lunes, septiembre 25, 2006

Una mirada a la otra agenda

(Artículo publicado en Excélsior el 23 de septiembre)
Encerrados en la viciada atmósfera de nuestra vida política, los observadores sociales solemos perdernos en los mismos temas y actores sin mirar más allá. Por fortuna, la sociedad y la tecnología se mueven a otro ritmo, y mientras los políticos y los analistas nos mantenemos enfocados en los mismos referentes, hay grandes transformaciones en marcha. En particular en el campo de la comunicación, que sigue siendo el gran motor de cambio en la sociedad.

Empecemos por mirar la constante ruptura del monopolio mediático. Si desde 1993 internet permitió que arrancara el proceso al iniciar su crecimiento exponencial, apenas hoy, trece años después, estamos llegando a un punto de madurez. La prueba es que cada vez son más los actores que se convierten en sus propios emisores de contenido al margen de los medios de comunicación tradicionales.

El fenómeno crece cada día y atiende a los campos más diversos. Ahí está, por ejemplo, el blog de Paulo Coehlo, (http://es.paulocoelhoblog.com/) el popular escritor que ahora no sólo publica reflexiones sino que ha anunciado que abrirá a sus lectores ocho capítulos de su próxima novela - la cuarta parte del total de la obra - acción que estará acompañada por comentarios y debates con los lectores que compren y revisen completo el libro.

El fenómeno se presenta como una especie de prueba que eventualmente permitiría combatir a la piratería, al establecer una relación más cercana con el escritor. El gesto de reducir las barreras se extiende a otros campos como el de la política. Para los interesados, ahí está a su disposición el sitio
www.clintonglobalinitiative.org, en el que pueden escuchar y ver todas las exposiciones y discusiones que se presentaron esta semana durante el foro convocado por la fundación del ex Presidente norteamericano Bill Clinton, en el que figuras de primer nivel debatieron sobre el cambio climático, el combate a la pobreza y la resolución de conflictos por razones étnicas o religiosas.

Gracias a la tecnología y a la visión de los organizadores, este tipo de encuentros dejan de ser privilegio de unos cuantos para convertirse en verdaderos bienes públicos al alcance de todo aquel que tenga acceso a una computadora conectada a internet.

La transformación es en serio y para quienes consideran que nuestro país está apenas en pañales, aquí están dos botones de muestra. Por primera vez, son mayoría en México los usuarios que tienen acceso a la red mediante banda ancha, lo que significa que el 62 por ciento de los usuarios tienen la posibilidad de consumir audios y videos con facilidad. Pero si eso está ocurriendo en el campo de los consumidores, véase lo que acaba de pasar en el ámbito de los generadores de contenido, en donde se descubrió que un grupo de sicarios utilizaba los comentarios en un blog para anunciar sus próximas ejecuciones.

Los integrantes de las bandas incluso aprovechaban los foros en internet para enviarse mensajes entre ellos y hacia las autoridades. (El Universal, 21/09) Naturalmente, no se trata de una buena noticia pero tampoco debe sorprendernos que incluso esos actores estén haciendo uso de los recursos que permite la nueva tecnología.

Lo sorpresivo, en todo caso, es ver lo lento que otros actores reaccionan ante estas tendencias, aunque es cierto que muchos de los medios mexicanos están avanzando de manera notable. Gradualmente, son cada vez más los sitios que incorporan recursos multimedia a sus contendidos.

Si bien ha sido lento el arranque, también ya podemos ver a personajes como Olallo Rubio - colaborador de este diario - que mantiene un programa de “radio” que puede ser escuchado en línea o bajado de internet (
www.rockandroll.com.mx/programas/olallo/) , así como el noticiero en inglés de Ana María Salazar, Living in México, que puede ser escuchado en cualquier momento en la página de Imagen (www.imagen.com.mx)

Como suele ocurrir en otros temas, los políticos siguen siendo los más atrasados en el uso de estas herramientas. No obstante, es necesario dar honor a quien honor merece, y por eso debo reconocer a un sector de los simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador que a lo largo de la campaña e incluso durante el conflicto postelectoral han demostrado que saben cómo usar estos recursos. En ocasiones, subiendo a la red videos con sus mensajes, otras, abriendo blogs para compartir información y organizar sus protestas.

Visto desde esta perspectiva, el conflicto ha servido para ampliar – aunque siga siendo de manera marginal – el catálogo de recursos con los que cuenta la comunicación política en México, ya de por si incrementado con el desfile de videos manipulados en contra del ex Jefe de Gobierno, que aparecieron en el ciberespacio durante el largo proceso electoral.

Mientras nuestro sistema político se mantiene sin poder desahogar los problemas – Oaxaca, Kamel Nacif, etc – el país y el mundo siguen avanzado. Descubrir cómo podemos sacar provecho de estas nuevas circunstancias es nuestra tarea.

macampos@enteratehoy.com.mx

lunes, septiembre 18, 2006

Recuento de daños: ¿quién ganó y perdió con las protestas de AMLO?

(Artículo publicado el 16 de septiembre en Excélsior)

El 2 de julio era la fecha designada para cambiar la página en la vida política del país. Y así fue, sólo que después de la elección, Andrés Manuel López Obrador trazó la ruta crítica de su propio movimiento. Vino primero el cierre de Reforma, el macroplantón y el anuncio de cuatro fechas revelantes para su causa: el 1 de septiembre, la entrega de la constancia de triunfo a Felipe Calderón, el Grito y el 16 de septiembre. Como no hay plazo que no se cumpla, hemos ya rebasado el calendario y resulta pertinente realizar una primera evaluación.
¿Quién ganó y quién perdió durante estos meses? Reducir la política a los estudios de opinión sería un error, tan grave como ignorarlos. De ahí que valga la pena echar un vistazo a lo que han reportado diversas casas encuestadoras que nos dicen que a Vicente Fox habría que apuntarlo en la lista de los ganadores. El mandatario mexicano no sólo se enfila hacia el final de su gestión con los niveles de aprobación que tenía prácticamente al inicio, sino que logró recuperar simpatizantes ni mas ni menos que en la capital del país, que en medio del conflicto poselectoral decidió recompensarle con un crecimiento de cinco puntos en sus niveles de aprobación, según el más reciente estudio de Consulta Mitofsky.

Si bien Fox pareció perder las batallas del Informe y del Grito, ante la opinión pública, al menos en el primer caso el Presidente salió fortalecido. Según una encuesta del diario Reforma, 77% de los mexicanos rechazaron la toma de la tribuna, al grado que, de acuerdo con un estudio de Beltrán y Asociados, el impacto a la imagen del PRD fue más negativo incluso que la aparición de los videoescándalos en 2004.

Como resultado de esta etapa, el PRD perdió buena parte de su imagen. De acuerdo con Mitofsky, en dos meses a partir de la elección, el partido del sol azteca aumentó 10 puntos para alcanzar 39% de rechazo entre la ciudadanía. Dato que encuentra sentido en la pérdida de capital de Andrés Manuel López Obrador, quien de junio a agosto vio crecer su mala imagen de 26% a 38%; cifra consistente con las mediciones de Beltrán y Asociados que colocan a AMLO en los niveles de popularidad de febrero de 2001, lo que significa haber perdido el capital ganado durante su gestión como jefe de Gobierno.

A eso habría que sumar la simple revisión del contenido de los medios de comunicación a partir del fallo del Tribunal Electoral, que muestra a Felipe Calderón como el actor emergente con más presencia. El incremento natural de la cobertura de sus actos y declaraciones se ha acompañado también por una mejora en su imagen. Llama la atención, en el reporte de Consulta Mitofsky, que la valoración al panista ha mejorado, especialmente, entre los mayores de 50 años, las mujeres y los mexicanos con menor escolaridad, segmentos usualmente cercanos a López Obrador, que parecieran responder en términos de apoyo a la institucionalidad.

Durante este tiempo también hemos visto ganar y perder a otros actores políticos. Entre los primeros destaca el PRI. Si el PAN será gobierno y el PRD oposición, el tricolor debe definir cuál será su estrategia de recuperación. Todo apunta a que será una especie de cogobierno crítico. Sólo el tiempo dirá si se trató de una apuesta ganadora; por lo pronto, es un camino diferente al seguido durante los últimos seis años y eso ya es de reconocerse. La duda es si los conflictos internos —también evidentes en esas semanas— le permitirán al PRI actuar como un partido político fuerte o si se pulverizarán sus bancadas y, con ello, su capital político.

El PT, por su parte, sigue sin despegarse del PRD más allá de sus diálogos con Gobernación: habrá que ver si logra reivindicarse como una fuerza propia —aun dentro de la alianza con AMLO— o si termina absorbido por el perredismo; dilema similar al que enfrenta Convergencia que, en su indefinición, pretende reconocer a Calderón como Presidente electo y a López Obrador como el líder a seguir. En un escenario de polarización como el actual, la ambigüedad puede resultar costosa por ambos lados.

Con este corte de caja podemos imaginar lo que sigue de aquí al 1 de diciembre, siguiente fecha clave en este recorrido. Para el presidente Fox, la tarea será distender el ambiente y preparar las condiciones para el arribo al poder de Felipe Calderón, tarea que pasa, entre otros lugares, por Oaxaca; el Presidente electo, por su parte, deberá seguir con la construcción de alianzas dentro y fuera de su partido, al tiempo que construya un discurso capaz de generar entusiasmo en torno de su futuro gobierno; para el PRI, la ruta ya está trazada, siempre y cuando sea capaz de manejar sus divisiones internas y, finalmente, el PRD tendrá que decidir si escucha a Cuauhtémoc Cárdenas y corrige el camino o si se enfrasca en la ruta del caudillo y termina de dilapidar lo que tanto tiempo tardaron en construir.

jueves, septiembre 14, 2006

Guerras de opinión entre AMLO, el PRI y Calderón

La nueva guerra es por la atención de la opinión pública. Aquí un breve balance:
Calderón sigue al alza. La constancia de mayoría le dio un valiosísimo empujón en la lucha por las primeras planas, y prácticamente tiene asegurada su presencia, sobre todo en algunos medios que parecen deseosos de reivindicarse con el panista luego de su cercanía con AMLO. Para mayores datos, hay que ver quiénes lo mantienen en sus titulares pese a los escándalos.

AMLO sufre. El cerco informativo que ha denunciado desde hace semanas, ahora sí parece que está adquiriendo forma. Las portadas son un bien cada vez más escaso en el capital de Andrés Manuel. La Convención, insiste el tabasqueño, será casi tan importante como la Independencia, la Reforma y la Revolución, juntas. Vista la agenda del día, parece que cada vez son menos los medios y periodistas que comparten su entusiasmo.

El PRI intenta sobrevivir a si mismo. Por un lado, busca mostrarse como un partido cohesionado, con liderazgo y en la lógica de ser el fiel de la balanza que le dé gobernabilidad al país a cambio de recuperar el protagonismo perdido; por el otro, las divisiones internas, el prestigio maltratado y los adversarios externos, siguen empeñados en hundir al tricolor al colocar la atención sobre sus defectos más vergonzosos. Veremos si libra esta batalla. La novedad en esta ocasión es que nadie ha acusado a la Maestra; al menos por ahora, están en el mismo equipo.

miércoles, septiembre 13, 2006

Excélsior exhibe la democracia de AMLO

Los lectores del diario Excélsior tuvieron ayer la primicia: "Levantarán los bloqueos el viernes 15". La nota - titular de la edición de ayer, 10 de septiembre - estaba firmada por la excelente reportera Marcela Turati, quien cosechó las visitas que cada mañana realiza desde hace semanas al plantón de AMLO, lo que le permitió conocer el anuncio desde que fue comunicado - a puerta cerrada - a las bases del movimiento.

Con la nota, Turati también desnudó las consultas de AMLO pues se supone que fue hasta la noche cuando se preguntó a los asistentes sobre el retiro del plantón, resolución que evidentemente fue tomada muchas horas antes en otro espacio, quizá dentro del primer círculo de López Orbrador, verdadero espacio de poder que decidirá en los próximos días si unge al tabasqueño como presidente de su propio y muy particular gobierno.

lunes, septiembre 11, 2006

Buenas noticias (o del futuro de la resistencia de AMLO)

(Artículo publicado en Excélsior el 9 de septiembre)
Oportuno, es lo menos que se puede decir del texto de Michelangelo Bovero publicado hace unos días en las páginas de Excélsior, en el que nos presenta su visión de las recientes disputas electorales que en diversas partes del mundo – Estados Unidos, Italia, Alemania y por supuesto México – han terminado con resultados especialmente cerrados. La reflexión del politólogo italiano viene a cuento para poner nuestro conflicto local en perspectiva y entender que nuestros males no son únicos, ni tampoco sus posibles soluciones.

En su texto, Bovero nos recuerda cómo el respeto a las instituciones ha sido, al final de cuentas, el factor que ha permitido la salida de las crisis en los casos mencionados. Recurso indispensable frente a la antipolítica que pretende desconocer y refundar aquellos espacios que le son desfavorables, bajo el amparo de un guía moral que se coloca por encima de todo y de todos, en su carácter de auténtico representante del pueblo.

El retrato nos resulta demasiado familiar, y por eso debemos preguntarnos si nuestras instituciones son suficientemente sólidas para soportar esta etapa. La respuesta, visto el desarrollo de los últimos días, se inclina hacia el sí, pues luego del frustrado mensaje del Presidente Fox durante su sexto informe de gobierno, las etapas postelectorales se han cumplido al pie de la letra: la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, la entrega a Felipe Calderón de la constancia de mayoría, y la emisión del bando solemne por parte de la Cámara de Diputados.

Señales que han estado acompañas por la correspondiente cargada, que en este contexto adquiere un sentido renovado. Felicitaciones desde el extranjero, encuentros con alcaldes de diversos partidos y reuniones con actores reales de poder como el Gobernador del Banco de México, son algunos de los elementos que nos acercan a la deseada normalidad.

Sin embargo, lo más notable de estos últimos días es la actuación de actores que se encontraban en el otro bando en disputa, ámbito en el que también hay elementos para nutrir nuestro optimismo.

La permanencia en sus lugares, por ejemplo, de la bancada de Convergencia – primero en el informe y luego en la aprobación del bando solemne – son expresiones físicas de lo que ya había adelantado hace algunas semanas el senador Dante Delgado: para ese partido político la contienda ya acabó, la Coalición por el Bien de Todos ha llegado a su fin, y en el marco de la ley reconocen a Felipe Calderón como Presidente electo. Si bien el deslinde de Convergencia ha sido arropado con discursos que pretenden blindarla contra el grito de ¡traición!, lo notorio es que ese instituto ha empezado a trazar su propio camino.

Convergencia como la vanguardia que parece trazar la ruta al Partido del Trabajo, instituto que discretamente mandó un guiño que no hay que ignorar, al asistir al encuentro de los dirigentes de partidos con el Secretario de Gobernación; acción que adquiere sentido por la ausencia del Partido de la Revolución Democrática. El PT, me atrevo asegurarlo, tarde o temprano reconocerá la necesidad de distinguirse del PRD para no volverse un anexo del Sol Azteca, pues en la medida en que sea absorbido pierde su razón de ser y con ello su valor, como opción en la boleta e incluso como aliado electoral.

El ruido derivado del conflicto - que irrumpe hasta en el programa Otro rollo - causa temor, más aun cuando los medios suelen privilegiar los enfrentamientos sobre los consensos. A pesar de ello, los indicios positivos no pueden ser negados, incluso en el campo del propio PRD.

En la víspera del 1 de septiembre, los diputados del Sol Azteca se decían robados por las bancadas panistas y priístas, que en su opinión estarían torciendo la ley para sacar adelante el acuerdo que dejó en manos del PAN el control de la instalación del Congreso. Apenas unos días después, los votos perredistas se sumaron a los de sus adversarios para aprobar la reforma a la ley orgánica del Congreso, misma que unos días condenaban. La explicación del cambio de opinión es muy simple: negociaron posiciones, entre ellas en el Senado, lo que permitirá a esa fuerza – y al resto de los partidos – tener más peso en las decisiones de ambas cámaras.

El acuerdo salió adelante con los votos de 450 legisladores, y aunque estuvo muy lejos de recibir la cobertura de la toma de la tribuna, constituye un mensaje muy positivo pues muestra a una bancada perredista capaz de ceder para ganar, principio de toda negociación. Y así podríamos seguir, enlistando aquellos actos, grandes o pequeños, que nos recuerdan que las instituciones siguen funcionando y que la política está haciendo su labor pues al final hay suficientes incentivos dentro del sistema político como para mantenerse dentro de sus reglas.

La mala noticia, es cierto, es que la antipolítica descrita por Bovero seguirá seduciendo a muchos; la buena es que a pesar de nuestras deficiencias, todo indica que esta prueba, la habremos de superar.

macampos@enteratehoy.com.mx / www.enteratehoy.com.mx

viernes, septiembre 08, 2006

Cuatro razones para el optimismo

Cuatro nuevas razones para el optimismo:El PT acudió a dialogar ayer a Gobernación, con lo que de facto empezó a actuar independientemente del PRD. Desde que inició el proceso electoral, el Partido del Trabajo se subordinó a la línea de la Coalición por el Bien de Todos. Ayer acabó esa historia.
Los diputados del PRD y el PT se salieron de San Lázaro para no “legitimar”, dijeron, la entrega del bando solemne a Felipe Calderón. Los legisladores de Convergencia permanecieron en el salón, pues “nadie les avisó”. Sin duda, pudieron haberse retirado y por algo no lo hicieron. Un paso más en el deslinde del partido de Dante.


El PRD, celebremos, negoció ayer en la Cámara de Diputados y con eso abrió la puerta a la reforma que beneficiará primero al PRI – que así podrá presidir el órgano de gobierno – pero que también les permitirá ocupar posiciones importantes en el Senado. Muy bien por el Sol Azteca y su coordinador parlamentario que ayer demostró que sabe ceder para ganar.

Siguen creciendo las voces que hablan de flexibilizar las posturas de AMLO, lo mismo en el plantón, que en el Congreso o en el reconocimiento a Calderón. Como botón de muestra, ahí está el mensaje al presidente electo desde el gobierno de Michoacán, cortesía de La Crónica. Lo dicho, las aguas poco a poco vuelven a su cause.

(www.enteratehoy.com.mx)

Doble discurso perredista

El PRD podría patentar su fórmula: primero se provoca la reacción del adversario y luego se le acusa por haber actuado en consecuencia. La receta se la aplicó primero al IFE, al que le pidió documentos para luego acusarlo de haber abierto paquetes sin la autorización del Tribunal; luego, repitió el modelo con el informe presidencial, el cual anunció impediría a toda costa, lo que originó el cerco policíaco que después usaron como pretexto para reventar la ceremonia; y finalmente, López Obrador anunció que sus seguidores bloquearían la entrega de constancia a Calderón, y ahora, a través de la Rayuela de La Jornada, critican la seguridad en el recinto y la usan para denunciar: ““Helicópteros, rodeos, puertas laterales... ¿a qué le temen, si todo fue tan claro, transparente e inobjetable como dicen?”

No hay duda, el modelito seguirá hasta que se den cuenta que los únicos que no ven la relación entre la causa y el efecto, son ellos mismos.

jueves, septiembre 07, 2006

El factor Fox

Cosas de la política: según el Tribunal electoral, la campaña del presidente Fox fue el factor que más cerca estuvo de provocar la anulación y con ello costarle la presidencia a Felipe Calderón; lo paradójico es que sin las provocaciones del actual Presidente a López Obrador (que dieron pie, entre otras cosas, al "cállate chachalaca"), y sin sus giras por todo el país defendiendo la continuidad del rumbo, difícilmente habría ganado el candidato del PAN. Coincido con Jorge Fernández en que luego de esta experiencia habría que realizar cambios en nuestro marco de competencia, antes de que se nos olvide el tema. El debate sería, ¿colocamos una clausula como en Colima, que señale que la menor intervención del Mandatario en funciones implica la nulidad? O nos vamos por el modelo de Estados Unidos en el que los presidentes se pueden expresar abiertamente sin que nadie reclame por la pérdida de equidad. Si se trata de votar, yo no tengo duda, me inclino por la segunda.

lunes, septiembre 04, 2006

Lo bueno de lo malo

Artículo publicado en Excélsior el 2 de septiembre
Caos, conflicto y polarización, son algunos de los términos que adornan con lamentable frecuencias las páginas de la prensa nacional. Expresiones que apenas parecen las adecuadas para describir la escena política nacional. No obstante, en medio de este panorama hay cosas buenas; encontrarlas para este artículo no es un acto de negación de la realidad, sino una necesidad, en la búsqueda de la distancia que nos permita distinguir la paja del trigo.

¿Qué ha salido de bueno de este proceso electoral? En primer lugar, una notable politización que quizá ahora nos resulta incómoda pero que en el largo plazo arrojará frutos. La política de nuestros días no es cosa de unos cuantos. Acostumbrados a verla como tema marginal, ahora es parte de nuestras conversaciones familiares. Quizá para refrendar nuestras diferencias, es cierto, pero no despreciemos este acercamiento a la llamada cosa pública. Informarse, tomar postura y debatir es sano, aunque el aprendizaje a veces nos espante.

Lo paradójico es que al mismo tiempo que ha crecido la política también hemos descubierto algunos de sus límites. Dos meses después de la elección, los mexicanos no contamos todavía con Presidente electo; el conflicto postelectoral es evidente y a pesar de ello, la economía mexicana sigue creciendo. A nadie gusta el conflicto y eso incluye a los hombres y mujeres del capital. Aún así, el tipo de cambio se mantiene firme, las reservas internacionales siguen creciendo y ninguna calificadora ha puesto un tache junto al nombre de México. La política importa y mucho, pero hoy sabemos que nuestra economía es más sólida de lo que muchos creíamos. Esa también es una buena noticia.

Hay más. En medio de la polarización también surgen las ganancias. Para muchos que no votaron por Felipe Calderón e incluso para algunos que sí lo hicieron, es de preocuparse su potencial acercamiento con los grupos más conservadores de la sociedad. Ésta sí es la derecha, dicen, y no el foxismo que al principio fue etiquetado como tal. Especulaciones aparte, la realidad es que Calderón llegará como un presidente débil. No sólo por el desgaste que ha implicado la elección, sino por la presencia panista en el Congreso, que si bien es histórica, no le es suficiente para sacar ningún acuerdo.

Calderón deberá negociar y ello implica, necesariamente, ceder. Por eso tendría que ser un Presidente moderado. Lo veremos a partir del 1 de diciembre, pero lo que hemos visto hasta ahora muestra a un PAN con la capacidad de pactar con el PRI, Nueva Alianza y el Partido Verde para sacar algunos acuerdos.

No es cosa menor ese gesto luego de lo que vivimos en los últimos años. Es temprano para ser optimista –menos con el clima dominante – pero ya hay señales de que los actores políticos han aprendido de sus errores. El PRI, por ejemplo, sabe que si quiere crecer necesita usar su fuerza para gobernar y no sólo para bloquear. Su presencia en el congreso es la menor en su historia y a pesar de ello puede pesar más que el PRD que le gana en curules. Cosas de la política, hoy los priistas pueden seguir el camino que trazó el PAN desde finales de los ochentas, para ser el fiel de la balanza que les permita sacar su agenda y así regresar eventualmente al poder.

El recurso está al alcance de los grandes como el PRI y el PRD, pero también de los pequeños como el Verde o Nueva Alianza, que desde el primer día mostraron que saben lo que valen sus votos en la construcción de mayorías. Para algunos esta conducta es propia de mercenarios, para otros es la lógica de cualquier congreso o parlamento y puede ser la vía para que Convergencia, el PT o Alternativa puedan obtener victorias y lograr resultados que puedan entregar a sus electores. Visto así, no podría ser más favorable el escenario para los partidos pequeños que tienen ante sí la posibilidad de demostrar que tiene sentido votar por ellos.

Finalmente, la polarización ha tenido otra ganancia secundaria: en la obligada toma de postura, han salido a la plaza diversos actores en defensa de las instituciones. Dudo, por ejemplo, que José Woldenberg haya votado por Felipe Calderón. Apostaría incluso a que no fue así. Sin embargo ha tenido el valor para argumentar a favor del Tribunal Electoral y del Instituto Federal Electoral, patrimonio de los mexicanos que ha salido raspado, pero que muchos otros también hemos valorado ante esta crisis.

No se trata de echar las campanas al vuelo. El escenario pinta complicado para todos, pero eso obligará al gobierno entrante a ser sensible y eficiente. No necesariamente con sus adversarios, sí con sus simpatizantes. Lo social deberá estar en el centro de la agenda gubernamental y esa habrá sido la principal aportación de López Obrador en esta historia. El reto es que se logren avances sin caer en el espectáculo de las simulaciones. Calderón deberá dar resultados pronto, y eso está bien, siempre y cuando no se carezca de sustancia.

Hablar de lo bueno de lo malo en este ambiente no es cosa fácil. Algo me dice, sin embargo, que en medio de mi esperanza no estoy tan solo. Ustedes, como siempre, tienen la última palabra.

macampos@enteratehoy.com.mx / www.enteratehoy.com.mx

lunes, agosto 28, 2006

Dos relatos

(Artículo publicado en Excélsior)
La política —dice el sociólogo Murray Edelman— es la lucha por la "interpretación simbólica de los hechos", expresión que nos recuerda que en los temas sociales, en vez de hablar de verdades únicas, solemos encontramos con distintas versiones peleándose por ganar las mentes de los ciudadanos. La referencia viene a cuento en este tiempo en el que la política mexicana ve cómo transcurren al menos dos relatos que se presentan y crecen cada día.

Para algunos observadores, el conflicto poselectoral de México ha entrado en su fase final y, aseguran, hay razones para sonreír. Su optimismo se basa en que, finalmente, el reloj judicial parece acercarse al tiempo político y en unos días tendremos Presidente electo. Por ello, nos dicen, es que diversos actores han empezado a volver poco a poco a la normalidad. Los perredistas, por ejemplo, ya eligieron a sus coordinadores parlamentarios —Javier González Garza y Carlos Navarrete— y la lectura fue casi unánime: ganó el partido, perdió López Obrador.

Ante estas voces, los nuevos líderes en el Congreso han sido especialmente cautos para no ser acusados de traición, no obstante han empezado a escucharse expresiones alentadoras. El PRD —ha señalado su nuevo coordinador en San Lázaro— no quedará fuera de los futuros acuerdos, y por eso formará parte de las negociaciones entre las distintas bancadas. Hablar de diálogo entre los grupos parlamentarios debería ser una obviedad, no obstante, en este clima de crispación es un guiño que ayuda a disminuir la tensión y muestra a un partido que no quiere tirar por la borda el capital ganado en las urnas.

A esta señal se suman los discretos deslindes de la Unión Nacional de Trabajadores —que no acudirá a la Convención Nacional Democrática convocada por López Obrador— y las claras posturas de Dante Delgado, líder de Convergencia, quien ha mandado dos mensajes inequívocos: reconocerá a quien el Tribunal señale como próximo Presidente, y dice que el 16 de septiembre habrá desfile militar con toda normalidad. Es triste que sea notable el compromiso con la ley; aun así es digno de mención cuando el emisor es un miembro destacado de la agonizante Alianza por el Bien de Todos.

Finalmente, hay otras líneas que completan el cuadro: el retiro parcial del bloqueo de avenida Reforma, así como el reconocimiento, ante el Financial Times, de la pérdida de simpatizantes por parte de Andrés Manuel quien, con ello, revela que todavía mantiene contacto con la realidad. Lo extraño es que, al mismo tiempo que escuchamos esta visión —que plantearía que podemos estar tranquilos—, también vemos cómo se reproduce otra teoría que asegura que el conflicto apenas empieza. Y como muestra, llaman nuestra atención sobre hechos o acciones de los mismos personajes. Ahí está, por ejemplo, la actuación de Marcelo Ebrard, que apenas muestra sensatez al anunciar la liberación de cruceros en la víspera del reinicio de clases, pero es también quien llama a los simpatizantes de AMLO a desconocer como futuro Presidente a Felipe Calderón, el mismo con quien probablemente tendrá que trabajar como próximo jefe de Gobierno. En otras palabras, un virtual gobernante que de entrada desconoce a los poderes Ejecutivo y Judicial, con las implicaciones legales y políticas que eso significa.

Estamos también ante dos bancadas perredistas que anuncian que en su debut –el próximo 1 de septiembre– impedirán al Presidente el uso de la Tribuna bajo la premisa de que fue Vicente Fox quien orquestó el fraude del 2 de julio —por cierto, la misma elección que permitió que esos legisaldores llegaran al Congreso de la Unión—. Todos ellos comandados por Andrés Manuel López Obrador quien cada vez radicaliza más su discurso y habla ya de la "revolución" que necesita México, del cambio de la forma de gobierno y de su próxima autoproclamación como Presidente de la República.

Dado lo contradictorio de ambas visiones, el sentido común nos dice que no pueden ser las dos ciertas, ¿cuál debemos creer entonces? En principio, hay que reconocer que la ambigüedad es un signo de estos tiempos, de ahí que las dos tendencias tengan fundamento. No obstante, tratándose de políticos yo apostaría por el pragmatismo, es decir, que en el mediano plazo se mantendrán fieles al movimiento de Andrés Manuel López Obrador aquellos actores que no tienen nada que perder, ya sea porque dependen del líder o porque cuentan con una fuente propia de poder e ingresos.

En contraste, quienes necesitan de la opinión pública o de otros actores políticos: aliados partidistas, legisladores que aspiran a ocupar cargos en comisiones importantes y, eventualmente, los próximos gobernantes de la capital, tendrán más incentivos para mantenerse dentro del cauce institucional e, incluso, deberán dialogar con sus adversarios. Al ser éstos mayoría, y si tuviera que apostar, no hay lugar a dudas: no obstante el ruido presente y por venir, me quedo con el primer relato.

sábado, agosto 26, 2006

AMLO Presidente

Después de varias semanas, aquí retomo los audios. En esta ocasión, dedicado a lo que será el futuro de AMLO como Presidente. El comentario es un fragmento de mi colaboración de todos los lunes con Martín Espinoza. AQUI EL AUDIO

lunes, agosto 21, 2006

Pasemos la página

(Artículo publicado en Excélsior el 19 de agosto)
Faltaban todavía tres años para que terminara el sexenio de Vicente Fox y el tema central en la agenda pública era ya la sucesión presidencial. Vino luego el desafuero, las precampañas, las campañas y así llegamos al 2 de julio, con la expectativa de que ese día llegaríamos al final de una etapa. Lamentablemente, como todos sabemos, las cosas no han salido como hubiéramos querido, y hoy, a siete semanas de la elección, aún estamos inmersos en una dinámica de lucha política.

Se acerca, es cierto, el final formal de la misma con el fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. No obstante, ni los más optimistas se atreven a ver en este hecho el fin del conflicto, sino, en el mejor de los casos, el paso a una nueva etapa del mismo en la que el nivel de crispación ira a más o a menos, según la actuación de todos los actores políticos. No es cosa menor, por supuesto, saber cómo evolucionará esta coyuntura, no obstante desde ahora podemos señalar el que, al parecer, será uno de los costos más notables. Me refiero a la pérdida de beneficios sociales que trae consigo una elección. ¿De qué estamos hablando? De la saludable renovación de personas y temas debido a la sucesión presidencial.

Es conocido de todos que el poder desgasta a quien lo ejerce. Basta con mirar las imágenes de los mandatarios al iniciar su gestión y compararlas con su rostro al terminarla, para ver que la pérdida atiende tanto al ámbito físico como al político.

Aunque conscientes de este hecho, poco se habla del desgaste que un sexenio implica para la opinión pública, que luego de seis años también suele acabar cansada.

Por un lado, por la desaparición de cualquier expectativa en torno del gobierno saliente, el cual, para entonces, ya habrá mostrado lo mejor y lo peor de sí mismo; pero también porque a estas alturas de la administración se ha pasado ya por un largo e intenso proceso electoral, que inevitablemente también harta.

Por eso, la sucesión es refrescante. Nuevos rostros ocupan nuevos cargos y en ese proceso se renuevan también los ánimos y las expectativas de la propia ciudadanía. Es el fin de un ciclo y el inicio de otro, que trae consigo un valioso compás de espera en el cual todos conceden al gobierno entrante el beneficio de la duda.

Con esta sana costumbre gana, naturalmente, el nuevo equipo, el cual disfruta de un periodo de gracia en el que puede utilizar como mejor le parezca el capital ganado en las urnas; pero también gana la opinión pública. Preocupa, por tanto, que hayamos pasado la barrera del 2 de julio sin que hayamos logrado cambiar el ánimo colectivo, pues en muchos sentidos se impone la sensación de que esta contienda no ha terminado y esa no es una buena señal.

¿Cómo recuperarnos de esa pérdida? En primer lugar, reconociendo que los costos los pagamos todos, independientemente de las afinidades partidistas. En ese sentido, el gobierno que encabezará Felipe Calderón –si así lo ratifica el Tribunal– deberá esforzarse por atender ese ámbito, lo que implica generar ilusiones sobre lo que será su gestión. No se ve fácil, pues esa fue una de sus principales deficiencias durante la reciente campaña en la que logró generar aversión sobre sus adversarios, no así entusiasmo sobre su propio proyecto. Aun así, el panista deberá agregar la variable anímica, al reto que tiene enfrente en materia de gobernabilidad.

Los priistas, por su parte, quizá no se han dado cuenta, pero también requieren que se cierre el ciclo. Sólo así podrán poner atrás el desastre que significó el 2 de julio a fin de iniciar una nueva relación con los otros partidos políticos y sobre todo con la opinión pública.

Y, finalmente, es importante señalar que el PRD, como partido político, también requiere dar carpetazo a este proceso. Se entiende que en la lógica de Andrés Manuel López Obrador esto no tiene sentido, pues él requiere continuar con la campaña que inició, por lo menos, desde que se postuló para la Jefatura de Gobierno; lo que mantendrá con vida a AMLO, según su estrategia, es la prolongación del periodo electoral y no su fin; no ocurre lo mismo con su partido, que deberá entender que el tiempo de campaña ha terminado y que la continuación de la misma terminará hartando, sobre todo a quienes apenas se le acercaron en esta elección; si el Partido de la Revolución Democrática quiere mantener e incrementar su capital político, deberá pasar a la etapa institucional en la que habrá de demostrar que sabe cómo usar los espacios ganados para cumplir con lo que prometió durante la contienda.

Hablar de estados de ánimo, cuando la agenda nos presenta temas tan sensibles como el próximo Informe de Gobierno o el desfile militar, parece fuera de lugar. No nos equivoquemos: subestimar la variable emocional en estos momentos es perder de vista uno de los elementos más sensibles en cuanto al comportamiento político. Una razón más para que pasemos ya la página en esta larguísima historia.

lunes, agosto 14, 2006

El futuro de Felipe (Calderón)

(Artículo publicado en Excélsior el 12 de agosto)

¿En dónde está Felipe Calderón? Esa es la pregunta que en público y en privado se escucha cada vez con mayor frecuencia. Y es que, por estrategia o por incapacidad, los panistas han entregado el espacio mediático —verdadera plaza pública— a Andrés Manuel López Obrador y sus seguidores, quienes se mantienen día a día como los protagonistas de la información.

Especular sobre el bajo perfil público del candidato presidencial de Acción Nacional sería ocioso, de no ser por el efecto que ello tiene al servir como caldo de cultivo para quienes hablan de su debilidad e, incluso, reviven las versiones sobre un posible interinato ante la posibilidad de que no llegara a tomar posesión el próximo 1 de diciembre, si así lo valida el Tribunal Electoral.

Frente a estos rumores, bien vale la pena preguntarse por qué no se siente el peso del michoacano. A esto habría que responder, en primer lugar, que de algún modo es un asunto de percepción, pues si bien no ocupa las primeras planas ni los titulares informativos, Calderón mantiene activa su agenda. El problema se explica entonces, al menos parcialmente, por la lógica del espectáculo mediático. Competir en atractivo con un plantón, una toma de casetas o el cierre de oficinas bancarias, resulta difícil para cualquier actor que busque destacar en las noticias, en especial, cuando la contraoferta suele ser un acto cerrado en el que el candidato panista dialoga con algún sector de la sociedad en un formato tradicional.

A esta falta de seducción mediática, se suma la camisa de fuerza que se ciñe sobre el panista y que le impide actuar como presidente electo, a riesgo de ser criticado por no esperar al fallo del Tribunal Electoral. Quien lo dude, puede recordar la intensa reacción que generó el aval ofrecido por Elba Esther Gordillo, que les ganó condenas para ambos personajes. Con estas dos limitantes, vemos a un virtual candidato ganador que no parece serlo. Quizá porque confía en que el Tribunal terminará por avalar su triunfo y eso cambiará definitivamente su estatus. Vistos los primeros datos del recuento, todo indica que así será, pues ante la ausencia de irregularidades que indiquen la realización de un fraude, más allá de errores o hechos aislados, es predecible el próximo reconocimiento al proceso electoral del 2 de julio y a su resultado.

De ser así, pasaremos a una nueva etapa en la que el panista tendrá que actuar como Presidente electo. El desafío no es menor. Si bien podrá presumir de la legalidad de su triunfo y que su legitimidad es suficientemente sólida, según los votos y las encuestas poselectorales publicadas, lo cierto es que el principal desafío se presentará en el campo de la gobernabilidad. Es un tema complejo, no hay duda, pues en sentido estricto esa batalla deberá sortearla —al menos de aquí a diciembre— Vicente Fox. Sin embargo, de lo que ocurra desde septiembre hasta finales de noviembre, dependerá de en qué condiciones asumirá el poder el segundo presidente panista de la historia. Para esta nueva etapa, será clave la manera en que se desarrolle la relación entre el mandatario saliente y el entrante. Más allá de las formalidades, está claro que todo encuentro entre ambos personajes y sus equipos de trabajo puede resultar una fuente importante de noticias para el largo periodo de espera previa a la entrega formal del poder.

De este acuerdo también dependerá el uso del capital político que aún mantiene el gobierno saliente. Menospreciado por algunos medios y analistas, no deberá perderse de vista que seguirá dependiendo de Vicente Fox el uso de los recursos económicos, legales y políticos de toda la administración. De ahí que habrá que ver si se ponen al servicio de la causa de su sucesor o si se reservan para cuidar la imagen del actual Presidente.

Adicionalmente, Calderón deberá relanzar la frustrada cargada que se presentó luego del reconocimiento a su triunfo por parte del IFE. Declarado ganador por el Tribunal, ahora sí no quedará ya ningún impedimento para que gobiernos extranjeros y estatales feliciten a quien será el siguiente Presidente, lo que también dará pie a nuevas especulaciones en torno de quienes podrían ser parte de su futuro gabinete.

Es importante señalar que dicha etapa también resulta compleja, pues ante un entorno que demanda decisiones, aún no contará con el poder formal, de ahí que el panista deberá trabajar con el poder que genera su mera expectativa. Calderón no podrá dar nada, pero sí podrá ofrecer. Por eso, los futuros encuentros con el panista adquirirán un mayor estatus, factor que deberá ser aprovechado para intensificar sus reuniones con actores que al mismo tiempo que fortalezcan su legitimidad, le permitan ir tejiendo los hilos –mediante acuerdos y compromisos– que servirán para la gobernabilidad de lo que eventualmente será su mandato.

En este momento, las miradas están puestas en la resistencia de López Obrador, los conflictos estatales y el intenso calendario político que trae consigo septiembre. No obstante, vale la pena empezar a mirar lo que dentro de poco deberá ocurrir con el hoy, casi invisible, Felipe Calderón.

lunes, julio 24, 2006

Miremos al PRI

(Artículo publicado en Excélsior el 22 de julio)
Si queremos saber qué le espera a México en los próximos meses, tenemos que mirar al PRD; si deseamos conocer qué rumbo tendrá nuestro país durante los siguientes seis años, probablemente sea necesario analizar al PAN; pero si queremos imaginar qué desarrollo tendremos, tal vez durante la próxima década, es indispensable que coloquemos la mira sobre lo que pasa hoy con el PRI.

Ubicado por los votantes como la tercera fuerza política, el otrora partido hegemónico pasa indudablemente por una mala temporada. Habitual protagonista de primeras planas y columnas políticas, en las últimas semanas el tricolor es apenas un actor de reparto en la escena mediática nacional. Podemos entender porqué. Su ex candidato presidencial se encuentra en Singapur rumiando su tercer lugar en la contienda; la dirigencia nacional carga con el sello de su derrota histórica, y aún no hay claridad sobre quiénes serán los que asuman el mando en la etapa por venir.

Pero esta ausencia coyuntural no debe confundirnos. Con los resultados del 2 de julio en la mano, podemos afirmar que el PRI será nuevamente el partido que definirá en buena medida el destino de la nación, gracias a sus futuros 103 diputados y 33 senadores. Se tratará de los grupos parlamentarios más pequeños en su historia, sin embargo, no hay que subestimarlos pues serán el fiel de la balanza en el próximo Congreso de la Unión.

Aún estamos padeciendo, es cierto, la cruda postelectoral, pero vale la pena recordar que las campañas, ésas que tanto padecimos, cumplieron con su función al revelarnos qué ofrecía cada quien. Para el próximo sexenio no podemos esperar otra cosa sino un PAN pro reformas. Ese fue su compromiso y sólo así adquiere sentido la búsqueda de un gobierno de unidad o coalición. En contraste, el PRD apostará todas sus fichas para que eso no ocurra y pase lo que pase en los siguientes meses, López Obrador ya ha empeñado su palabra en que seguirá trabajando para impedir el avance del modelo, que en su opinión, ha hundido a México. Se puede coincidir con una u otra postura. Lo importante es que sabemos qué esperar.

De ahí que adquiera tanta importancia conocer cuál será la actuación del PRI durante los próximos años. La respuesta no es sencilla. Pocos días antes de la elección una página web española me pedía que los sacara de dudas: ¿es el PRI de izquierda o de derecha? La respuesta quizá les generó más confusión: es de ambas. Al ser durante décadas la única vía para obtener el poder público, el tricolor se convirtió en el campo de batalla de visiones encontradas.

Desde 1982 y hasta el 2000, el PRI fue el partido que impulsó al diablo llamado neoliberalismo. Sin embargo, en el último sexenio cambió de rumbo, según se dijo, por razones ideológicas; verdad puesta en duda por un Roberto Madrazo que como candidato, se anunciaba como promotor de las reformas estructurales que como dirigente partidista no impulsó. La pregunta resulta obligada: ¿el bloqueo priista a los cambios desde el Congreso se debió entonces a convicciones o una estrategia electoral sexenal?

Los mensajes de campaña y los resultados obtenidos nos dieron la respuesta: se trató simplemente de una mala estrategia. El tricolor de Madrazo apostó por el fracaso del foxismo como la vía para volver a Los Pinos. Ofrecer en campaña lo que se negó desde las posiciones de poder fue un acto de mezquindad e incongruencia que, por fortuna, terminaron pagando en las urnas.

¿Entendió el PRI la lección? De ser así, lo que seguirá es un debate serio sobre su identidad, tanto en su rol de oposición como de gobierno. Qué reformas propondrá o apoyará durante los siguientes años. Cuál es la visión de país que ofrecen a los electores. Qué comparte con la propuesta del PRD y qué con la de Acción Nacional. El proceso electoral que está por concluir en las siguientes semanas fue muy intenso para el PRI más allá de los resultados obtenidos; en el transcurso de las campañas se hicieron evidentes las diferencias entre sus propios grupos. Algunos optaron por cambiar de militancia. Otros, simplemente, se pronunciaron u operaron por otros candidatos pero sin renunciar al partido. Toca ahora a los priístas, redefinir cuál es la materia común que los une mas allá de la mera ambición de poder.

Y una vez que resuelvan ese necesario debate interno, deberán preguntarse cómo van a jugar durante los próximos años, con miras – por lo pronto - a las elecciones del 2009. En esa discusión podrán elegir el modelo panista, ése que los blanquiazules llevaron a cabo con éxito desde 1988, y que les permitió sacar adelante su agenda y ganar electores, gracias a intensas negociaciones con los gobiernos priistas; otra opción es la receta perredista, recién validada por los buenos resultados obtenidos, y que les lleva a jugar de oposición sin ceder ni un centímetro, con los costos y beneficios que eso implica. Habrá que ver cuál de estos caminos siguen los priístas, por ahora lo único claro es que su decisión nos afectará, de una u otra forma, a todos.

martes, julio 18, 2006

Factor tiempo (o de la rivalidad de AMLO con el reloj)

(Artículo publicado en Excélsior el 16 de julio)
Es una de las variables más importantes en la política. Nadie puede controlarla pero aquellos que saben lidiar con ella suelen cosechar éxitos. Lo puede decir Francisco Labastida. Hace seis años era la imagen de la debacle priista y ahora, puede presumir de ser senador electo por el voto de los sinaloenses. Otro que lo sabe bien es Cuauhtémoc Cárdenas, quien a lo largo de su carrera ha sido mártir, héroe, muerto político, villano de algunos e indiscutible candidato a figura de aquí y hasta el 2010. Como se podrán imaginar, la variable a la que me refiero no es otra sino el tiempo.

Siempre importante, en estos momentos se hace más claro su peso. Lo siente, por ejemplo, Andrés Manuel López Obrador. Conocedor como pocos del espectáculo político, el ahora ex candidato sabe que el tiempo juega en su contra y que bien podría sumarlo a su creciente lista de adversarios. Crear y mantener una campaña de resistencia durante dos o tres semanas es una cosa; mantenerla viva durante un par de meses hasta que el Tribunal Electoral anuncie su fallo, es otra muy diferente.

Experto en dar la nota y marcar los contenidos de los medios, López Obrador se ha apoderado nuevamente del control de la agenda informativa. No obstante empieza a experimentar lo que los economistas llaman rendimientos marginales decrecientes. El primer día que Andrés Manuel convocó a los reporteros para mostrar sus videos, se coló hasta los titulares del día siguiente; conforme avanzó la semana, sus misiles fueron perdiendo terreno en las primeras planas y ya en la prensa del viernes, las denuncias del tabasqueño terminaron ocupando un espacio en las páginas interiores.

La tragedia de AMLO es que se encuentra atrapado entre tres tiempos, y quien conoce de estas artes sabe bien que aunque usemos el mismo aparato para medirlo, son distintos los relojes que miden al tiempo jurídico, mediático y político. El primero suele avanzar con mucha lentitud. Es mata pasiones, enemigo del rating, y por eso, quizá debamos esperar hasta agosto para saber el veredicto de los magistrados.

El segundo de ellos, el tiempo mediático, es lo opuesto. Corre a gran velocidad y es particularmente cruel pues la nota de hoy difícilmente seguirá siendo atractiva la próxima semana. No me queda duda, AMLO quisiera seguir hablando del presunto fraude de aquí a que el Tribunal coloque el punto final a esta historia; si por él fuera, cada día dedicaría varias horas a presentar sus video-pruebas; el problema para su causa es que no habrá diario, noticiero ni audiencia que lo resista.

El tiempo mediático se alimenta de la renovación constante y difícilmente el movimiento de Andrés Manuel tendrá capacidad para alimentarlo. Más aún, cuando el reloj político también parece estar en su contra.

La política implica movimiento, y AMLO, en la lógica de la impugnación demanda congelar las cosas hasta que se produzca el desenlace. A pesar de sus deseos, el país poco a poco se recupera del impasse que implicó el 2 de julio. Primero, fueron los gobiernos extranjeros quienes a través de sus felicitaciones mostraron que había que volver a la normalidad; los perredistas lograron con cierto éxito contenerlos, sin embargo, ya se empieza hablar de los próximos coordinadores parlamentarios y no faltará mucho para que crezcan las especulaciones sobre el siguiente gobierno.

Le guste o no a López Obrador, la rueda del poder no se puede detener por mucho tiempo y sería absurdo, por ejemplo, que los gobernadores de todos los partidos no empiecen a acercarse al que muy probablemente repartirá el pastel del presupuesto durante los próximos seis años. Por eso, la protesta de AMLO muestra desde ya signos de desgaste. Inevitablemente, pues así es la política, han empezado a surgir los reproches internos y poco a poco surgen los nombres de los nuevos liderazgos; la espera junto a López Obrador se volverá cada día más incómoda y ya hay quienes discretamente buscan las salidas.

Seamos claros: en este escenario, el tiempo no juega del lado de Andrés Manuel. ¿Y cómo afecta a Felipe Calderón? En una primera mirada, pareciera que también es víctima del reloj jurídico. La espera le impide ser noticia – a riesgo de ser criticado por acelerado - y el reloj mediático avanza sin tomarlo en cuenta. Tal vez para su sorpresa, resulta que el IFE lo reconoció como el candidato que obtuvo el mayor número de votos, pero no todas las cámaras y micrófonos están a su puerta.

Sin embargo, si Calderón sabe leer la coyuntura podrá sacarle provecho. Estar lejos de los reflectores no siempre es una maldición si eso permite hacer un trabajo político sin tanta presión. Si el silencio público está acompañado por un intenso diálogo privado, quizá la espera no sea tan mala. Al final, el reloj político juega a su favor pues el poder – incluso su mera expectativa – suele ser un incentivo para dialogar y poco a poco los actores irán recuperando su inercia. Visto así, todo indica que cuando llegue a su plazo el tiempo jurídico, la política y los medios ya habrán dado su contundente veredicto.

macampos@enteratehoy.com.mx www.enteratehoy.com.mx

lunes, julio 10, 2006

Corte de caja (o del futuro de los partidos políticos en México)

(Artículo publicado en Excélsior el 8 de julio)
Luego de escuchar el computo final del IFE, una comentarista radiofónica decía que vendrían los penaltis en la cancha del Tribunal Electoral. Ante su esperanzado pejismo habría que responder que este partido está viviendo sus últimos minutos con un claro ganador, y sólo estamos en espera del silbatazo final aunque una parte del público no pierda la esperanza de que se marque un sorpresivo penal que cambie el resultado. Ante lo improbable de que eso ocurra, les invito a que nos hagamos algunas preguntas sobre el futuro de los partidos políticos pues para todos ellos hay vida después del 2 de julio.

¿Qué va a hacer el PAN con el triunfo? Las cifras hablan: es la victoria más importante en su historia. No sólo porque ganó en 16 entidades, retuvo tres gubernaturas y será la primera fuerza política en ambas cámaras, sino porque todo eso lo logró sin tener que cargar durante los próximos años con la leyenda de que ganó el candidato y no el partido. Lo paradójico es que al ser esa una buena noticia, es también reveladora de la crisis de liderazgos que se vive en esa organización. Más allá de Felipe Calderón y Josefina Vázquez Mota, Acción Nacional carece de figuras nacionales – excluyendo, por supuesto, al popular Vicente Fox – y eso debería ser un foco amarillo que los haga preguntarse cómo van a aprovechar los próximos años para resolver ese problema.

¿Qué hará el PRD con el capital ganado? Al contrario de lo que ocurre con el PAN, el también histórico crecimiento del PRD no puede entenderse sin el carisma de su candidato presidencial. Por eso, y porque en las siguientes elecciones estatales no estará López Obrador en la boleta, en ese partido deben preguntarse cómo aprovechar las simpatías acumuladas durante la contienda. ¿Dejarán que se gaste en movilizaciones? o ¿acatarán – sin presiones - la decisión del Tribunal Electoral para borrar de una vez por todas la imagen de partido conflictivo?

En algunos sistemas políticos, el candidato derrotado se asume como líder formal de la oposición. ¿Será López Obrador el principal interlocutor del futuro gobierno, lo que lo mantendría vigente hasta el 2012, o apostarán por la conservación de sus banderas con una renovación de liderazgos? Por lo pronto, habrá que esperar a las siguientes elecciones estatales para ver si su avance electoral se mantiene o se desinfla como una burbuja que sólo se mantuvo gracias al efecto AMLO.

¿Qué hará el PRI con la derrota? Lo comentamos en este espacio hace algunas semanas: el PRI debe refundarse. Si los priistas son capaces de poner en perspectiva los resultados del pasado domingo, verán que todavía tienen partido para rato. Fue el fracaso de Roberto Madrazo como candidato presidencial, y por ello, todos pagaron las consecuencias. No obstante, no sería raro que en los próximos procesos locales el PRI vuelva a ganar. A pesar de su popularidad sigo sin compartir la hipótesis de un futuro México bipartista. Aunque aún no se ven con claridad ahí están políticos como los Enriques –Jackson, Peña Nieto y Martínez - que saben que la franquicia bien cuidada todavía tiene mucho que dar. Sólo el tiempo nos dirá si fueron capaces de renovarse o si la ambición de corto plazo los llevó a mudarse a otros partidos políticos.

¿Qué hará Convergencia con el PRD? El partido naranja no es el PT. Mientras el segundo vive desde hace años a expensas del Sol Azteca, el instituto que fundó Dante Delgado tiene vida propia. Por eso deberá ser muy cuidadoso en los próximos meses. Abandonar a López Obrador antes de que el Tribunal califique la elección quizá sería un gesto de deslealtad, pero seguir incondicionalmente al perredismo en eventuales protestas podría hacerle perder el capital que recién demostró en lugares como Veracruz.

Habrá que esperar a la integración del Congreso de la Unión pues será en ese espacio en el que Convergencia podría recuperar su autonomía, para asumirse como un interlocutor del gobierno federal. Sus votos, manejados con responsabilidad, bien pueden contribuir a la gobernabilidad y al desarrollo del país.

¿Qué va a hacer Patricia Mercado con Alternativa? La ex candidata sabe que quien ganó el registro fue ella y no su partido. ¿Podrá convertir su imagen en el capital de una fuerza política o se quedará únicamente como una autoridad moral? Alternativa no pesará por su lugar en el Congreso pero si sabe dialogar y logra impulsar su agenda, con trabajo en medios y e interlocución con otros actores, podrá seguir haciendo historia.

¿Tiene futuro Nueva Alianza? Todo indica que sí. El pasado domingo demostró que tiene la capacidad de llevar hombres y mujeres al Congreso, basado únicamente en su propia estructura. Será un aliado mediático, político y parlamentario del futuro gobierno y eso le permitirá crecer. Tiene claridad en su agenda como pocos, y las próximas elecciones estatales pueden ser su vía al crecimiento.

Por último, ¿dejará de ser negocio de unos cuántos el Partido Verde? Vistos los buenos resultados que obtuvieron el domingo pasado – que les permitirá mantener espacios en el Congreso y prerrogativas del IFE a pesar del fracaso del PRI- la respuesta es no.

martes, julio 04, 2006

Todos a votar (o la agenda para el que gane)

(Este artículo apareció publicado el sábado 1 de julio en Excélsior pero tiene ideas que valen para después de la elección. A ver qué les parece)

Llegó el día. Finalmente, (...) elegiremos a quien será nuestro próximo Presidente de la República. Quien gane, no hay duda, será un Mandatario legítimo, atributo que lamentablemente desde ahora hay quien le quiere regatear bajo la premisa de que será producto de una participación electoral escasa sumada a unas preferencias divididas. En esa lógica, incluso, se han escuchado algunas voces que consideran que el ganador será uno de los gobernantes elegidos con el menor número de votos en la historia reciente de nuestro país. La idea, aunque vendedora, es engañosa.

En primer lugar, porque lo que le otorga la legitimidad al ganador no es la cantidad de votos que obtuvo, sino el número de votos válidos que en realidad se emitieron en conjunto. En otras palabras, la idea de la democracia descansa en que todos aquellos que participamos en el proceso electoral – candidatos y ciudadanos – lo hacemos con el compromiso de avalar el método y por lo tanto el resultado. Quien triunfe gobernará para todos, no sólo para quienes lo respaldaron.

Ante esas voces también habría que recordar nuestro pasado político en el que prácticamente bastaba el voto de un solo hombre – el Presidente saliente – para designar a su sucesor. En ese sistema, la legitimidad descansaba más en el aval de los sectores del partido-gobierno, que en el auténtico respaldo ciudadano en las urnas. Citando a un clásico: no nos hagamos bolas, el ganador de mañana será infinitamente más fuerte – en su origen – que cualquiera de los que fueron electos en un sistema en el que no había competencia real ni libertad de información y opinión. Como ejemplo crudo basta con recordar la elección de José López Portillo, quien ni siquiera enfrentó una competencia en la boleta.

La precisión es pertinente pues no podemos quitarle mérito desde ahora a quien nos gobernará durante los próximos seis años. Sería un grave error pues ya ha sido demasiado costosa esta contienda. Evaluemos, si se quiere, la pertinencia de una segunda vuelta pero eso no aplicará en esta ocasión. Por eso, cuando se anuncie el nombre de quien ganó habrá que cerrar filas y reconocerle todo su capital político pues le hará falta. Y es aquí que quisiera llamar la atención sobre algunas de las tareas que demandarán la atención del futuro ganador.

El primer desafío será darle vuelta a la página. La polarización es real y todavía no sabemos hasta dónde ha perneado en la sociedad y hasta dónde fue sólo un tema de campaña. Cualquiera que sea la respuesta, la primera tarea del ganador será tender puentes. Por un lado, entre la clase política que se seguirá viendo las caras en diversos espacios de poder como el Congreso: por el otro, entre la población. México cuenta entre sus activos con una sociedad que no está confrontada y ningún político debe jugar con eso.

En esta lógica, el ganador también deberá llevar a la práctica lo que Dick Morris ha bautizado como la triangulación, estrategia que consiste en retomar las banderas de los adversarios. Si bien el planteamiento del consultor norteamericano se refiere a la comunicación política, debe utilizarse en el escenario mexicano más allá de la lógica electoral. Si algo ha mostrado esta larga contienda han sido las diferencias entre las visiones de los distintos aspirantes. En algunos casos con visiones incompatibles, pero en muchos otros, únicamente con diferencias de acentos.

Si gana Felipe Calderón, por lo tanto, no sólo deberá cumplir con sus promesas de empleo sino que estará obligado a incorporar parte de la oferta social de Andrés Manuel López Obrador. En el mismo sentido, un Andrés Manuel ganador tendrá que ser especialmente cuidadoso y responsable con todas las variables de la economía que hoy nos han dado estabilidad. Jugar con la inflación, las reservas o cualquier otro factor que se traduzca en crisis sería sumamente costoso, e implicaría la muerte política del PRD que en los hechos habría dado por buenas todas las advertencias de sus opositores.

México, decía ayer en estas páginas Jorge Fernández, no se puede reinventar cada sexenio. Tiene razón. En estos años los mexicanos hemos logrado triunfos importantes.
Nuestra política social – formada y mejorada a lo largo de los últimos sexenios – es reconocida internacionalmente; tenemos estabilidad económica y hemos avanzado en campos importantes como la transparencia y la democracia en su sentido más amplio de ejercicio de las libertades. En estos y otros ámbitos no hay que hacerle al alquimista.

El reto para el ganador de mañana será reconocer lo que sí funciona y utilizar toda la fuerza de su triunfo en construir un gobierno con liderazgo que nos lleve por el que él considere el mejor camino. Esa será su tarea. La nuestra, por ahora, es salir a votar el día de mañana. Que cada quien cumpla su parte.
PD. En estos momentos, cuando es 4 de julio, puedo decir con orgullo que los ciudadanos que votamos y participamos en el proceso de una u otra forma, cumplimos con nuestra parte. Felicidades para todos.

lunes, junio 26, 2006

Tomemos partido

(Artículo publicado en Excélsior el 24 de junio)
Ocho días nos separan de la elección y ha llegado el tiempo de tomar partido. En los últimos seis meses, los mexicanos hemos sido testigos y partícipes del desarrollo de las campañas. Durante este periodo, la mayoría de los analistas han puesto el acento en las críticas. Se ha dicho que no han aparecido las propuesta y que los mensajes negativos han marcado la pauta. Frente a esa visión yo les propongo otra, que parte de que en la política las cosas hay que hacerlas con lo que tenemos y no con lo que quisiéramos contar.

La contienda que hemos visto no está para hacerle un homenaje, sin embargo, ha cumplido su función. A estas alturas nadie puede alegar que Felipe Calderón, Andrés Manuel López Obrador, Roberto Madrazo, Patricia Mercado y Roberto Campa, sean todos iguales. A pesar de sus limitaciones, las campañas han servido para reflejar las diferencias en sus personalidades y proyectos, y hoy contamos con suficientes elementos para poder elegir. Por cuestiones de espacio me enfocaré en los dos aspirantes a la Presidencia que las encuestas colocan con mayores posibilidades de triunfo.

Empecemos por Andrés Manuel López Obrador. Del candidato perredista podemos decir mucho. Lo hemos visto como candidato a la gubernatura de Tabasco, Presidente del PRD y sobretodo como Jefe de Gobierno. Sabemos cómo entiende a la política. Le gusta y sabe usar el conflicto, habilidad valiosa en un político que le permite definir sus adversarios y banderas. A lo largo de los años López Obrador ha mostrado su carácter que lo mismo le permite decidir la controvertida construcción de obras como los segundos pisos, que asignar a Palacio Nacional como la casa presidencial si es que gana el 2 de julio. Andrés Manuel es un hombre impulsivo e intuitivo que está convencido de su razones, lo que le permite enfrentar la adversidad, al tiempo que le impide responder con rapidez a los cambios en el entorno.

Si votamos por López Obrador sabemos qué estaríamos eligiendo. Un Presidente con una imagen fuerte – lo hemos visto en su relación con los otros poderes, incluidos los medios de comunicación - que colocaría sus propuestas por delante de las críticas, lo que probablemente nos llevaría a replicar desde el poder la polarización que hoy hemos visto durante las campañas, en particular, por su política social que algunos ven como la respuesta a sus súplicas y otros consideran como la vía más corta para volver a las crisis y al corporativismo que tan bien conocemos.

En la otra esquina encontramos a Felipe Calderón. Pese a su paso por la dirigencia de Acción Nacional y sus cargos en el gobierno de Vicente Fox, el michoacano resultaba un desconocido para muchos hasta que empezó la batalla. Hoy sabemos que su propuesta de gobierno pasa por la construcción de una coalición. La apuesta es clara: construir los acuerdos con los partidos políticos que le permitan sacar adelante las reformas estructurales que se le atoraron al foxismo. En este tiempo, Calderón fue tibio en sus posiciones públicas ante la administración de Vicente Fox. Lo cierto es que tampoco hicieron falta para entender – vía la presencia en su equipo de Josefina Vázquez Mota y Eduardo Sojo, por mencionar sólo algunos – que un eventual triunfo implicaría en muchos sentidos una continuidad de lo que hasta hoy hemos visto, al menos en temas como política económica y social. Si eso es bueno o malo, dependerá de su propio juicio.

Estamos ante dos visiones claramente diferenciadas. Si gana uno u otro, el país caminará durante los próximos años por rutas distintas. Por eso es importante tomar partido. Debemos hacerlo porque se nos acaba el tiempo. El próximo dos de julio en la noche sabremos todos el nombre del próximo Presidente de México. A partir de ese momento habrá que dar la vuelta a la página. Seguiremos siendo fieles a nuestras ideas pero habrá que hacer una pausa de al menos tres años en la lucha política. Quien gane deberá recibir nuestro apoyo y en la medida de lo posible, deberemos ser generosos para que pueda lleva a la práctica sus propuestas de campaña. Sabotearlo simplemente porque no fue nuestra opción sólo condenaría el país a seis años de parálisis.
Esta batalla deberá llegar a su fin dentro de ocho días, cuando daremos paso a la reconciliación; ahora, es el momento de tomar partido.

sábado, junio 17, 2006

Adiós a las encuestas

(Artículo publicado el 17 de junio en Excélsior)
Compañeras de viaje de la democracia mexicana, las encuestas se han convertido en protagonistas de todo proceso electoral. Gracias a ellas los perredistas vieron durante meses al 2 de julio como un mero trámite. No había duda, Andrés Manuel López Obrador iba solo en su camino hacia Palacio Nacional. Luego empezaron las campañas, Felipe Calderón dio la sorpresa en el PAN y el partido que todos daban por muerto logró generar expectativas de triunfo. A lo largo de los últimos meses el panista alcanzó y hasta rebasó. Los perredistas reaccionaron, recuperaron el terreno perdido y hoy, según todos los estudios de opinión serios, la moneda está en el aire.

De las últimas cinco encuestas que se han publicado ya con el posdebate, dos –El Universal y GEA-Isa – colocan a Felipe Calderón como puntero, y tres – Reforma, Demotécnia y Consulta Mitofsky – ubican a Andrés Manuel al frente de la contienda. La diferencia es importante, sin embargo, en ninguna la distancia entre uno y otro es superior a tres puntos.

Salvo la encuesta de El Universal todas también coinciden en que luego del encuentro entre los candidatos a la Presidencia – y la polémica en torno a Diego Zavala – López Obrador creció y Felipe Calderón perdió terreno en la intención de voto. No obstante, vistos los datos es posible citar al titular de Excélsior del 7 de junio: Pega pero no tumba, atinada frase que en su momento describió el desempeño del panista la noche del 6 de junio, y que ahora se puede aplicar al posdebate claramente ganado por el perredista. Que la campaña de la Alianza por el Bien de Todos se encuentra en buen momento, no hay duda, sin embargo aún no puede cantar victoria.

Habrá que esperar a la última avalancha de mediciones, no obstante, parece difícil que los datos cambien hasta alcanzar rangos que sean definitivos. De cumplirse este pronóstico, resultará claro que las encuestas, ésas que nos han cautivado durante años, serán instrumentos inútiles a la hora de pronosticar el resultado del próximo 2 de julio. Con resultados que caben dentro de los márgenes de error, un electorado que ha mostrado su volatilidad en los últimos meses, y un porcentaje de indecisos que aún puede cargar la balanza, nadie puede asegurar quién será el ganador. Por ello, es que ha llegado el momento de dejar las encuestas a un lado para poner nuestra atención sobre los operadores políticos.

Durante los próximos días la duda no serán más las preferencias electorales, esas ya las conocemos; el reto ahora será convertir esas intenciones en votos en las urnas. Esa será la variable que determine el final de esta historia y ésa, la operación, no hay encuesta que la mida.

Es la hora de Convergencia y su capacidad para movilizar a los electores en Veracruz y la conflictiva Oaxaca; es el tiempo de los gobernadores priistas, cuya fidelidad al PRI ha sido puesta en duda; y es también la hora de Elba Esther Gordillo y su alianza con Vicente Fox.

Dos semanas faltan para el día de la elección y en este plazo será cuando sabremos si las listas partidistas para el Congreso, esas de las que ya no nos acordamos, tuvieron sentido o no. Es el turno de Benjamín González Roaro y Diódoro Carrasco que pasaron de las filas del PRI al PAN; pero también de Raúl Sifuentes y Enrique Ibarra, que deberán demostrar que su llegada al PRD se traducirá en votos en Coahuila y Jalisco, respectivamente.

A esta, la etapa final, llega el PRI cargado de experiencia pero con la amenaza del voto útil que pende sobre su cabeza, y el costo de haber perdido a figuras como Roberto Vega Galina - dirigente del sindicato del IMSS-, y a la propia Elba Esther, Presidenta del SNTE, cuyas facturas todavía están por valorarse; para el próximo 2 de julio, el PRD podría sentirse confiado luego de su paso por las plazas públicas sino fuera porque la historia les ha demostrado que los zócalos no votan, como recientemente les recordó Cuauhtémoc Cárdenas; y el PAN, llegará a las urnas por primera vez en su historia, como el partido en el gobierno federal y con la esperanza de que los electores que usualmente no llegan a sus mítines, salgan a la hora de votar tal y como lo hicieron hace seis años.

Finalmente, en los próximos 15 días influirán el entorno económico nacional, el desempeño del gobierno foxista, los conflictos estatales y quizá hasta el estado de ánimo que nos produzca la Selección Nacional; todo un cóctel que nos recuerda los límites de las encuestas y lo frágil que puede ser la supuesta certidumbre política.


macampos@enteratehoy.com.mx

lunes, junio 12, 2006

Percepción NO es realidad

(Artículo publicado en Excélsior el 10 de junio)

Quienes trabajamos de alguna manera con los medios –politólogos, publicistas, mercadólogos y políticos– lo sabemos: percepción es realidad. Y como en "La boa", la célebre canción de la Sonora Santanera, también lo saben los locutores, los periodistas y los ingenieros. Todos lo saben. Y lo sabemos porque lo hemos visto. Si alguien lo duda, puede recordar a Arturo Montiel, quien vio desvanecer sus aspiraciones políticas en el mismo espacio en el cual las vio nacer: la prensa escrita y electrónica. Si Montiel es un corrupto o no, es cosa ajena, de tribunales. Comisiones especiales aparte, todo indica que por esa vía nunca se resolverá su caso –y ni falta que hace–, pues en el juicio de la opinión pública, Montiel ya fue sentenciado.

La percepción a veces lo es todo. ¿Recuerdan a Taesa? Desaparecida aerolínea que desde hace algunos años se convirtió –involuntariamente, por supuesto– en mi ejemplo favorito cuando se habla de un mal manejo de crisis. En algún momento de su trágica historia se les cayó un avión, y con él también la confianza de los consumidores, quienes le hicieron el vacío a sus taquillas hasta quebrarla.

Con estos ejemplos, resulta fácil repetir el axioma hasta cansarnos: percepción es realidad, más aún si agregamos uno de sus complementos favoritos: al menos, en cuanto a sus consecuencias. Quizás un banco no tenga problemas financieros, no obstante, bastará con que un rumor sobre sus finanzas cobre suficiente fuerza para que todos sus ahorradores quieran sacar su dinero. En ese momento, la crisis de la institución se hará realidad. Profecías autocumplidas como esta, son prueba del dicho.

Sin embargo, visto el panorama nacional, bien vale la pena recordar que nuestro principio tiene límites. Dicho de otro modo, lo percibido no es necesariamente la realidad. Incluso puede ser su opuesto. La reflexión viene a cuento porque nuestra clase política parece decidida a llevar el reino de la imagen hasta el límite. Vistos los spots y discursos recientes, está claro que para muchos se acabó la realidad y ya sólo existe la percepción.

Bajo esa premisa es que el PAN no ha tenido ningún problema para mentir, como lo ha hecho, al mostrar a López Obrador justificando el linchamiento de Tláhuac, cuando el entonces jefe de Gobierno se refería, en la imagen mostrada, a hechos diferentes. Miente también el PRD al inducir la idea de un Felipe Calderón firmando un aparente Fobaproa, acción evidenciada, al apuntar hechos tan simples como que la mano firmante es de un diestro, mientras que Calderón es zurdo; en esa dinámica encontramos también a Patricia Mercado, quien utiliza imágenes del primer debate para dar la idea de que sus contendientes se inclinan por un triunfo de la candidata.

Manipulaciones todas de diverso grado, pero con un denominador común: lo importante no es lo que ocurrió, sino lo que podemos hacer creer que en realidad pasó. Se dirá que eso ocurre en todo spot. Nadie cree, por ejemplo, que sea un delincuente real quien tiembla de miedo ante la oferta política de Roberto Madrazo. No obstante, aquí estamos hablando de una perversión aún mayor. No se trata de ficción, sino de distorsionar la realidad de tal forma que nada tenga que ver con la verdad.

El fenómeno ha crecido conforme avanzan las semanas y ahora se extiende hasta el discurso público. Luego del segundo debate, se cocinó la idea de un pacto entre las fuerzas políticas. Vistos los mensajes de sus promotores y participantes, el proyecto respondería a las necesidades nacionales. Basta con ver su nombre: Acuerdo Democrático por la Equidad, Legalidad y Gobernabilidad. ¿Quién criticaría semejante compromiso?
Según se anunciaba, sería una pieza clave para apuntalar la elección del 2 de julio. Todos acatarían el resultado y tendríamos una sucesión ordenada. Como ya se ha vuelto costumbre, resultó falso. Con sólo mirar su contenido, resulta claro que es una trampa con diferentes destinatarios, especialmente el IFE, al que le colocan un enorme sello de desconfianza al pedir una auditoría al Padrón Electoral y al Programa de Resultados Preliminares, a pocas semanas del día de las votaciones. Lo que se vende como un gesto de confianza es en realidad una coartada para futuras protestas poselectorales.

Que alguien se sorprenda por el hecho de que los políticos mientan, parece un acto de ingenuidad; aun así asumo el costo, pues el nivel de cinismo va en ascenso y algo debemos hacer. Cada día que pasa se pretende engañar con mayor descaro, incluso con datos que son refutables en pocos minutos.

Ante la proximidad de la elección crece la tentación de mentir, pues se asume que lo único realmente importante es la impresión que se genere en los futuros electores. Así está ocurriendo y nada indica que esto vaya a detenerse con el 2 de julio. Por el contrario, así seguirán las cosas hasta que los ciudadanos les demostremos a los políticos que también valoramos la verdad. El día que ellos lo sepan, quizá empiecen a cambiar las cosas.