El 2 de julio era la fecha designada para cambiar la página en la vida política del país. Y así fue, sólo que después de la elección, Andrés Manuel López Obrador trazó la ruta crítica de su propio movimiento. Vino primero el cierre de Reforma, el macroplantón y el anuncio de cuatro fechas revelantes para su causa: el 1 de septiembre, la entrega de la constancia de triunfo a Felipe Calderón, el Grito y el 16 de septiembre. Como no hay plazo que no se cumpla, hemos ya rebasado el calendario y resulta pertinente realizar una primera evaluación.
¿Quién ganó y quién perdió durante estos meses? Reducir la política a los estudios de opinión sería un error, tan grave como ignorarlos. De ahí que valga la pena echar un vistazo a lo que han reportado diversas casas encuestadoras que nos dicen que a Vicente Fox habría que apuntarlo en la lista de los ganadores. El mandatario mexicano no sólo se enfila hacia el final de su gestión con los niveles de aprobación que tenía prácticamente al inicio, sino que logró recuperar simpatizantes ni mas ni menos que en la capital del país, que en medio del conflicto poselectoral decidió recompensarle con un crecimiento de cinco puntos en sus niveles de aprobación, según el más reciente estudio de Consulta Mitofsky.
Si bien Fox pareció perder las batallas del Informe y del Grito, ante la opinión pública, al menos en el primer caso el Presidente salió fortalecido. Según una encuesta del diario Reforma, 77% de los mexicanos rechazaron la toma de la tribuna, al grado que, de acuerdo con un estudio de Beltrán y Asociados, el impacto a la imagen del PRD fue más negativo incluso que la aparición de los videoescándalos en 2004.
Como resultado de esta etapa, el PRD perdió buena parte de su imagen. De acuerdo con Mitofsky, en dos meses a partir de la elección, el partido del sol azteca aumentó 10 puntos para alcanzar 39% de rechazo entre la ciudadanía. Dato que encuentra sentido en la pérdida de capital de Andrés Manuel López Obrador, quien de junio a agosto vio crecer su mala imagen de 26% a 38%; cifra consistente con las mediciones de Beltrán y Asociados que colocan a AMLO en los niveles de popularidad de febrero de 2001, lo que significa haber perdido el capital ganado durante su gestión como jefe de Gobierno.
A eso habría que sumar la simple revisión del contenido de los medios de comunicación a partir del fallo del Tribunal Electoral, que muestra a Felipe Calderón como el actor emergente con más presencia. El incremento natural de la cobertura de sus actos y declaraciones se ha acompañado también por una mejora en su imagen. Llama la atención, en el reporte de Consulta Mitofsky, que la valoración al panista ha mejorado, especialmente, entre los mayores de 50 años, las mujeres y los mexicanos con menor escolaridad, segmentos usualmente cercanos a López Obrador, que parecieran responder en términos de apoyo a la institucionalidad.
Durante este tiempo también hemos visto ganar y perder a otros actores políticos. Entre los primeros destaca el PRI. Si el PAN será gobierno y el PRD oposición, el tricolor debe definir cuál será su estrategia de recuperación. Todo apunta a que será una especie de cogobierno crítico. Sólo el tiempo dirá si se trató de una apuesta ganadora; por lo pronto, es un camino diferente al seguido durante los últimos seis años y eso ya es de reconocerse. La duda es si los conflictos internos —también evidentes en esas semanas— le permitirán al PRI actuar como un partido político fuerte o si se pulverizarán sus bancadas y, con ello, su capital político.
El PT, por su parte, sigue sin despegarse del PRD más allá de sus diálogos con Gobernación: habrá que ver si logra reivindicarse como una fuerza propia —aun dentro de la alianza con AMLO— o si termina absorbido por el perredismo; dilema similar al que enfrenta Convergencia que, en su indefinición, pretende reconocer a Calderón como Presidente electo y a López Obrador como el líder a seguir. En un escenario de polarización como el actual, la ambigüedad puede resultar costosa por ambos lados.
Con este corte de caja podemos imaginar lo que sigue de aquí al 1 de diciembre, siguiente fecha clave en este recorrido. Para el presidente Fox, la tarea será distender el ambiente y preparar las condiciones para el arribo al poder de Felipe Calderón, tarea que pasa, entre otros lugares, por Oaxaca; el Presidente electo, por su parte, deberá seguir con la construcción de alianzas dentro y fuera de su partido, al tiempo que construya un discurso capaz de generar entusiasmo en torno de su futuro gobierno; para el PRI, la ruta ya está trazada, siempre y cuando sea capaz de manejar sus divisiones internas y, finalmente, el PRD tendrá que decidir si escucha a Cuauhtémoc Cárdenas y corrige el camino o si se enfrasca en la ruta del caudillo y termina de dilapidar lo que tanto tiempo tardaron en construir.