miércoles, noviembre 23, 2011
jueves, noviembre 17, 2011
Elecciones en España 20-N
Tres días separan a España del fin de una etapa que inició en medio de una crisis – luego del ataque terrorista de Al Qaeda el 11 de marzo de 2004 – y que termina en medio de otra. Así llegó y así se va José Luis Rodríguez Zapatero. Sólo que en esta ocasión no es el terrorismo el que ha marcado a estas elecciones generales sino la economía, tema obligado de todos los análisis y mensajes de campaña, dada la presencia de casi cinco millones de desempleados en un país que apenas rebasa los 40 millones de habitantes.
Así llega este país a la elección del próximo 20 de noviembre, con la particularidad de que no hay un solo medio que dude sobre quién será el ganador. La incertidumbre habitual en cada contienda electoral aquí no existe pues se da como hecho que será Mariano Rajoy – cabeza de lista del Partido Popular – el sucesor de José Luis Rodriguez Zapatero, y no Arturo Pérez Ruvalcaba, el candidato del Partido Socialista Obrero Español, aspirante que parece coincidir con esos diagnósticos y que en el único debate que sostuvieron jugó más el rol de opositor, casi de periodista inquisidor, que el de un auténtico retador como si las encuestas le hubieran convencido también a él, de que en esta contienda la pregunta no es si perderá o no sino por cuánto.
Pero quizá lo más extraño de esta anticipada elección – que originalmente estaba programada para el mes de marzo pero que tuvo que ser adelantada por el desgaste del gobierno saliente – es que no hay una esperanza de cambio en el ánimo de los votantes. Tal vez porque los diarios más que hablar de las campañas hablan del deterioro de la economía europea en general, y de la cuesta abajo que sigue la española en particular. O peor aún, porque el ánimo dominante es que lo que se decidirá en la votación del domingo 20 de noviembre no es el nombre del próximo presidente de gobierno sino apenas el nombramiento del administrador de un programa construido más allá de las fronteras españolas.
Como hoy Grecia, Irlanda, Italia siguen rigurosamente los mandatos de los mercados, España ahora se apresta para seguir una vieja receta bien conocida por los latinoamericanos: recortes en el gasto del Estado, venta de activos públicos, revisión de las pensiones, y otros puntos amargos de una medicina que hoy se impone por toda la región.
Así se espera la llegada de las votaciones, con la expectativa de que algo pueda suceder que le ponga sabor a esta contienda, ya sean los – aparentemente ausentes – Indignados del 15-M, el voto de los mercados o algún otro factor sorpresa que pudiera irrumpir. Por ahora, esta parece la víspera de una historia ya anunciada.
Mario Campos
twitter.com/mariocampos
jueves, noviembre 10, 2011
jueves, octubre 06, 2011
Cuidado con el terror
Lo vimos después de los atentados terroristas del 11 de septiempre de 2001, cuando la que se define a si misma como la sociedad más democrática del planeta, la estadounidense, permitió la invasión de su privacidad, aceptó la práctica de la tortura como una forma válida de obtener información y toleró la existencia de cárceles en el limbo jurídico como Guantánamo, todo con la promesa de vivir en un país más seguro.
Lo hemos registrado también en las sociedades que apoyan la criminalización de la migración o el establecimiento de la pena de muerte para ciertos delitos, y en general en contextos en los que se usan los temores de una sociedad para lograr la viabilidad de acciones, leyes o políticas que en condiciones de normalidad serían rechazadas. Y ese peligro ocurre hoy en nuestro país. Paradójicamente la misma amenaza está sobre nosotros aunque uno de los emisores son las autoridades y el otro el crimen organizado.
En el primer caso cuando el Presidente Calderón propone al Congreso de la Unión la aprobación de un Código Penal modelo para todo el país, que amplía por ejemplo, las facultades discrecionales del Ministerio Público. ¿De veras queremos agentes del MP que puedan decidir órdenes de captura sin la autorización de un juez?
La primera respuesta sería que no pero si somos concientes de todo lo que hemos cedido hasta ahora, no nos debería sorprender. Los retenes son pan de todos los días en buena parte del país, las Fuerzas Armadas detienen de manera cotidiana a civiles sin que estén preparados ni facultados por ley para hacer labores policiacas y aparatos de dudosa utilidad como el "detector molecular" GT200, son empleados para justificar invasivas revisiones. Todo bajo la promesa de vivir más seguros. ¿Ha funcionado o por el contrario somos más vulnerables?
Y ahora a esta misma promesa de seguridad se agregan, desde el "lado obscuro", los Matazetas y diversos actores -como en su momento el grupo de la Familia Michoacana- que ofrecen llenar nuestras calles de muertos pero con la generosa promesa de acabar con los verdaderamente malos. Y para que no haya duda de qué lado están estos nuevos justicieros, en su discurso - difundido via youtube- emplean palabras como ética y moral.
El riesgo es que en sociedades desesperadas como la nuestra este discurso encuentre a quien le parezca atractivo. El razonamiento es que si las autoridades no han funcionado, entonces dejemos que los malos se encarguen de los otros malos.
Es una falsa salida. Todas las experiencias muestran que esos grupos pasan siempre de redentores a victimarios y al final son la misma plaga que dicen combatir. Por eso hay que temerle al miedo. Desconfiemos de quien promete la tranquilidad detrás de un pasamontañas y no permitamos que en areas de un hipotético futuro seguro hoy vivamos un presente de mayor vulnerabilidad e incertidumbre.
www.twitter.com/mariocampos
lunes, septiembre 26, 2011
Contra el cinismo
¿Se puede cambiar al país? ¿es posible reunirse con un diputado o una senadora y decirle lo que necesitamos los ciudadanos? Apuesto a que la mayoría de los lectores dirá que no, que en México los políticos son ajenos a lo que nos preocupa y que eso de influir en el Congreso está reservado para los grandes poderes. No culpo a quien así lo crea pues eso se han empeñado en hacernos creer.
En nuestro país la mayoría de los mexicanos nos sentimos ajenos a la política. Su sola mención provoca bostezos y afirmar que alguien hace política es condenarlo a la sospecha inmediata. Creencias que sin duda tienen una dosis de sustento en la realidad pero que también se ha exagerado desde los medios una y otra vez. Envueltos en la supuesta bandera de la denuncia valiente, los medios están llenos de opinares que aseguran que todos los políticos son iguales y que mejor ni intentar dialogar con ellos porque de todas formas ni caso nos van a hacer.
Lo paradójico es que el saldo de esa lógica es que justo fortalece lo que se supone que pretende denunciar. Porque si nos alejamos de la política, el resultado es que las cosas sigan tal y como están. Por eso, en vez de caer en el lugar común de afirmar que actuar sirve de poco, vale la pena poner atención a todas las historias de éxito que se han presentado en el país en los últimos tiempos. Si bien el caso más emblemático es el del freno al impuesto a internet con la bandera de #InternetNecesario, ahora podemos agregar el caso de la #Ley5deJunio,que establece un nuevo marco legal para la operación de las guarderías en el país.
Impulsada por algunos de los padres de las víctimas del incendio de la GuarderíaABC de Hermosillo, en Sonora, y por el empuje de activistas como Daniel Gerherson (@Alconsumidor), la ley retoma buena parte de sus denuncias y ofrece mejores condiciones de vida para miles de familias. La ley es resultado del trabajo de meses, de tocar puertas en el Senado y en la Cámara de Diputados, para que los legisladores entendieran la importancia del proyecto. Y después de batallar, empujar el tema en redes sociales, hacer antesala en medios y en oficinas de políticos, los promotores de la ley lograron su propósito. Se trata de un caso digno de aplaudir.
Como también lo fue todo el cabildeo realizado por usuarios de internet, ciudadanos preocupados por la neutralidad de la red que lograron que el Senado mexicano fijara su postura en contra de un acuerdo contra la piratería que había sido negociado por el Poder Ejecutivo (#ACTA). Los activistas – que en su mayoría son personas comunes y corrientes, que no están de tiempo completo dedicados a la acción política –lograron ser escuchados por el Legislativo de tal forma que con el apoyo – una vez más – de redes sociales, medios tradicionales e interlocutores sensibles dentro del Congreso, lograron detener un tema que incluso tiene dimensiones internacionales.
Y la misma historia ha ocurrido en otros rubros: ley contra secuestradores, matrimonio entre personas del mismo sexo, reconocimiento del derecho al agua, y esperemos, con algunos puntos importantes de la reforma política.
El común denominador en estas historias es que fueron grupos de ciudadanos los que incidieron en la discusión. Que no obstante las resistencias y los grupos de poder contrarios a estas medidas, los activistas fueron capaces de sacar adelante una agenda. Y que contra lo que nos decimos todo el tiempo, también existen actores políticos dentro de las cámaras que son capaces de servir como aliados de esas luchas pues finalmente sin sus votos no serían posibles estas leyes, ya sea aprobarlas o frenarlas.
Ya son muchos casos como para creer que son hechos aislados. La evidencia muestra que sí es posible incidir pero ello requiere que seamos conscientes de la viabilidad de estas luchas. Dejemos de creer que no hay nada que hacer porque ese argumento es inútil, y por fortuna, falso.
En unos años tal vez nos demos cuenta de estos procesos que hoy está viviendo el país y reconozcamos el papel de muchos ciudadanos que hoy están dando grandes batallas, y lo mejor de todo, es que muchas de ellas las están ganando.
viernes, septiembre 09, 2011
Todos contra las redes sociales
Prueba de ello son la persecusión en Veracruz de dos usuarios -uno de twitter y otra de Facebook- a los que acusa de terrorismo y sabotaje por haber reportado supuestos hechos de violencia, y en Tabasco en donde recién aprobaron una reforma al código penal que castiga hasta con cárcel a quienes difundan rumores que en opinión de las autoridades pongan en riesgo la seguridad del estado y sus habitantes.
Más allá de nuestra simpatía por estos espacios es posible entender la animadversión gubernamental. Por un lado porque es obvio que una sociedad más articulada y mejor comunicada entre sí es incómoda, particularmente para los regímenes autoritarios. Por el otro, porque es natural que desde el poder se critique el uso de twitter o facebook para organizar saqueos o para generar temor entre la población. Pero siendo legítimas esas críticas el error es la forma en que se está abordando el problema.
Porque si lo que se quiere es evitar que los
Ciudadanos se organicen para protestar, la solución no es impedir que dialoguen entre ellos a través de las redes sino atender las causas de la protesta social. Lo que proponen al vulnerar la
Privacidad de las comunicaciones es como si ante una crítica al gobierno por el desempleo, en vez de buscar alternativas económicas, se
prohibiera la impresión de periódicos para evitar la difusión de la inconformidad.
Y lo mismo está pasando en nuestro país. Si bien hay evidencia de que el crimen organizado usa los medios -nuevos o tradicionales- para sembrar miedo y condicionar nuestra conducta al difundir supuestos toques de queda, amenazas de violencia, o presuntos enfrentamientos, la solución no está en castigar a quien difunda esta información por las redes sociales, ya sea que lo reportado al final resulte cierto o falso.
Primero porque técnicamente no hay manera de rastrear todos los mensajes, detectar con precisión su origen y sancionar a todos los que compartan esa información con sus amigos o seguidores en las redes. Segundo porque la gran mayoría que hace circular esa información lo hace de buena fe, con el mejor ánimo de compartir datos que cree son útiles para sus contactos, ya sea un bloqueo, una balacera o una amenaza. Los gobiernos no pueden castigar a los ciudadanos por protegerse entre ellos.
En todo caso si lo que les importa es el interés público la prioridad debería ser evitar las condiciones que hacen creíbles esos rumores. ¿Por qué se difunde la existencia de una supuesta balacera? Pues porque ha ocurrido antes y los usuarios creen que es probable que se vuelva a presentar. La tarea del gobierno es darnos la seguridad de tal forma que sepamos que eso que nos están diciendo no puede estar ocurriendo.
Y en el caso -tristemente probable- de que no pueda garantizar esa condición, entonces debería constituirse como una fiable fuente de información. Si la gente encuentra en las autoridades las respuestas a sus inquietudes, entonces no andará buscando información en fuentes de dudoso origen.
Lo que necesitamos son más actores en las redes sociales, no menos. Y en la medida en que los gobiernos lo entiendan lo podrán asimilar. De lo contrario seguiràn en una guerra contra las redes sociales que tecnológica, cultural y políticamente desde ahora tienen perdida
Twitter.com/macamposc
viernes, agosto 19, 2011
¡Qué pase el desgraciado!
(Artículo publicado en la revista www.frente.com.mx)
¿Cuántos analistas políticos, críticos de medios o defensores de los derechos humanos verán telenovelas, seguirán la Rosa de Guadalupe o Cada quién su Santo y estarán atentos a lo que hace la “Señorita Laura”? Francamente me imagino que muy pocos. No veo a un Jesús Reyes Heroles o Jesús Silva Hérzog Márquez atentos a estos programas. Y para muchos es natural que así sea. Bajo la premisa de que se trata de productos de baja calidad los intelectuales y activistas suelen poner su atención en otros rubros: el debate político, la actuación de los actores públicos o asuntos globales que merezcan su atención.
Está muy bien. Cada quién puede ver lo que se le antoje. El problema es que cuando se excluye a esos espacios del análisis en realidad se está renunciando a discutir lo que están consumiendo millones de personas, y si la lógica de su trabajo es contribuir a la formación de una mejor sociedad, en la práctica se está dejando de lado a un sector que resulta estratégico. Pensemos, por ejemplo, qué resulta más influyente: el más reciente libro sobre la transición democrática o el contenido de la telenovela del momento. Quién pesa más: ¿los editorialistas de todos los diarios juntos o lo que se difunde en revistas del corte de TV Notas y TV Novelas? Creo que todos sabemos la respuesta.
Lo extraño es que aunque lo entendemos así no hay un ejercito de críticos de lo que pasa en los medios masivos de comunicación. Salvo honrosas excepciones – Alvaro Cueva sería una de ellas – poco se debate, por ejemplo, sobre los diálogos de las telenovelas y la reproducción que se hace de prejuicios desde esos espacios. Hace relativamente poco un personaje le gritaba a otro: “eres, siempre has sido y siempre serás, el hijo de una gata.” Expresión que antecedió por pocos días a una declaración del Secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, que declaró que las telenovelas también ayudaban a educar. Tiene razón, sólo que no necesariamente en el sentido correcto.
Por ello, por ejemplo, en muchas series la discapacidad sigue siendo una maldición. Si el personaje es bueno, al final de la novela habrá una operación milagrosa que le quitará el estigma de estar en una silla de ruedas, si se trata de un ser malo, naturalmente terminará invidente o sin poder caminar. ¿Cómo contribuye eso a una sociedad incluyente?
Y si bien es cierto que en muchas series a los personajes homosexuales se les asignan cada roles más importantes, en prácticamente cada programa de comedia se les sigue estereotipando y caricaturizando. Práctica que se repite con el machismo y el trato a las mujeres como si se tratara de objetos. Recuerdo todavía la respuesta de Jorge Arvizu, el Tata, a una mujer sobre la que se había servido comida japonesa mientras ella estaba acostada en traje de baño. Cuándo la mujer le dijo algo su respuesta fue: “tú cállate, las charolas no hablan.”
Por eso hay que ver el programa de Laura, ése tan trolleado en twitter en el que la semana pasada mostraron a un niño golpeado, lo exhibieron con nombre y cara, para después alzarle la camisa y que todos pudieran ver las heridas que había recibido a sus 4 años. ¿Y así se le ayuda, mostrándolo ante todo el mundo sin proteger su identidad como mandan los tratados internacionales y los principios de ética más elementales? Es absurdo denunciar el abuso de las víctimas, abusando nuevamente de ellas en aras del rating.
Pero de estos temas se hablan poco porque sus protagonistas no son políticos. Tal vez es hora de ampliar la mira. No porque debamos renunciar a lo que ya se ha ganado en la formación de audiencias críticas a la hora, por ejemplo, de ver un noticiero, pero ahora debemos mirar lo que pasa en otros espacios más influyentes por sus niveles de audiencia y que por lo tanto deberían tener más responsabilidad.
Como ya he apuntado antes en este espacio, esperar a que esos programas cambien por un acto de autocrítica es ingenuo y comodino. Si lo que se quiere es incidir de fondo en ellos hay que empezar a verlos y provocar el debate y la crítica entre las audiencias y con sus generadores, de tal forma que no sean territorios autónomos. Durante demasiado tiempo hemos ignorado la importancia de estos productos bajo la premisa de que no son dignos o de buena calidad,llegó la hora de ponerles atención.
lunes, agosto 15, 2011
¿Quién escucha a los indignados?
Las imágenes se repiten lo mismo en Chile, que en España, que -en mucho menor medida - en México: ciudadanos, más o menos organizados, salen a las calles, para plantarse en los Congresos y frente a los gobernantes para exigirles que les pongan atención. Se diría que es casi lo normal en toda democracia. Por principio los recursos nunca son suficientes para todos y lo habitual es que diversos grupos de presión hagan sentir su fuerza para ser escuchados. Sin embargo, hay algo de novedoso en este momento, que si bien tiene sus particularidades nacionales, presenta ciertos puntos comunes.
Se trata, por ejemplo, de nuevos actores y no de los mismos de siempre. Si los manifestantes fueran los sindicatos no sería de llamar la atención. Si al frente de los mismos estuviera un líder carismático, tampoco sería novedoso. No es el caso. Y finalmente, si bien estas protestas aprovechan la coyuntura electoral para aumentar su capital, en sentido estricto no se trata de actores que estén regidos bajo la lógica de los votos. Hablamos de tres características que hacen más difícil entender y encasillar a estos nuevos actores.
¿O quién podría decir que es el portador único de la agenda del movimiento del 15-M en España? Nadie. Y el mismo principio vale para el caso mexicano. ¿Cuántos votos valen – por ejemplo - Javier Sicilia o Emilio Alvarez Icaza, dos de las figuras más importantes del movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad? Yo diría que muchos porque hay un sector de la población que se ve reflejada en su discurso, y al mismo tiempo los únicos votos que pueden garantizar son los que ellos depositen en las urnas el próximo año, pues no tienen ninguna representatividad formal ni mucho menos formas de control corporativo como suelen prometer y comprometer los líderes tradicionales. Y esta es sólo una parte del fenómeno al que se suma el papel de las nuevas plataformas tecnológicas, piezas centrales para entender sus formas de diálogo y organización, mucho más descentralizadas, más parecidas a las “agrupaciones” de hackers que a los organigramas de una empresa.
Tal vez por eso, por lo novedoso del fenómeno, es que nos esté costando trabajo a todos entender qué está pasando. Los medios de comunicación – ya lo he comentado ampliamente en otros espacios – andan con la brújula chueca, acostumbrados a cubrir y valorar a los mismos actores de siempre, se ven fuera de foco a la hora de dimensionar el peso real de estos movimientos. A veces los ignoran, otras veces los sobredimensionan. En cualquier caso no terminan de saber qué hacer con ellos.
Torpeza que comparten muchos integrantes de la clase política que también desprecian a estos nuevos actores tan poco ortodoxos pero tan influyentes a la hora de articular a grupos de ciudadanos tan dispersos. Habrá quien diga que es lo normal, que las instituciones no suelen ser las más receptivas a las causas ciudadanas. Tristemente es cierto con demasiada frecuencia, sobre todo en países como el nuestro. Pero también hay límites. Y pareciera que nos estamos acercando a ellos peligrosamente. En Estados Unidos el Congreso tiene uno de los niveles de popularidad más bajo en su historia, en España es evidente la distancia entre los partidos políticos, el gobierno y el sentir de miles de personas que están saliendo a las calles un día así y otro también, y en México, pues en México aunque no parece algo masivo hay una sociedad civil emergente que está interactuando con sus políticos como hace mucho no lo hacía, ya sea por la bandera de ACTA, la reforma política o la ley de seguridad nacional.
Lo curioso – y aquí es donde me tendrán que llamar ingenuo, por decir lo menos – es que tengo la impresión de que la clase política mexicana está entiendo mejor el fenómeno que otros sistemas políticos. Todavía no sé si porque se nos da más la simulación y estamos en un típico caso de #atoleconeldedo o si en realidad hay una legítima preocupación por evitar un divorcio definitivo que por lo general suele terminar muy mal.
Las próximas semanas son claves para ver qué movimientos crecen y maduran, qué medios de comunicación son capaces de retratarlos y acompañarlos adecuadamente, y qué políticos tienen la habilidad para entender a esta ciudadanía emergente y se fortalece al hacer suyas sus banderas. No habrá que esperar mucho para conocer las respuestas.
viernes, agosto 05, 2011
Vivir la historia
(Artículo publicado en la revista www.frente.com.mx)
Uno sabe que algo está pasando cuando las notas de los principales diarios internacionales destacan en sus primeras planas la posibilidad de que la principal economía del mundo, la de los Estados Unidos, sea incapaz de cumplir sus compromisos financieros; las noticias desde España cuentan de ciudadanos organizados vía las redes sociales para evitar que familias enteras sean desalojadas de sus casas por no pagar a la banca; y desde Noruega, los reportes hablan de un hombre que mata decenas de personas y que dice que la masacre fue su estrategia de marketing (juro que eso dijo) para lograr captar la atención sobre su discurso de odio.
Tres historias de las últimas semanas que prueban que estamos viviendo la historia. Parece una obviedad. Casi uno podría pensar que basta con estar vivo para que le toque ser testigo de cambios que llegarán a los libros de texto. Lo cierto es que al menos en mi experiencia, las cosas no siempre son así. Dedicado desde hace poco más de cinco años a contar cada mañana las noticias, puedo reconocer que hay periodos – días, semanas, incluso meses – en que cada jornada parece una copia de la anterior. Qué podrían decir, por ejemplo, los habitantes de países como Egipto, que durante décadas tuvieron al mismo presidente en el poder hasta que un día en medio de una economía en declive y una sociedad indignada y conectada, nació un movimiento que en pocas semanas transformó la historia de su país.
Y lo mismo podríamos decir del mundo occidental que parece trepado a una ola de cambios, o mejor dicho, de incertidumbre. Apenas unas semanas, cuando los medios del planeta anunciaban la muerte de Osama Bin Laden, se escuchaba un coro que anunciaba la próxima reelección de Barack Obama en noviembre del 2012. no obstante, una encuesta de la empresa Gallup en el mes de julio mostraba que una hipotética contienda entre cualquier candidato Republicano frente al hoy Presidente, resultaba en un cambio de partido en el poder. La supuesta popularidad de Obama se esfumó.
Semanas antes los sondeos en Francia destacaban la figura emergente de Dominique Strauss Kahn -entonces director del Fondo Monetario Internacional – como una de las candidaturas más fuertes para llegar a la presidencia. Después estalló el escándalo de la presunta agresión sexual en el hotel Sofitel de Nueva York, y el hombre – al menos hasta ahora – salió de la escena y el maltratado presidente Sarkozy vio fortalecidas sus esperanzas de repetir en el cargo en las elecciones del próximo año.
¿Quién puede decir, por ejemplo, cuál será el destino final del movimiento de los llamados Indignados en España? Esos ciudadanos hartos que recorren todo el país para presionar al Congreso y la banca para sacar adelante su agenda de cambio? ¿O hasta dónde llegará en México el movimiento de Javier Sicilia que ya se ha convertido en interlocutor del gobierno, que se ha sentado a la mesa con legisladores y tiene entre sus metas sacar adelante reformas, entre ellas la política, que abriría un mayor juego para los ciudadanos?
Para algunos escépticos lo que pasa en México no es comparable con lo que ocurre en otras partes del mundo. Mi impresión es que si bien hay notables diferencias entre cada país, en realidad todos estamos subidos a la misma extraña rueda de la fortuna sin que nadie pueda decir con certeza cuál será el destino final. Y si bien esto puede ser aterrador – no es fácil ver a la superpotencia viviendo literalmente al límite de sus posibilidades económicas – no deja de ser fascinante el sentir que estamos viendo la historia, o mejor aún, que la podemos protagonizar en al menos alguna de sus dimensiones.
Porque una de las características de este tiempo es que lo sólido, lo institucional, lo que se asumía como duradero ya no lo es tanto, y en contraste, son los liderazgos emergentes, los movimientos sorpresivos, los giros inesperados los que marcan la ruta.
Entiendo que a veces parece que lo que pasó ayer no es distinto a lo de hoy o a lo que vendrá mañana pero si ponemos un poco más de atención veremos que estamos viviendo la Historia – así con mayúscula - que en unos años otros habrán de contar.
viernes, julio 29, 2011
Google+ vs tu mamá tuitera
Uno de los rasgos que distinguían y entusiasmaban en los primeros años de Internet era la existencia de sitios en los que el anonimato en el rey. Los usuarios podían ser unos en su vida habitual, mostrar un rostro con las personas que los rodeaban y ser otros por las noches al conectarse a la web en la que bien podían (y pueden) asumir una identidad diferente a la real. Ese principio permitió el auge de los chats, particularmente los de contenido sexual. El modelo fue tan exitoso que incluso dio vida a conceptos como Second Life, la gran plataforma para ser otro o incluso otros. Un espacio en el que cada usuario decidía cómo quería ser percibido “físicamente” por los demás: más alto, rubio, gordo, etc.
Y si bien puede parecernos demasiado extremo la idea de inventarse una personalidad alternativa, basta con pensar cuántos de nosotros no hemos abierto cuentas de twitter con nombres o avatares que muestran una imagen distinta a la que tenemos en realidad. Las cuentas “troll”, desde las que muchos dicen cosas que no podrían afirmar con su auténtica identidad, son otro ejemplo de esta posibilidad de ser otros que te ofrece con gran facilidad la red.
Lo interesante es que esta idea – que aún sigue vigente - ha cambiado de manera significativa desde la llegada de las redes sociales. Recuerdo hace poco a un joven que escribía: “mi mamá es mi amiga en Facebook y ya me sigue en Twitter... mi vida está oficialmente arruinada”. Y tenía razón porque si bien en twitter existe la opción de limitar el contacto con algunos usuarios autorizados, y en Facebook hay formas de crear grupos de "amigos" con diferentes niveles de acceso a tu información, en términos generales la idea de mundos aislados: ser uno con tus compañeros de trabajo y otro con tus amigos, uno con los compañeros de la escuela y otros con tu familia- en los hechos esa distinción se ha diluido notablemente. No sin generar ciertas quejas, por cierto.
Por eso parecería que para atender ese reclamo es que Google+, la red social de moda, parte de entrada de la idea de los círculos, término muy adecuado para describir esas esferas distintas en las que en la vida real nos movemos. ¿Pero es realmente una solución? En principio pudiera parecer que sí. A mi al menos no me interesa compartir - por mi y por los demás- las fotos de mis vacaciones con personas que recién conocí, como tampoco creo que todas mis actualizaciones de estatus sean del interés de mis jefes.Sin embargo creo que hay más de ilusión que de efectividad en esta propuesta. Porque si bien de entrada otorgan más control sobre el contenido que nosotros generamos y compartimos, no limita la actuación de los otros, con los que interactuamos, que bien pueden seguir haciendo lo que les plazca con sus propios espacios. De tal forma que quien quiera seguir tomándote fotos mientras bailas en la próxima boda el pepepe o el payaso de rodeo lo va a seguir haciendo.
Te seguirán "etiquetando" y es un hecho que cada vez habrá más programas de reconocimento de rostro que puedan identificar quién eres y dónde andabas, aunque tú trates de pasar desapercibido. Mientras cada persona tenga un celular con cámara en la mano, y tenga la cultura de compartir sus fotos, tu bajo perfil es más una aspiración que una realidad.
Google+ acierta al conectar con una creciente preocupación de los usuarios: la pérdida de control. Pero la realidad, hay que decirlo, es que el fenómeno que estamos viviendo es más cultural que tecnológico y en ese sentido es difícil que una sola plataforma lo pueda revertir.
www.twitter.com/mariocampos
jueves, julio 21, 2011
Torturados en horario triple A
Para algunos el debate está en si es una historia periodísticamente relevante o no. En ese caso los directivos de Milenio, Ciro Gómez Leyva y Carlos Marín, consideraron que sí. Que al mostrarlo en televisión ayudaban a que la población entendiera mejor lo que ocurre en el país. Desde su perspectiva – lo supongo, porque eso no lo dijeron pero suele ser el argumento de quienes transmiten este tipo de imágenes – cuando se tiene un video así hay que dejar que sea el auditorio el que lo juzgue y no que el medio censure cual si se fuera un tutor que decide qué debe ver el público.
Sin embargo, lo que muestran estudios en la materia es que muchas de esas premisas pueden ser atractivas como discurso porque parecen poner al público como adulto y al medio al servicio de la información, pero en los hechos operan exactamente al contrario. En primer lugar porque es falso que al ver una imagen así seamos capaces de procesarla racionalmente. ¿O quién puede mantener la cabeza fría mientras ve cómo matan a un hombre a martillazos?, ¿qué ser humano es capaz de ejercer la razón mientras escucha a otro decir “sácale un ojo”? Sólo leerlo es brutal, imaginen verlo.
La pregunta no es si debemos conocer el video o no, o al menos esa no debería ser la única que nos hagamos. Por ejemplo, ¿por qué había una cámara grabando? Porque una cosa es que un policía golpee a una persona y un ciudadano lo grabe - lo que haría del video una pieza testimonial de un abuso de autoridad- y otra que unas personas torturen a otra mientras otras intencionalmente lo graben todo.
Y la duda es: ¿para qué lo graban? Pues para que otros lo puedan ver. Se trata – como han explicado expertos como Mauricio Meschulam (@Maurimm) - de un acto de terrorismo. Un acto pensado para mandar mensajes y provocar terror, no a las víctimas directas de la agresión (los soldados torturados), sino a todas las personas que después verán el video. Y bajo esa lógica, ¿quién gana cuando un canal de televisión difunde ese material, así sea en bloques de 20 segundos? Fácil: los autores del crimen.
Resulta delicado, por ser mera especulación, hablar de la intención de quien lo hizo. Pero sí podemos hablar de los efectos que una noticia mostrada así – en imágenes, no en texto - puede tener en quien la ve. De entrada, puede servir para mostrar poder, exhibir al crimen organizado como una actor capaz de someter a las autoridades (representadas por las víctimas) y en ese sentido mandar un mensaje a toda la sociedad, mostrándose como si se tratara de un poder invencible. No lo es pero ésa es la señal que algunos pueden percibir.
Por otro lado, el caso puede ser empleado por quienes quieren producir sociedades atemorizadas e indignadas capaces de ceder en sus derechos con tal de detener a esos criminales, lo que en los hechos equivale a debilitar la causa de los derechos humanos. Dicho de otra forma, el estar expuesto a ese material justifica potenciales actos de brutalidad en represalia bajo la premisa de que ésos son los términos de la batalla.
No sabemos quién grabó y distribuyó esos actos, lo que les puedo afirmar es que muchos medios recibieron el material pero sólo fue Milenio quien decidió difundirlo. Es su derecho – más allá de que haya firmado el acuerdo sobre la cobertura de la violencia – decidir qué y cómo publica lo que considera noticia, pero con base en ese mismo documento es nuestra facultad como audiencias hacernos preguntas sobre si esa cobertura ayuda a la sociedad o en realidad termina sirviendo a los enemigos de la misma.
¡Ahí viene el cochinero! (Lecciones de News of the World)
(Artículo publicado en www.frente.com.mx)
Un escándalo sacude los medios europeos y a uno de los magnates más poderosos del mundo. Se trata de Rupert Murdoch – dueño de News Corporation- y del que fuera uno de los semanarios más exitosos del Reino Unido durante más de un siglo, News of The World, versión dominical del diario The Sun, con un tiraje de 2.8 millones de ejemplares. La causa del alboroto es dramática: los periodistas de ese tabloide, en una búsqueda de primicias y material sensacionalista que pudieran aprovechar, intervinieron las comunicaciones de cientos de personas, celebridades, políticos o ciudadanos ordinarios, que vieron vulnerada su privacidad.
La dimensión del revuelo fue tal que el semanario tuvo que cerrar sus puertas, una millonaria operación que esperaba hacer Murdoch para crecer su imperio mediático tuvo que ser cancelada y se han abierto procesos de investigación en Inglaterra y en Estados Unidos para castigar a los responsables y averiguar si no se cometieron prácticas similares en otras partes del mundo.
El caso parece muy lejos de nuestro país pero no lo es tanto y por eso tenemos que ponerle atención. Porque si bien en México – al menos que yo conozca – ningún medio ha sido acusado de realizar una práctica similar, sí hay una variable que se ha presentado de manera regular, y me refiero a a la difusión vía la prensa, la radio o la televisión, de materiales grabados ilegalmente. Le pasó hace algunos años a los hermanos de Carlos Salinas que fueron exhibidos en el noticiero estelar deTelevisa, le ocurrió lo mismo a Luis Tellez que fue intervenido en sus pláticas vía celular cuando era Secretario de Comunicaciones y Transportes, y le ha pasado a personajes de diversos partidos.
Habrá quien diga que gracias a esa práctica conocimos las célebres declaraciones de Mario Marín (ex gobernador de Puebla) y Kamel Nacif sobre Lydia Cacho, que por eso escuchamos a Fidel Herrera – entonces gobernador de Veracruz- dar línea sobre cómo debían operar en la elección estatal de 2010 para apoyar al candidato del PRI, y que gracias a ese tipo de materiales los ciudadanos nos hacemos de información que de otra forma permanecería oculta.
Es cierto, el problema es que cuando se abre esa puerta lo difícil es volver a cerrarla. Porque cuando nos fijamos sólo en el contenido y no en la forma en que es obtenido entonces perdemos perspectiva. Lo decíamos apenas la semana pasada con el video de la tortura a los soldados que fue exhibido por Milenio televisión. Ahora lo repetimos porque bien podemos apostar que en los próximos meses veremos desfilar muchos videos y audios obtenidos de forma irregular y cuando se presenten habrá que hacerse muchas preguntas.
Plantearse, por ejemplo, quién gana con su difusión, quiénes tienen la capacidad para obtenerlo, por qué en ese momento, por qué a través de ese medio de comunicación en particular. Hacer estas preguntas resulta anticlimático, en especial cuando el material está ya al alcance de todos y existe un intenso debate sobre sus implicaciones. Por eso vale la pena vacunarse desde ahora.
Lo que estará en juego en el país el próximo año es mucho. Para algunos la posibilidad de volver al poder que ejercieron durante más de siete décadas, para otros la oportunidad de retenerlo por segunda vez, mientras otros suspiran con llegar por vez primera a Los Pinos. Hablamos de proyectos de país pero también de presupuestos de miles de millones de pesos y la oportunidad de conducir una nación. Por eso la guerra será con todo.
Más vale que así como ahora ocurre en buena parte del mundo los mexicanos también nos empecemos a preguntar por la forma en que trabajan nuestros medios de comunicación y los instrumentos que tenemos – en internet o fuera de la red – para hacer escuchar nuestra voz. Ahí viene el cochinero. Estemos preparados.
Twitter.com/mariocampos
jueves, julio 07, 2011
#fuaaa o el riesgo de emborracharse en público
(Artículo publicado en www.frente.com.mx)
El Gran Hermano – con sus diferentes versiones – era una preocupación recurrente en diversos autores del Siglo XX. Inspirados, o mejor dicho, aterrorizados, por el poder de los sistemas totalitarios advertían sobre los riesgos de contar con Estados capaces de verlo todo. En sus distopias – utopías negativas - los escritores imaginaban pantallas vigilantes que supervisaban cada uno de nuestros actos y lo consignaban para ser juzgado por alguna autoridad. Por fortuna, en este momento del Siglo XXI son pocos los sistemas de gobierno que se acercan a esa pesadilla.
Sin embargo, algo de su temor se ha materializado en nuestros días. La diferencia, sin embargo, es que no se trata de un gran ojo vigilante guiado por un interés político, en su lugar lo que tenemos son miles, en realidad millones, de personas que están dispuestas a dejar constancia para que los demás lo vean, de lo que hacemos o dejamos de hacer. La idea del gran observador/juzgador se ha materializado en forma de teléfonos celulares y de redes sociales que a través de internet pueden compartir en pocos minutos los mismos materiales.
Lo vimos hace tiempo con el célebre protagonista de una detención en Sinaloa, que al verse en riesgo de ser trasladado en una patrulla sólo atinaba a decir: “tengo miedo”. El video tenía hasta unos días más de 13 millones 700 mil vistas. El doble de hits de la protagonista de “yo no choque, me chocaron”, que cuenta con la nada despreciable cantidad de 6 millones 362 mil vistas, todavía por encima del video del baile de la mamá de una cantante que entre sus diferentes versiones tiene más de 700 mil vistas de un asunto que se supone sería privado.
“Estrellas” de la pantalla youtubera a la que podría aspirar el “actor” de Fuaaaaa, otro hombre detenido que visiblemente borracho comparte su visión del universo ante las cámaras y que en pocos días se convirtió en trending topic en Twitter y que ya rebasaba las más de 98 mil vistas, con decenas de parodias y copias en internet.
Todos (o casi todos) los que usamos la red hemos visto y en más de una ocasión nos hemos reído con alguno de estos materiales. La razón por la que lo hacemos no requiere mayor explicación, el ridículo ajeno siempre nos ha entretenido y se podría señalar que no pasa nada cuando una persona se vuelve blanco de la burla de cientos de miles o de millones. Incluso hasta se podría destacar que en muchos de esos casos se les grabó en espacios públicos y que en ese sentido no se violaba su intimidad. Puede ser.
Pero también es cierto que lo que hoy nos parece especialmente simpático no lo sería tanto si alguno de nosotros – o alguien cercano - fuéramos los protagonistas de esas historias. ¿Quién no ha perdido el control en alguna fiesta? ¿quién con sus amigos o familiares no ha “perdido el estilo”'? ¿quién en algún momento de confianza no ha hecho cosas que no quisiera ver publicadas en youtube, twitter o facebook?
Parece una cosa menor pero no lo es tanto. Porque lo que está de fondo en esta discusión son dos variables fundamentales para entender lo que ha sido nuestra vida hasta ahora: por un lado, los límites entre la vida privada (en algunos casos incluso la vida íntima), la vida que está a los ojos de los que nos rodean y la que hacemos con la conciencia de que podemos ser observados por cualquiera.
Y si eso no fuera suficiente está en peligro de extinción la idea de que lo que se hace en la vida es efímero, tanto para bien como para mal, porque la realidad es que una vez que un material llega a internet es difícil que desaparezca, lo que ha provocado una serie de debates en varias partes del mundo sobre lo que ya se conoce como el derecho al olvido, la idea de que lo que uno hace en cierta etapa de su vida (o con cierto grado de alcohol en la sangre) no debe quedar registrado para siempre.
La reflexión parece absurda si se plantea como un asunto colectivo porque no hay indicios de que los celulares con cámara vayan a desaparecer o que la creciente cultura de grabarlo todo y compartirlo se revierta en el corto o mediano plazo, aunque no por ello deberíamos renunciar a preguntarnos si queremos vivir en un mundo así.
Por lo demás, lo que sí está al alcance de nuestras manos es tomar conciencia de la dimensión del fenómeno que hoy estamos viviendo y al menos tratar de controlar lo que sí está en nuestras manos.
miércoles, julio 06, 2011
Conferencia: cómo enfrentar y aprovechar el nuevo entorno de información
¿Cómo sobrevivir (y sacar provecho) en el mundo post wikileaks?
Vivimos tiempos extraños: el departamento de Estado de los Estados Unidos enfrenta una crisis global por la filtración de documentos que suponía estaban reservados, ciudadanos (des)organizados en twitter echan para atrás un impuesto a internet propuesto por el Gobierno Federal, empresas tienen que regresar a su viejo logotipo por el rechazo de sus fans a los cambios de imagen, y figuras públicas en todo el mundo - artistas o políticos - pierden sus cargos o su reputación por culpa de videos en línea que son difundidos por millones de usuarios conectados en red.
Y es en este nuevo ambiente en que funcionarios, políticos, empresas y organizaciones no gubernamentales tienen que aprender a comunicarse. Las amenazas están a la vista pero también las oportunidades para quienes sean capaces de reconocer que el mundo ya cambió, que las reglas del juego son otras y que las tenemos que aprender.
Objetivo
Proporcionar a los asistentes las herramientas que les permitan responder al nuevo entorno en el mundo de la comunicación.
Contenido
- Cómo era la relación entre los medios, las audiencias y las instituciones en los tiempos de la radio y la televisión
- Qué papel están jugado ahora sitios como facebook, youtube, twitter y wikileaks (en todas sus variantes) en la imagen de los actores públicos y privados
- Qué implican los cambios a lo que se entendía por vida pública y vida privada
- Cómo puede afectar lo que hace un solo colaborador a la imagen de toda una institución
- Qué nuevos retos enfrentan las áreas de comunicación y relaciones públicas
- Qué significa vivir en un mundo interconectado, que se desarrolla en tiempo real y que guarda registro de todo
- Cómo hacer frente a las crisis en twitter
- Cómo cambian las relaciones de poder con las redes sociales y la capacidad de los usuarios de generar su propio contenido
- Cuáles son los nuevos ciclos de vida de la información
- Cómo sobrevivir en un entorno en el que los anónimos pueden dañar la reputación de una persona o una institución
- Qué tienen que hacer las instituciones y las personas para sacar provecho de este nuevo entorno
- Cómo construir relaciones de confianza.
Duración
Una hora y 45 minutos más 15 minutos para preguntas y respuestas.
domingo, julio 03, 2011
La sorpresa del 2012
¿Quién será el factor sorpresa en la elección del 2012? En el año 2000 la tradición de las últimas siete décadas marcaba que el siguiente mandatario sería aquél que fuera postulado por el dedo presidencial. Así había ocurrido desde la fundación del PRI (incluyendo sus denominaciones anteriores) y con esos antecedentes era casi un hecho que Francisco Labastida Ochoa sería el sucesor de Ernesto Zedillo. Más de uno apostó a que todo sería así hasta que hizo su aparición Vicente Fox. El pintoresco y carismático gobernador de Guanajuato que sin tener una larga carrera política construyó un movimiento transpartidista llamado Amigos de Fox que gradualmente logró lo que para muchos parecía imposible, convertirse primero en un rival serio y luego en un candidato ganador que terminó con las siete décadas de hegemonía priísta.
Seis años después la mayoría de las encuestas apuntaban a otro favorito, Andrés Manuel López Obrador, el tabasqueño ex alcalde de la Ciudad de México que construyó un movimiento nacional que lo llevó a estar muy por encima de su propio partido político, el PRD. López Obrador parecía invencible hasta que apareció un aspirante del PAN por el que nadie creía. Muy lejos del que era entonces el precandidato panista mejor evaluado en las encuestas, Santiago Creel, Felipe Calderón logró ocupar un lugar en el mapa, primero al obtener la candidatura de su partido -aun contra la voluntad presidencial- y después al convertirse no en el protagonista sino en el antagonista de la elección. Calderón como candidato no despertó nunca un gran entusiasmo a su alrededor pero sí logró convertirse en la opción que recibió a todo el voto antipejista. Más allá de las opiniones sobre el desarrollo de la elección del 2006, resulta difícil negar el papel central de quien hasta enero del año de la elección, no parecía un rival con posibilidades reales de ganar.
El recuento viene a cuento si pensamos en lo que puede ocurrir el próximo año. Hasta ahora esa elección, y su eventual resultado, tiene nombre y apellido, Enrique Peña Nieto, goberndor del Estado de México. En todas las encuestas aparece muy bien colocado y no hay nadie que hoy ponga en riesgo su elección. Pero falta un año y la pregunta es si en este tiempo no surgirá nadie que le ponga sabor a la disputa por Los Pinos. ¿No habrá ningún aspirante interesante que sacuda esa batalla?
Los candidatos naturales son varios: el mismo Andrés Manuel López Obrador que desde la contienda pasada no ha dejado de hacer campaña, el ahora Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard que puede captar parte del voto panista o antipriísta si el aspirante del PAN no levanta, o incluso alguien de las filas del propio Acción Nacional, en especial alguien como Josefina Vázquez Mota que convertiría la contienda en una batalla entre el regreso del PRI al poder o el arribo de la primera mujer a la Presidencia de la República, escenario que podría ser interesante al poner la variable de género sobre la variable partidista.
Me encantaría decir que el factor sorpresa podría venir desde la sociedad civil pero el bloqueo del PRI a las candidaturas ciudadanas hace imposible ese escenario salvo que algún partido pusiera su membrete al servicio de una figura emergente, lo que hoy se ve muy poco probable bajo la premisa de que unos ya tienen muchos precandidatos y otros -como el Partido Verde o el PT- simplemente se sumarán a las candidaturas de otros partidos.
En fin, que para algunos la sucesión presidencial ya está resuelta. Puede ser pero la historia muestra que en política cuando alguin dice que no hay cambios posibles por lo general está aplicando una estrategia o expresando un deseo. Vamos a ver si en los meses por venir nos encontramos con alguna sorpresa.
Twitter.com/mariocampos
jueves, junio 09, 2011
¡Tira tu celular! (Sobre el pesimismo tecnológico)
El pesimismo se está apoderando del mundo de la tecnología. Al menos eso parece al mirar la sección de libros sobre estos temas en Barnes and Noble, una de las dos cadenas de librerías más importantes en Estados Unidos, y que muestra títulos como "The Shallows" (los Superficiales), "The filer Buble. What internet is hiding from you" (La Burbuja que filtra, lo que internet te está escondiendo), "The Digital pandemic. Reestablishing the face to face contact in the electronic age" (la pandemia digital, reestableciendo el contacto cara a cara en la era electrónica), y "Alone together. Why we expect more from tecnology and less from each other". (Juntos pero solos. Por qué esperamos más de la tecnología y menos de los otros)
Títulos que apuntan a diversos efectos negativos de la tecnología en nuestras vidas, en especial entre los jóvenes que pasan más tiempo informándose, divirtiéndose y conviviendo con otros en el mundo digital. ¿Y cuáles son esos males de los que nos advierten? Por un lado, por la creciente personalización de los mensajes que recibimos, ya sean publicitarios o informativos, de tal forma -dicen estos críticos- que en poco tiempo el universo conocido por una persona será muy distinto al que experimenta aquél que vive a su lado.
Fenómeno que se agrava por el hecho de que internet tiene una serie de filtros - ya sea que se trate de google o youtube- que hace que ciertos contenidos sean destacados sobre otros lo que implica el riesgo de que aquello que consideremos la "realidad" sea en los hechos el resultado de unos criterios, generalmente diseñados por valores económicos, de los que no somos conscientes.
Por si fuera poco diversos autores apuntan hacia los costos que tienen en nuestras vidas el que buena parte de nuestras relaciones sean virtuales, incluso cuando estamos rodeados físicamente de otras personas. Seguramente quienes leen este texto han recibido alguna crítica por pasar tanto tiempo pendiente de sus amigos en Facebook o en twitter, con el sacrificio que eso ha implicado en el mundo real.
Y finalmente están aquellos textos que reflejan una preocupación por la pérdida de la capacidad de reflexión y concentración derivada del uso de estas tecnologías y de quienes sienten que el boom de la autoexpresión y de los contenidos elaborados por personas “normales” terminará por demeritar el contenido producido por profesionales.
Los campos de atención son muchos y variados. La pregunta es: ¿Hasta dónde todas estas expresiones no son meras resistencias al cambio? ¿En qué medida todos estos textos no están reeditando las preocupaciones mostradas luego de la invención del cine, la radio, la televisión o cualquier otro producto que transformó a las sociedades? ¿Y en qué sentido - y esta me parece la pregunta central- algunos de estos autores no nos están dando material real para la discusión? Valdría la pena escuchar lo que tienen que decir y descubrir de todo el conjunto de críticas, cuáles son aquellas a las que deberíamos de estar poniéndoles atención.
jueves, mayo 12, 2011
Ninel, Barack Osama y el 2012
(Artículo publicado en la revista www.frente.com.mx)
Ninel Conde, actriz y cantante mexicana, es una celebridad en internet. Lo es por sus casi 160 mil seguidores en twitter y por haber sido la protagonista de una de las recientes olas de bulliyng twittero luego de haber dado el pésame al pueblo de los Estados Unidos por la muerte de su presidente Barack Osama. O al menos eso creyeron los miles de usuarios y periodistas que comentaron y difundieron el tema convirtiéndolo incluso en trending topic por algunos momentos. La historia podría pasar al anecdotario desafortunado de algunas figuras públicas como Paulina Rubio o Dulce María de no ser porque es falsa.
Al menos así se desprende de la imagen que dio la vuelta por todos los medios y que con una mirada fina muestra una imagen alterada, con cambios en la tipografía, con efecto en bold, ligeramente más grande que los otros mensajes y con una edición de la línea que separa cada uno de los textos.
El punto parece irrelevante pero no lo es porque muestra lo manipulable que resulta la plataforma y a veces los propios usuarios.
La plataforma porque bajo la premisa de que “sí lo dijo pero lo borró” hace posible cualquier historia siempre y cuando se ajuste a la imagen que se tiene del emisor. Con los antecedentes de la declaración del “surimi” en Indonesia – también negado – y las historias de otros y otras artistas, buena parte de la banda tuitera ni siquiera se tomó unos segundos para verificar la información. La lógica parece ser que si algo es creíble, entonces debe ser verdad.
Y es un asunto importante, por un lado, porque confirma el efecto halo, ese que atribuye a una persona una serie de atributos en función de una experiencia o contacto así sea parcial. Es decir, si una persona es responsable en el trabajo asumimos que es buen pagador si le prestamos dinero aunque una cosa no tenga relación con la otra. Lo que en este caso confirma el prejuicio de que si se trata de una artista entonces es probable que diga una tontería, cómo muestran muchos de los comentarios en twitter y post sobre el tema.
Pero también es relevante porque hace evidente lo fácil que es manipular a la red social, de la que por lo general se suelen destacar sus atributos pero que también tiene un lado oscuro.
¿Cuántos actores políticos no habrán tomado nota de este comportamiento a la hora de planear sus estrategias de campaña hacia el 2012? ¿cuantos rumores no podrán ser sembrados en contra de los aspirantes a la presidencia bajo la premisa de que lo importante no es que sea necesariamente cierto sino que lo parezca?
El marco electoral en México ha definido que las campañas negativas no tendrán lugar en la radio y la televisión. Así que el cauce natural, como ya ha ocurrido en otros momentos y en otros países, será internet. Ahí se desarrollarán las acciones, por un lado, porque que incluye a treinta millones de mexicanos, muchos de los cuales serán electores activos en la próxima contienda pero también porque la experiencia muestra que lo que pasa en la web es retomado, casi de inmediato y muchas veces sin verificar, por los medios tradicionales lo que amplifica su alcance sin violar las leyes electorales.
Es por eso que se requiere de una audiencia mucho más critica, consciente no sólo de que será blanco de estrategias de rumor y guerra sucia – con efectos directos para la reputación de las personas afectadas – sino de su papel como distribuidor de esos mensajes. Lo han aplicado – y con éxito – los integrantes del crimen organizado que han generado campañas de desinformación para atemorizar a la población sobre supuestos toques de queda, lo han hecho en otro momento alimentando versiones de supuestas balaceras, y ahora – según los elementos a la vista – algunos usuarios han visto la oportunidad de generar movimientos modificando alguna cuenta, así sea sólo con fines de entretenimiento.
La historia queda para el registro de lo que pudo haber sido una de las mayores campañas creadas con una imagen modificada y como un antecedente de lo que habremos de ver en los meses por venir. Al tiempo.
Twitter.com/mariocampos
jueves, mayo 05, 2011
La política de la inmersión
El mundo del espectáculo experimenta una gran transformación. Hasta ahora, así lo cuenta Frank Rose en su nuevo libro The Art of Inmmersion, los creativos – cineastas, productores, publicistas, etc. - se preocupaban por generar contenidos con historias ya hechas de principio a fin, que los espectadores consumían de manera más o menos pasiva. Pero esta dinámica, con la que todos hemos crecido, está llegando a su fin. En su lugar lo que surge en todos lados es la cultura de la participación y la co-creación.
Lo vemos, por ejemplo, en Lost, la mítica serie de televisión que con todas sus ambigüedades y cabos sueltos convirtió a los televidentes en co-escritores que semana a semana (incluyendo al final de la serie) participaban imaginando teorías, proponiendo explicaciones, debatiendo dentro y fuera de la red sobre lo que pasaba en la misteriosa Isla. Pero también lo encontramos en los generadores de universos paralelos desde la gran pantalla. Lo mismo con los sitios como wikipedia dedicados a Star Wars que a Harry Potter, que en las campañas de mercadotecnia que apuestan por involucrar a los fans, antes, durante y después de cada película con la idea de extender la experiencia más allá de 120 minutos.
El cambio inició hace algunas décadas pero se está acelerando en los últimos meses. En espacios como Tvolución – el sitio de video en vivo y bajo demanda de Televisa – ahora los seguidores de las telenovelas pueden ver cómo se hacen los castings antes de las grabaciones, y los aficionados al futbol pueden ver en línea y en tiempo real el entrenamiento de su equipo favorito.
Las historias que estaban acotadas a un lugar y un espacio se expanden; la fantasía se mezcla con la realidad y lo que era una experiencia sólo visual o auditiva se vuelve de 360 grados. Personajes de series de ficción que tienen cuentas en twitter y dialogan con los fans; consumidores que se convierten en productores y organizan las campañas de sus marcas favoritas vía concursos en youtube; adictos a series de televisión condenadas a desaparecer que se organizan en Facebook y Twitter para reclamar a las cadenas y a los patrocinadores que hagan lo que tengan que hacer para mantener vivos a sus entrañables personajes.
El fenómeno está en todas las plataformas y en mayor o menor medida ya se vive en nuestro país. Y la gran pregunta es, ¿cómo cambiará esta nueva dinámica la manera en que entendemos las cosas hasta ahora en otros planos? ¿Podemos seguir pensando en la educación como un proceso que empieza y termina en el salón de clases o que a lo mucho invade un par de horas en forma de tarea en el hogar? ¿puede el activismo político – ambientalista, pro derechos humanos o partidista – seguir siendo igual cuando las herramientas de comunicación están viviendo esta transformación?
El hilo conductor de esta revolución es el cambio en la forma en que se cuentan las historias. Ya no más una sola voz – sea un cineasta, maestro o gobernante – que decida autoritariamente cuándo y cómo empieza y termina un relato. Hoy se trata de encontrar la fórmula para que los otros – los que conocíamos como consumidores – adquieran un rol protagónico. No todos abrirán un sitio para agrupar al resto de los fans ni se convertirán en voceros a través de youtube, pero hay que crear las condiciones para que aquél que quiera hacerlo encuentre las herramientas y sobre todo los mensajes adecuados para poderlos comunicar.
Veremos quién entiende el tamaño y el sentido del cambio y lo aplica en beneficio de la sociedad.