrentar la adversidad, al tiempo que le impide responder con rapidez a los cambios en el entorno.

Si votamos por López Obrador sabemos qué estaríamos eligiendo. Un Presidente con una imagen fuerte – lo hemos visto en su relación con los otros poderes, incluidos los medios de comunicación - que colocaría sus propuestas por delante de las críticas, lo que probablemente nos llevaría a replicar desde el poder la polarización que hoy hemos visto durante las campañas, en particular, por su política social que algunos ven como la respuesta a sus súplicas y otros consideran como la vía más corta para volver a las crisis y al corporativismo que tan bien conocemos.

En la otra esquina encontramos a Felipe Calderón. Pese a su paso por la dirigencia de Acción Nacional y sus cargos en el gobierno de Vicente Fox, el michoacano resultaba un desconocido para muchos hasta que empezó la batalla. Hoy sabemos que su propuesta de gobierno pasa por la construcción de una coalición. La apuesta es clara: construir los acuerdos con los partidos políticos que le permitan sacar adelante las reformas estructurales que se le atoraron al foxismo. En este tiempo, Calderón fue tibio en sus posiciones públicas ante la administración de Vicente Fox. Lo cierto es que tampoco hicieron falta para entender – vía la presencia en su equipo de Josefina Vázquez Mota y Eduardo Sojo, por mencionar sólo algunos – que un eventual triunfo implicaría en muchos sentidos una continuidad de lo que hasta hoy hemos visto, al menos en temas como política económica y social. Si eso es bueno o malo, dependerá de su propio juicio.

Estamos ante dos visiones claramente diferenciadas. Si gana uno u otro, el país caminará durante los próximos años por rutas distintas. Por eso es importante tomar partido. Debemos hacerlo porque se nos acaba el tiempo. El próximo dos de julio en la noche sabremos todos el nombre del próximo Presidente de México. A partir de ese momento habrá que dar la vuelta a la página. Seguiremos siendo fieles a nuestras ideas pero habrá que hacer una pausa de al menos tres años en la lucha política. Quien gane deberá recibir nuestro apoyo y en la medida de lo posible, deberemos ser generosos para que pueda lleva a la práctica sus propuestas de campaña. Sabotearlo simplemente porque no fue nuestra opción sólo condenaría el país a seis años de parálisis.
Esta batalla deberá llegar a su fin dentro de ocho días, cuando daremos paso a la reconciliación; ahora, es el momento de tomar partido.

sábado, junio 17, 2006

Adiós a las encuestas

(Artículo publicado el 17 de junio en Excélsior)
Compañeras de viaje de la democracia mexicana, las encuestas se han convertido en protagonistas de todo proceso electoral. Gracias a ellas los perredistas vieron durante meses al 2 de julio como un mero trámite. No había duda, Andrés Manuel López Obrador iba solo en su camino hacia Palacio Nacional. Luego empezaron las campañas, Felipe Calderón dio la sorpresa en el PAN y el partido que todos daban por muerto logró generar expectativas de triunfo. A lo largo de los últimos meses el panista alcanzó y hasta rebasó. Los perredistas reaccionaron, recuperaron el terreno perdido y hoy, según todos los estudios de opinión serios, la moneda está en el aire.

De las últimas cinco encuestas que se han publicado ya con el posdebate, dos –El Universal y GEA-Isa – colocan a Felipe Calderón como puntero, y tres – Reforma, Demotécnia y Consulta Mitofsky – ubican a Andrés Manuel al frente de la contienda. La diferencia es importante, sin embargo, en ninguna la distancia entre uno y otro es superior a tres puntos.

Salvo la encuesta de El Universal todas también coinciden en que luego del encuentro entre los candidatos a la Presidencia – y la polémica en torno a Diego Zavala – López Obrador creció y Felipe Calderón perdió terreno en la intención de voto. No obstante, vistos los datos es posible citar al titular de Excélsior del 7 de junio: Pega pero no tumba, atinada frase que en su momento describió el desempeño del panista la noche del 6 de junio, y que ahora se puede aplicar al posdebate claramente ganado por el perredista. Que la campaña de la Alianza por el Bien de Todos se encuentra en buen momento, no hay duda, sin embargo aún no puede cantar victoria.

Habrá que esperar a la última avalancha de mediciones, no obstante, parece difícil que los datos cambien hasta alcanzar rangos que sean definitivos. De cumplirse este pronóstico, resultará claro que las encuestas, ésas que nos han cautivado durante años, serán instrumentos inútiles a la hora de pronosticar el resultado del próximo 2 de julio. Con resultados que caben dentro de los márgenes de error, un electorado que ha mostrado su volatilidad en los últimos meses, y un porcentaje de indecisos que aún puede cargar la balanza, nadie puede asegurar quién será el ganador. Por ello, es que ha llegado el momento de dejar las encuestas a un lado para poner nuestra atención sobre los operadores políticos.

Durante los próximos días la duda no serán más las preferencias electorales, esas ya las conocemos; el reto ahora será convertir esas intenciones en votos en las urnas. Esa será la variable que determine el final de esta historia y ésa, la operación, no hay encuesta que la mida.

Es la hora de Convergencia y su capacidad para movilizar a los electores en Veracruz y la conflictiva Oaxaca; es el tiempo de los gobernadores priistas, cuya fidelidad al PRI ha sido puesta en duda; y es también la hora de Elba Esther Gordillo y su alianza con Vicente Fox.

Dos semanas faltan para el día de la elección y en este plazo será cuando sabremos si las listas partidistas para el Congreso, esas de las que ya no nos acordamos, tuvieron sentido o no. Es el turno de Benjamín González Roaro y Diódoro Carrasco que pasaron de las filas del PRI al PAN; pero también de Raúl Sifuentes y Enrique Ibarra, que deberán demostrar que su llegada al PRD se traducirá en votos en Coahuila y Jalisco, respectivamente.

A esta, la etapa final, llega el PRI cargado de experiencia pero con la amenaza del voto útil que pende sobre su cabeza, y el costo de haber perdido a figuras como Roberto Vega Galina - dirigente del sindicato del IMSS-, y a la propia Elba Esther, Presidenta del SNTE, cuyas facturas todavía están por valorarse; para el próximo 2 de julio, el PRD podría sentirse confiado luego de su paso por las plazas públicas sino fuera porque la historia les ha demostrado que los zócalos no votan, como recientemente les recordó Cuauhtémoc Cárdenas; y el PAN, llegará a las urnas por primera vez en su historia, como el partido en el gobierno federal y con la esperanza de que los electores que usualmente no llegan a sus mítines, salgan a la hora de votar tal y como lo hicieron hace seis años.

Finalmente, en los próximos 15 días influirán el entorno económico nacional, el desempeño del gobierno foxista, los conflictos estatales y quizá hasta el estado de ánimo que nos produzca la Selección Nacional; todo un cóctel que nos recuerda los límites de las encuestas y lo frágil que puede ser la supuesta certidumbre política.


macampos@enteratehoy.com.mx

lunes, junio 12, 2006

Percepción NO es realidad

(Artículo publicado en Excélsior el 10 de junio)

Quienes trabajamos de alguna manera con los medios –politólogos, publicistas, mercadólogos y políticos– lo sabemos: percepción es realidad. Y como en "La boa", la célebre canción de la Sonora Santanera, también lo saben los locutores, los periodistas y los ingenieros. Todos lo saben. Y lo sabemos porque lo hemos visto. Si alguien lo duda, puede recordar a Arturo Montiel, quien vio desvanecer sus aspiraciones políticas en el mismo espacio en el cual las vio nacer: la prensa escrita y electrónica. Si Montiel es un corrupto o no, es cosa ajena, de tribunales. Comisiones especiales aparte, todo indica que por esa vía nunca se resolverá su caso –y ni falta que hace–, pues en el juicio de la opinión pública, Montiel ya fue sentenciado.

La percepción a veces lo es todo. ¿Recuerdan a Taesa? Desaparecida aerolínea que desde hace algunos años se convirtió –involuntariamente, por supuesto– en mi ejemplo favorito cuando se habla de un mal manejo de crisis. En algún momento de su trágica historia se les cayó un avión, y con él también la confianza de los consumidores, quienes le hicieron el vacío a sus taquillas hasta quebrarla.

Con estos ejemplos, resulta fácil repetir el axioma hasta cansarnos: percepción es realidad, más aún si agregamos uno de sus complementos favoritos: al menos, en cuanto a sus consecuencias. Quizás un banco no tenga problemas financieros, no obstante, bastará con que un rumor sobre sus finanzas cobre suficiente fuerza para que todos sus ahorradores quieran sacar su dinero. En ese momento, la crisis de la institución se hará realidad. Profecías autocumplidas como esta, son prueba del dicho.

Sin embargo, visto el panorama nacional, bien vale la pena recordar que nuestro principio tiene límites. Dicho de otro modo, lo percibido no es necesariamente la realidad. Incluso puede ser su opuesto. La reflexión viene a cuento porque nuestra clase política parece decidida a llevar el reino de la imagen hasta el límite. Vistos los spots y discursos recientes, está claro que para muchos se acabó la realidad y ya sólo existe la percepción.

Bajo esa premisa es que el PAN no ha tenido ningún problema para mentir, como lo ha hecho, al mostrar a López Obrador justificando el linchamiento de Tláhuac, cuando el entonces jefe de Gobierno se refería, en la imagen mostrada, a hechos diferentes. Miente también el PRD al inducir la idea de un Felipe Calderón firmando un aparente Fobaproa, acción evidenciada, al apuntar hechos tan simples como que la mano firmante es de un diestro, mientras que Calderón es zurdo; en esa dinámica encontramos también a Patricia Mercado, quien utiliza imágenes del primer debate para dar la idea de que sus contendientes se inclinan por un triunfo de la candidata.

Manipulaciones todas de diverso grado, pero con un denominador común: lo importante no es lo que ocurrió, sino lo que podemos hacer creer que en realidad pasó. Se dirá que eso ocurre en todo spot. Nadie cree, por ejemplo, que sea un delincuente real quien tiembla de miedo ante la oferta política de Roberto Madrazo. No obstante, aquí estamos hablando de una perversión aún mayor. No se trata de ficción, sino de distorsionar la realidad de tal forma que nada tenga que ver con la verdad.

El fenómeno ha crecido conforme avanzan las semanas y ahora se extiende hasta el discurso público. Luego del segundo debate, se cocinó la idea de un pacto entre las fuerzas políticas. Vistos los mensajes de sus promotores y participantes, el proyecto respondería a las necesidades nacionales. Basta con ver su nombre: Acuerdo Democrático por la Equidad, Legalidad y Gobernabilidad. ¿Quién criticaría semejante compromiso?
Según se anunciaba, sería una pieza clave para apuntalar la elección del 2 de julio. Todos acatarían el resultado y tendríamos una sucesión ordenada. Como ya se ha vuelto costumbre, resultó falso. Con sólo mirar su contenido, resulta claro que es una trampa con diferentes destinatarios, especialmente el IFE, al que le colocan un enorme sello de desconfianza al pedir una auditoría al Padrón Electoral y al Programa de Resultados Preliminares, a pocas semanas del día de las votaciones. Lo que se vende como un gesto de confianza es en realidad una coartada para futuras protestas poselectorales.

Que alguien se sorprenda por el hecho de que los políticos mientan, parece un acto de ingenuidad; aun así asumo el costo, pues el nivel de cinismo va en ascenso y algo debemos hacer. Cada día que pasa se pretende engañar con mayor descaro, incluso con datos que son refutables en pocos minutos.

Ante la proximidad de la elección crece la tentación de mentir, pues se asume que lo único realmente importante es la impresión que se genere en los futuros electores. Así está ocurriendo y nada indica que esto vaya a detenerse con el 2 de julio. Por el contrario, así seguirán las cosas hasta que los ciudadanos les demostremos a los políticos que también valoramos la verdad. El día que ellos lo sepan, quizá empiecen a cambiar las cosas.

lunes, junio 05, 2006

La recta final rumbo al 2 de julio

(Artículo publicado en Excélsior el sábado 3 de junio)

Es la recta final. Luego años de espera, estamos a sólo cuatro semanas de la elección del 2 de julio. Lo que está en juego es mucho. Pienso en el futuro del país, pero también en el de los contendientes. López Obrador, por ejemplo, se juega su última carta. El tabasqueño puede perder y pelear nuevamente por el cargo dentro de seis años. Formalmente nada se lo impediría. Sin embargo, parece difícil que si no gana en julio próximo, luego de su campaña de seis años desde el gobierno del Distrito Federal, vuelva a estar tan cerca del poder como lo está ahora.

Lo mismo le pasa a su paisano que desde que tenía 10 años, según contó a Andrea Legarreta en el programa Hoy, sueña con ser Presidente de México. En la elección pasada Roberto Madrazo ganó perdiendo. Francisco Labastida cargará por siempre con la derrota histórica y Madrazo salió con una carta que ha presumido desde entonces. “Yo hubiera ganado”. Su oficio y la historia le han dado la oportunidad de demostrarlo. Si no lo logra se le habrá acabado el sueño.

Felipe Calderón es el más joven de los tres. Su edad no sería un problema en caso de una derrota, la política sí. El michoacano podría seguir con su carrera y ser senador como lo fue Diego Fernández y probablemente lo será Francisco Labastida, ejemplos fieles de que hay vida después del fracaso. No obstante, se habrá acabado la ilusión de ocupar Los Pinos. El lo sabe: el PAN no es el PRD y Felipe no es Cuauhtémoc. Por eso, en las siguientes semanas los candidatos deberán apostarlo todo.

Andrés Manuel sabe que su capital lo encuentra frene al espejo. Su partido le sirve de poco y si gana será él quien merezca el aplauso. A falta de estructura depende de su conexión con los electores, de ahí que su reto mayor sea generar confianza. Pese a su intensa campaña mediática, AMLO sigue provocando miedo en amplios sectores de la población. En las últimas semanas, López Obrador ha mostrado con mayor claridad una imagen de su eventual mandato: reducción del gobierno, incremento en el gasto público – reflejado en subsidios a la gasolina, la luz, el gas, pensiones universales, etc- y un manejo económico que incluso se alejaría de lo que llamó la ortodoxia a la hora de cumplir los compromisos financieros que tiene México. Unos aplauden el modelo, otros, tienen nuevas razones para el insomnio.

Pero si confianza es la palabra clave cuando hablamos del PRD, cohesión es la que viene a la mente cuando se trata del PRI. Si el PRI no se ha desplomado en las encuestas es mérito del partido, no del candidato. Los negativos de Roberto Madrazo sigue siendo muy altos y nada permite pensar que eso cambiará en cuatro semanas. Sin un aspirante fuerte, el capital recae en la estructura. El reto es que no se desmantele ante el voto útil. De ahí los malabares de los últimos días para tratar de mostrar una imagen alentadora. “No se vayan, todavía podemos ganar”, es el mensaje que se escucha desde la campaña. Lo importante es contener la caída.

Sobretodo ante voces como la de GEA, que ayer publicó su más reciente encuesta que coloca a Felipe Calderón a 12 puntos de distancia del candidato del PRI. (34 contra 22, en población abierta). El estudio aparece en un excelente momento para el panista, a cuatro días del debate presidencial y justamente cuando el desafío blanquiazul es despertar entusiasmo. Hoy -según Consulta Mitiosky- el porcentaje de electores que cree que Calderón va a ganar, es prácticamente el mismo que el que apuesta por Andrés Manuel, (32% vs 31%). Si el PAN logra contagiar ese ánimo podrá retener el poder.

Finalmente, los próximos días también serán el campo de batalla para los otros dos contendientes. Roberto Campa deberá cumplir su misión hasta el final. Derrotado hasta ahora en todas las encuestas, su partido aún tiene una posibilidad gracias a su origen. No lo miden los estudios de opinión pero existe y pesa. Me refiero al SNTE. Su presidenta, Elba Esther Gordillo, deberá mover sus cartas. Quizá juegue con el PAN, quizá para su partido. La experiencia nos dice que la Maestra, cuando juega, lo hace en varias pistas de manera simultánea así que no sería sorpresa si la maquinaria elbista saca adelante el porcentaje mínimo para mantener a otra pieza en el tablero político.

Visto así, el Partido Nueva Alianza cuenta con un activo que ya quisiera Patricia Mercado: estructura, concepto inexistente en una campaña que cuenta con la imagen de su candidata como su único capital. Hasta donde retrataron en mayo Demotécnia y Consulta Mitofsky, Mercado logró algo que parecía imposible: mantener el impulso que le dio el primer debate, lo que le permitirá presentarse el próximo martes con más de medio registro en la bolsa. Su mensaje deberá ser claro y creíble: hace falta otra opción frente a los actuales partidos. Ya veremos si logra convencer.

Veintinueve días le quedan a esta elección. Para los simples mortales, durarán lo que dura un mes. Para quienes se juegan su futuro, apenas serán un suspiro.


macampos@enteratehoy.com.mx / www.enteratehoy.com.mx

lunes, mayo 29, 2006

Refundar al PRI

Es el partido político más importante en México. Así lo avalan sus 17 gubernaturas, cientos de presidencias municipales y una sólida presencia en el Congreso de Unión y las legislaturas estatales de todo el país. Se trata del Partido Revolucionario Institucional, el PRI. El único partido en México que puede presumir de ser la primera o la segunda fuerza política en cualquier entidad, con excepción quizá del Distrito Federal.

Desde que yo recuerdo, al partido tricolor se le pronostica la muerte periódicamente. No obstante aquí sigue. Sobrevivió a la histórica derrota del 2000 y contra todos los pronósticos se mantuvo como el partido con más elecciones ganadas en los últimos seis años. Saldo digno de reconocimiento que se explica por su innegable voto duro, formado por millones de mexicanos que aún en las peores circunstancias salen a las calles el día de las votaciones a refrendar su militancia.

Gracias a esa fidelidad el PRI no sólo esta vivo sino que tiene cuadros suficientes para abastecer las filas de los otros partidos políticos. La lista de nombres ocuparía varias páginas. Basta con señalar la presencia de Diódoro Carrazco y Javier Lozano en el PAN, y de los candidatos a la Presidencia del PRD y Nueva Alianza, Andrés Manuel López Obrador y Roberto Campa, lo que nos deja – junto con Madrazo Pintado - con tres aspirantes en la boleta presidencial con militancia priista. Nada mal para un partido en decadencia.

No obstante su probada fortaleza, el PRI pasa por el peor momento de su historia. Tomemos como referencia la última encuesta publicada hace unos días en el periódico Reforma: Calderón 39%, López Obrador 35%, Roberto Madrazo 22%. Diecisiete puntos de distancia con el puntero. Si bien en otros estudios sube, no hay ninguno desde hace meses, que lo coloque siquiera en el segundo lugar. Ante este escenario han surgido, nuevamente, las voces que auguran su extinción.

Frente al escenario de la debacle –que haría ver a Francisco Labastida como el candidato que al menos quedó en segundo – la actual dirigencia del PRI parece decidida a reventar la elección. Para algunos analistas, la apuesta está en la repetición del proceso electoral, con el consecuente incremento del abstencionismo y la revaloración de las estructuras partidistas. En ese juego y según sus cálculos el PRI llevaría las de ganar. Para otros observadores la apuesta no llega tan lejos. La aspiración en realidad sería – evocando a Agustín Lara – vender caro su amor al próximo presidente, sobretodo si se llama Felipe Calderón.

En este momento yo me inclinaría por esta versión aunque también resulta endeble pues parte de una premisa equivocada: el PRI no es de Roberto Madrazo. Tampoco de Mariano Palacios. Hoy son ellos quienes representan la franquicia y así lo harán hasta el 2 de julio. Derrotados en las urnas verán desvanecerse su capital simbólico. Su voz será la del tercero, la del lejano tercer lugar. Podrán servir de coro, no hay duda. El problema es que también perderán el capital político que acompaña a sus cargos.

A partir del 3 de julio el manejo de la franquicia quedará en el aire. La dirigencia marcada por la derrota será incapaz de pactar nada y el poder regresará a quienes hoy mantienen al PRI: sus 17 gobernadores. En ese momento, cada uno en función de su agenda, determinará el futuro de su parcela. Aquellos mandatarios con varios años por delante en el cargo, pedirán que se serenen los ánimos. Dirán que el que ganó, ganó y será el tiempo de ver alianzas y presupuestos. Quienes ya van de salida quizá puedan respaldar la resistencia durante algunos días, sólo hasta que recuerden su prioridad: garantizar su sucesión a modo.

En esos días quizá nos confunda el desconcierto y se hable de la balcanización del PRI. Tal vez, durante algún tiempo, se escuche la voz de las protestas. Hasta que alguien desempolve los libros de historia. Pasado el trago amargo alguien resucitará a Plutarco Elías Calles. Recordarán que el PRI es todavía – pase lo que pase el 2 de julio – el partido político más importante en México y medirán el costo de engancharse en un conflicto postelectoral. Para Madrazo quizá ya no haya futuro. Para el partido sí.

Evaluarán los costos de la movilización como hace algunos hiciera el Partido Demócrata en Estados Unidos y reconocerán que podrían perder más con un conflicto que contamine al país que con un mal arreglo. Se impondrá el sentido común y Madrazo y los suyos estarán cada día más solos.

Al poco tiempo los gobernadores volverán a sentarse en la misma mesa. Verán que ganan más juntos que como grupos aislados y en una repetición de la historia refundarán su partido. Verán al PAN a la derecha, al PRD como lo más parecido a la izquierda y deberán reinventarse para encontrar su lugar en el país. Frente a quienes ven en el futuro inmediato a un México bipartidista, yo no apostaría en contra del pragmatismo del PRI. Al menos en esta ocasión, la historia está de su lado.

macampos@enteratehoy.com.mx www.enteratehoy.com.mx

jueves, mayo 25, 2006

Hugo Chávez y Evo Morales, la adicción al poder


El poder, siempre el condenado poder. Nunca lo he experimentado, al menos no en su faceta de poder político, lo cierto es que algo debe de tener que causa adicción. Ejemplos sobran, desde el célebre Fidel Castro hasta nuestros propios líderes sindicales como Francisco Hernández Juárez, con varias “décadas de servicio” a cuestas. El tema no es, por tanto, novedoso, sin embargo, me llama la atención como algunos de los líderes de la nueva izquierda latinoamericana enseñan sus ambiciones con tan poco pudor.

Lo digo, claro, por Hugo Chávez, el mandatario venezolano que recién oficializó lo que parecía una simple baravuconada. Ahora resulta – según anunció el día de ayer – que convocará a un referendo para consultar a los venezolanos sobre la opción de la reelección inmediata "indefinida". Todo como protesta en caso de que los partidos de oposición en su país se retiren de las elecciones presidenciales de diciembre.

Actualmente, la Constitución sólo permite al presidente ser reelegido de inmediato por una sola vez, para un periodo adicional. Lo cual, por cierto, ya ocurrió, pues fue electo por primera vez en 1998 y luego de impulsar una nueva constitución se volvió a elegir en el 2000. Lo mejor es que según el presidente, su propuesta no representaría una amenaza para la democracia porque ante todo estaría la "opinión de la gente".

Pero si eso ocurre en Venezuela, en Bolivia no es muy distinta la cosa. Apenas llevan cuatro meses en el poder y ya sueñan con la reelección. Lo digo porque el Senador Antonio Peredo, alto dirigente del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de Evo Morales, “está convencido de que el actual Gobierno necesita un segundo mandato para dar continuidad a las políticas y los planes de reforma.” Y por ello ya han planteado “introducir en la Asamblea Constituyente, que será elegida el próximo 2 julio e inaugurada el 6 de agosto, una reforma que permita la reelección del presidente y del vicepresidente”, acción que al menos hasta ahora prohíbe la constitución.Por supuesto, la iniciativa ya ha generado oposición, sobretodo porque “Bolivia se prepara para un nuevo proceso electoral el primer domingo de julio, esta vez para elegir a los constituyentes encargados de definir la nueva Carta Magna que regirá el país”, según reporta El País. Luego de la polémica, el vicepresidente boliviano, Alvaro García Linera, descartó la iniciativa, sin embargo, a la luz de las experiencia nacionales e internacionales, no me extrañaría que en unos años Evo Morales se sacrifique por su país y le haga compañía a su amigo y tutor Hugo Chávez. Diría Ricardo Alemán, al tiempo.

martes, mayo 16, 2006

Pifia de la BBC: confunden a experto con un solicitante de trabajo

Esta nota no tiene desperdicio. Sin duda quedará en mi colección como una de mis favoritas y será referencia obligada para mis alumnos de la Ibero. Resulta que en la BBC entrevistaron a un experto en sistemas. La entrevista se realizó y salió al aire en vivo. ¿Dónde está la nota? Que el entrevistado no era quien ellos decían sino un cuate que fue a pedir trabajo y que estaba en la sala de espera...junto con el experto - los dos de nombre Guy - que de pronto se vio reemplazado en la pantalla.
"El error surgió cuando un productor acudió a la recepción equivocada del edificio para recibir al experto en tecnología. Cuando el productor preguntó por Guy Kewney, el recepcionista señaló al hombre misterioso, que se llama Guy Goma. El productor, a pesar de haber visto previamente una fotografía del Guy Kewney real, le preguntó si era Guy Kewney, Guy Goma respondió que sí, y el productor le llevó hasta el estudio. "Él parecía tan confundido como yo", explica el Kewney verdadero en su web, www.newswireless.net, que tiene un enlace a la entrevista, emitida en directo el viernes.
El invitado misterioso, por su parte, ha declarado que la entrevista fue "muy corta", pero que estaba preparado para volver al aire y que se alegra "de poder opinar sobre cualquier situación". Añadió que la próxima vez le gustaría "poder prepararse el tema". Además, ha declarado al canal 24 horas de la BBC que aún no sabe si le han concedido el empleo que buscaba. "Me encantaría trabajar para la BBC", ha añadido."
¿A poco no es una joya? Aquí la liga para que vean la nota completa:

jueves, mayo 11, 2006

El infarto de Roberto Madrazo

La primera noticia la tuve saliendo del elevador de Grupo Imagen. “¿Qué has oído de Madrazo?”, me pregunto Gerardo Jiménez, reportero y amigo de Reporte 98.5. “Nada, ¿por?” –Parece que le dio un infarto”. Durante las siguientes dos horas siguió el ritual que acompaña siempre a un versión de este tipo. Directivos, conductores y reporteros, se dedicaron, todos, a hacer llamadas para tratar de confirmar la información.

Lo interesante de este fenómeno es que cada llamada extiende las historia a nuevos terrenos. “No había oído nada”, me dijo alguien en otra redacción. Y lo mismo pasaba en diversas instancias del PRI, en donde se recibían llamadas pidiendo más datos.

Conforme avanzó la tarde fue cambiando la historia. “Ya está confirmado: es la esposa la que está internada en el ABC.” La versión – ahora lo sé por el Diario Monitor – fue puesta a circular por miembros del equipo del candidato. “Ya estaba delicada”, se decía en radiopasillo.

Finalmente, cerca de las seis de la tarde se desmintió el rumor. No fue un infarto, simplemente se intoxico por tomar un medicamento sin autorización. Lo dijo el propio candidato al salir del hospital. Estaba “visiblemente pálido” – según La Crónica – y el sentido común nos dice que debería estar guardando reposo. Sin embargo, Madrazo no tenía otra opción más que salir a que le tomaran la foto. No había de otra. Un comunicado o una entrevista telefónica no habrían terminado con las especulaciones. Tenía que dejarse ver. Más aún, hoy tendrá que acudir a todos sus compromisos en Chihuahua para no mostrar debilidad.

Según cuenta Carlos – un lector de
Enteratehoy y activo participante en el foro – hasta se especuló con la posibilidad de una sesión urgente del Consejo Político del PRI para discutir sobre el nuevo candidato. La versión habría sido consignada por El Economista.

Lo cierto es que la tarde de ayer fue muy negra para Madrazo. No sólo por las especulaciones sino porque confirmó el ambiente que envuelve a su campaña. “Ya veía yo a Beatriz tomando posesión”, comentó alguien en broma. Lo grave es que esos chistes coinciden con
dos encuestas – publicadas en los últimos tres días – en las que el candidato tricolor aparece 10 puntos debajo de Felipe Calderón, cuando faltan menos de 50 días para la elección.

En fin, que Madrazo sigue mal y de malas, y ahora con una agravante: desde ayer y hasta el 2 de julio habrá más ojos sobre la salud del candidato, pues aclaraciones aparte siempre habrá quien se quede con la duda como hoy escribe Katia D Artigues en El Universal: “¿Hay otra historia tras esta "intoxicación?”
Por lo pronto, todo queda como una anécdota más del histórico proceso electoral del 2006.

lunes, abril 17, 2006

De Carlos Marín a La Jornada, un poco de política ficción

No son los únicos casos ni por supuesto los más graves. Sin embargo, sí son dos ejemplos de cómo se puede llegar a torcer la realidad para ajustarla a nuestros deseos.
El primero se refiere a la columna de hoy de Carlos Marín en Milenio. En su texto, Marín señala que: "A menos que sus adversarios hagan una revelación mortal de necesidad (desde luego mucho más grave que las que fulminaron a sus ex secretarios particular y de Finanzas con la baraja en Las Vegas y los fajos de dólares), la campaña presidencial terminará de facto este mes y Andrés Manuel llegará caminando y sin sudar a Palacio Nacional." Lo extraño es que hace menos de dos semanas, el diario que él dirige aseguró - en base a la encuesta de María de las Heras - que los tres candidatos a la Presidencia se encontraban en unempate técnico.
Dicho de otro modo, con la columna de hoy práticamente desacredita la validez del estudio que él determinó colocar como su nota principal.
El segundo caso se encuentra en las páginas de La Jornada y responde a una nota firmada por su corresponsal en Nueva York, David Brooks. El texto en si no tiene nada peculiar. Se trata de una especie de semblanza crítica de Dick Morris, un conocido estratega de campañas que colaboró varios años con William Clinton. Lo que llama la atención es que la nota presenta un llamado en portada que afirma que hay un "Asesor de EU, detrás de la campaña negra de Calderón " afirmación que nunca se respalda en el texto.
Si bien Morris señala - "confiesa" dice el reportero - que ha trabajado en el pasado para el PAN, no hay un sólo dato en la nota que indique que actualmente está trabajando en la campaña de Calderón.
En fin, dos ejemplos - de muchos que hay a la mano, por cierto - de cómo las simpatías y las fobias condicionan nuestra lectura de la realidad.

jueves, abril 06, 2006

¿Qué dice la encuesta de María de las Heras en Milenio?

Como llegan a este blog muchas visitas por temas electorales, me permito recordarles que la información sobre la campaña, encuesta de Milenio - así como otros estudios - los encuentaran en mi DIARIO DE CAMPAÑA. Saludos. Mario Campos

domingo, abril 02, 2006

¿Y después de la transición? (Columna publicada en el Nuevo Excélsior)

Los políticos ocupan todos los días la agenda de la prensa en su guerra por el poder. La pregunta es para qué lo quieren o para qué se los vamos a dar. Durante décadas, la lucha política en México tuvo un destino más o menos claro transformar el sistema para permitir la llegada de la democracia, identificada con la competencia electoral y el respeto al voto. El movimiento, impulsado por la oposición y administrado por el PRI-gobierno, llegó a su punto cumbre el 2 de julio de 2000 con el triunfo de Fox y el arribo de la alternancia. Entonces, como lo había planteado Fox, la mayoría de los electores decidieron que había llegado la hora de “sacar al PRI de Los Pinos”. El problema es que el cumplimiento de la meta implicó quedarnos sin un objetivo a la vista...(IR A LA COLUMNA EN EXCELSIOR)